“El debate del rol algorítmico es fundamental en la reforma laboral” “El debate del rol algorítmico es fundamental en la reforma laboral”, sostiene Joan Cwaik, y advierte que “ningún algoritmo es neutral”. Para el especialista, la discusión excede lo estrictamente económico: “es quién termina pensando por nosotros si le damos tanto poder a las empresas”, plantea, al tiempo que llama a no caer en el “piloto automático” frente a una tecnología que ya interviene en la asignación de tareas, ingresos y oportunidades. "Se necesitan debates serios y poner los temas en la mesa, porque si no nos estamos convirtiendo en lo que yo denomino analfabetismo algorítmico", explicó Cwaik en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190).
No tengo tu cargo más formal, pero lo voy a improvisar. Sos un pensador de la tecnología y una persona profundamente involucrada con la tecnología y la innovación, ¿no?
Hace años que me dedico a investigar un poco el cruce entre tecnología, impacto económico, impacto social. Soy profesor de la Universidad de San Andrés en temas vinculados a tecnologías emergentes y escribo en diferentes medios de comunicación, incluyendo Diario Perfil. Este es uno de mis últimos lanzamientos, El algoritmo, ¿quién decide por nosotros?, cuya tesis principal es esto de ponernos a pensar que hoy en día hay una textura algorítmica que termina, de alguna forma, influenciando, incentivando o generando un cambio en la forma de pensar, de actuar, y que impacta en un montón de dimensiones. Es un libro, es un ensayo de no ficción que cubre diferentes dimensiones sociales y el impacto algorítmico que hoy en día empiezan a tener y a poseer.
El tema del día es la reforma laboral y la misma ni siquiera toca ciertos temas, entre ellos, por ejemplo, la irrupción de la inteligencia artificial, la automatización, la digitalización de los empleos, la robótica. ¿Cómo entendés vos que van a entrar en juego los algoritmos en el nuevo panorama laboral global?
A ver, hoy en día sabemos que una gran parte de la Argentina está frenada, está parada. Sin embargo, los algoritmos siguen corriendo constantemente y siguen influenciando un montón de mecánicas laborales. Ya la designación de sindicatos versus empresarios es una asignación muy del siglo XX, con problemas del siglo XXI, de alguna forma. O, por ejemplo, cuando empezamos en esta regulación de la figura del repartidor independiente, estamos conversando acerca de cuál es el sistema, cuál es el algoritmo, el conjunto de algoritmos que premian o recompensan económicamente, o que castigan, o que de alguna forma empiezan a generar toda una arquitectura para que ellos puedan desempeñar su actividad profesional.
Personalmente creo que la Argentina tiene que generar una reforma laboral, creo que gran parte de nosotros entendemos que esto es cierto, pero no con las mismas reglas o los mismos instrumentos que el siglo XVIII o el siglo XIX. Entonces, me parece que es súper necesario debate del involucramiento algorítmico en los esquemas laborales del siglo XXI.
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Una gran mayoría de las personas usamos aplicaciones, usamos plataformas, y empiezan a impactar directamente en cómo empezamos a concebir la economía, en cómo empezamos con los precios dinámicos, por ejemplo, en cómo empezamos a concebir la verdad. Porque si nos informamos por redes sociales y por plataformas, de alguna forma esos algoritmos que ponderan qué video ves primero, qué video ves después o qué postura ideológica uno va a tener sobre la otra, empezamos a reconvertir lo que consideramos como verdad. Entonces, me parece que el debate del rol algorítmico y del rol de la economía del conocimiento en forma general en esta reforma laboral es fundamental.
Algunos profetas del futuro tecnológico, inclusive los que tienen que ver con Sam Altman, que es el fundador de OpenAI, que es la que hace ChatGPT, se está hablando de un mundo en el cual los algoritmos reemplacen mano de obra y no que suceda lo que planteaba Schumpeter con la destrucción creativa, que era: ok, destruyo una empresa que es menos eficiente, pero libero a la gente para hacer cosas más productivas, sino directamente que no va a haber suficiente trabajo para la gente. Entonces, que vas a decidir si trabajar o no, y que por otro lado eso obliga a generar algún tipo de ingreso universal, por ejemplo, para que vos puedas usar sistemas tecnológicos. Suena tan ajeno a la realidad argentina de hoy. ¿Qué reflexión tenés? ¿Es una utopía?
Hoy el mundo se divide entre agentes que buscan, de alguna forma, ser aceleracionistas, como Sam Altman, que dice: “No regulemos, déjenme innovar, déjenme mejorar la ciencia y pisemos el pedal a fondo”. La mitad de las inversiones de venture capital en Estados Unidos del año pasado fueron en proyectos de inteligencia artificial. Y después tenés gente que son más desaceleracionistas, que dicen: “Frenemos un poco, veamos cómo ordenarnos en esta realidad”. En estos días, Estados Unidos está implementando el primer plan nacional de alfabetización en inteligencia artificial.
¿Cómo estamos en Argentina vinculado a eso? Hubo avances, obviamente, con respecto a educación tecnológica, por supuesto. Hubo muchas iniciativas a lo largo de los últimos gobiernos. Pero, ¿cuán avanzados estamos en ese sentido? Respecto al ingreso básico universal, Sam Altman también estuvo involucrado en este famoso proyecto Worldcoin, la compañía que está detrás se llama Tools for Humanity, que de alguna forma una de las premisas cuando uno lee la historia de Worldcoin es esto de obtener un ingreso básico universal por este recambio masivo producto de la inteligencia artificial.
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Yo soy, de alguna forma, un poco más optimista. Estoy más alejado del pensamiento quizás de Yuval Harari o de Byung-Chul Han sobre esta destrucción que producen los algoritmos. Creo que hay transiciones que hoy en día estamos teniendo al respecto. Creo que, obviamente, un montón de trabajos se están modificando. Hablo en carne propia: a mí mi trabajo se modificó drásticamente producto del uso de inteligencia artificial. Hoy en día quizás no podría tener los niveles de productividad que me exige el mercado, que me exigen los medios de comunicación con los cuales trabajo, sin este tipo de tecnología.
Además, los algoritmos, que antes estaban muy prefijados a pantallas, cada vez más pasan a máquinas. Hemos visto cómo ya se lanzaron los primeros robots humanoides comerciales a 20.000 dólares o a una suscripción de 500 dólares por mes. Entonces, el algoritmo empieza a tener corporalidad, empieza a tener cuerpo. Sin lugar a dudas estamos viendo una gran reforma laboral producto de la inteligencia artificial. Hemos visto también grandes casos de empresas argentinas, unicornios argentinos, donde vemos aparentes despidos producto de la inteligencia artificial. Ahora, no se ve el otro lado de cuánta gente contratan en ese mismo período, pero aparentes despidos producto de eso.
Entonces, sin lugar a dudas, el sistema político tiene que empezar a observar esto, tiene que empezar a discutirlo. La legislación es fundamental. El Presidente dijo explícitamente en Davos que no quiere regular la inteligencia artificial. Ahora, si uno quiere atraer inversiones serias a un país para fomentar la economía del conocimiento, tiene que tener cierta previsibilidad jurídica, que es lo que hoy en día exigimos los que trabajamos en el sector. No regular no significa que no haya previsibilidad jurídica.
Vemos en Europa cómo la sobrerregulación espanta compañías. Vemos cómo Estados Unidos regula y va viendo cómo actúa. Vemos a Argentina imitando a Europa en muchos casos, pero esta postura de no querer regular también espanta y no otorga previsibilidad jurídica en un entorno donde las tecnologías emergentes cambian a ritmos exponenciales.
Entonces, mi análisis es, en primer lugar, un mercado laboral que está modificándose drásticamente. Siento que este 2026 estamos viendo como un segundo nacimiento de la vía generativa. Veo una reforma laboral producto de este tipo de tecnología. Veo una necesidad de discusión política seria para asegurar previsibilidad respecto a las condiciones con las cuales vamos a operar en relación a los algoritmos que nos rodean.
Y veo muchísimas mecánicas sociales y cambios sociales que hoy se están produciendo producto de la influencia algorítmica: cambios en los medios de comunicación, cambios en cómo comprendemos la economía, cambios en cómo comprendemos lo que es la verdad, cambios en cómo nos vinculamos, cómo nos enamoramos y cómo entendemos la productividad, volviendo al mercado laboral y a la reforma laboral que hoy se discute. Hoy hay una exigencia de productividad producto de las herramientas que tenemos que, sin eso, no existiría.
¿Y qué visión tenés desde el sector con la gente con la que te relacionás sobre este discurso del Presidente y que supuestamente iba a ser ejecutado por Reidel, en el cual Argentina se va a convertir en una potencia de IA a través de la instalación masiva de servidores en la Patagonia, debido a las temperaturas que permiten enfriar sin tanto gasto energético y a la energía nuclear?
Decimos esto en un contexto en el que el Presidente en Davos habla de no regular y luego saca un supuesto paper junto con Reidel que reformula la teoría económica diciendo que “no regular genera más innovación”, y después un anuncio de una inversión de 25.000 millones de dólares en la Argentina por parte de OpenAI para desarrollar data centers. ¿Dónde ves esos discursos disonantes y el punto real donde estamos hoy?
Varias cosas. Primero, me parece muy simplista esto de que no regular genera más innovación. Es una visión extremadamente simplista. En segundo lugar, el teórico anuncio de 25.000 millones de dólares para crear servidores es real, es concreto, pero se haría por fases, no es algo que viene de un momento para el otro. En otros países donde sucedió fueron procesos que tardaron tres, cuatro, cinco, seis u ocho años. Ahora, no sé si necesariamente eso se traduce en mayor soberanía y mayor empleabilidad.
¿Cuál es la soberanía tecnológica que queremos tener? Los algoritmos no son neutrales. Cuando el año pasado salió todo el tema de Deep Sea, que este modelo de modelo de lenguaje de origen chino, se habló mucho en los medios de todos los sesgos que tenía.
Ahora, un modelo de lenguaje creado en Silicon Valley, ¿no tiene una cantidad de sesgos por ser, de alguna forma, producto de una compañía occidental? Entonces, ningún algoritmo es neutral al respecto. Entonces, me parece que eso es algo fundamental que tenemos que tener en claro. Y ahora, con respecto a la inversión en la Argentina, de parte de Open AI, no creo que eso se traduzca en empleabilidad. Cuando empezamos a ver casos como en África, donde esto de alguna forma también se gestó, la cantidad de gente que operaba esa cantidad de servidores era muy, muy pequeña. Entonces, eso no significa literalmente más empleo.
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En segundo lugar, creo que es fundamental el concepto académico es soberanía cognitiva. Es quién termina pensando por nosotros si le damos tanto poder o tanto control a las empresas para que, que hoy en día, de alguna forma, puedan controlar la información que hoy en día nos rodea. Hoy confiamos en exceso en la tecnología. El mayor caso de uso del chat GPT a nivel mundial hoy, entre el 25 y el 30%, es acompañamiento terapéutico y acompañamiento psicológico. Esos hoy en día son datos y estadísticas reales. Ahora, ¿quién termina teniendo control de cómo tomamos decisiones?
Y acá un poco la bajada del libro: ¿quién termina decidiendo por nosotros? Porque ya no es solamente qué serie o qué película voy a observar. Es el repartidor independiente: qué pedido se le va a asignar. Es el repartidor independiente: con cuántos castigos de parte del usuario va a quedar fuera del sistema.
Es en materia educativa, en cómo filtro yo la información. Es en materia de medios de comunicación, cómo yo puedo generar una curaduría de entender lo que hoy en día estoy observando; hoy un medio de comunicación puede hacer feeds personalizados para cada interés de cada una de las personas, con una barrera de entrada, con una barrera técnica muy baja.
Ahora, el rol de los medios y los que nos dedicamos a la comunicación, sigue siendo informar de forma criteriosa.Yo no soy alarmista ni soy pesimista con respecto a estos avances, pero creo que necesitamos un debate serio al respecto de esto y en cada una de las aristas que hoy en día hablamos en esta pequeña conversación: política, economía, educación, la parte más social o la parte más cultural.
Creo que se necesitan debates serios y poner los temas en la mesa, porque si no nos estamos convirtiendo en lo que yo denomino analfabetismo algorítmico. Porque toda la gente que no sabe cómo operan estos sistemas o quién está por detrás o cómo poder rebelarme, de alguna forma, de esto, queda mucho más expuesta o mucho más vulnerable a que un algoritmo termine decidiendo por él, en un piloto automático.