La campaña presidencial en Brasil entra en su tramo decisivo con un escenario ajustado entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. A pocos días de la segunda vuelta, el último debate televisivo aparece como una oportunidad para que ambos candidatos refuercen sus posiciones y conquisten a los electores indecisos, en una elección en la que una diferencia de apenas uno o dos puntos podría definir el resultado.
En diálogo con Jorge Fontevecchia en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), el politólogo y analista político Leandro Gabiati evaluó el impacto que puede tener el debate de Globo, las estrategias de campaña de los dos candidatos y el peso de la comunicación en la recta final. Según explicó, Flávio Bolsonaro llega con un contexto más favorable para ganar, pero un error podría permitirle a Lula revertir el resultado.
Leandro Gabiati es un politólogo, doctor en Ciencias Políticas y analista político que reside en Brasil. Es reconocido por dirigir la consultora Dominium Consultora, una firma especializada en análisis político, relaciones entre los poderes ejecutivos y el Congreso brasileño, y asuntos gubernamentales.
Buenos días. Mañana es el último debate. ¿Hay posibilidades de que cambie algo en función del debate primero en la Band, el domingo pasado? Eso deja enseñanzas a cada uno de los candidatos que podrían cambiar en el debate de Globo mañana. ¿Qué expectativa tiene usted y qué cree que va a pasar?
Vamos por partes. Primero, es difícil imaginar que un debate pueda cambiar el destino de la elección. Sin embargo, cuando consideramos que esta elección está muy disputada y que la diferencia puede ser de pocos millones de votos, y acá, claro, somos 160 millones de electores, una diferencia de un millón de votos representa menos del 1%, lo que es relativamente poco para una elección en Brasil. Tuvimos un escenario similar en 2022, en la elección entre Jair Bolsonaro y Lula. Esta situación puede repetirse. Vamos al debate. El debate pasado, que fue un domingo a la noche, tuvo una buena audiencia, pero lógicamente no llega a toda la población. Lo que pasa mucho acá en Brasil, imagino que en Argentina también, es que las campañas hacen sus recortes de pocos segundos, de 15 o 20 segundos, y los divulgan al día siguiente en las redes sociales. Eso, de hecho, tiene mucho más impacto que el debate en sí. Lógicamente, el debate de Globo, que será mañana a la noche, viernes, uno se imagina que tendrá más impacto y más audiencia que el debate de la Band del domingo. Lo que uno mira más es quién tiene un mejor desempeño, pero, principalmente, quién erra menos, quién se equivoca menos en esta discusión. Algunos elementos del debate pasado, el del domingo, fueron que este fue, inclusive, el primer debate entre Lula y Flávio Bolsonaro, porque Lula, de forma estratégica, se negó a participar en la primera vuelta. Eran seis candidatos de centro, derecha y centroderecha contra él, el único de izquierda. Lógicamente, habría salido desgastado. Cambia la situación ahora: son solo Flávio y Lula, entonces tendremos un segundo debate presidencial. Lula tuvo algunas dificultades para comunicar. El domingo no fue claro en sus ideas, se puso nervioso en algunos momentos. Flávio dominó más el ambiente, fue más claro en la comunicación y, de alguna forma, acabó provocando a Lula. Si uno va por el lado de quién comunicó mejor y fue más eficiente, Flávio, de hecho, ganó el debate. Ahora, si vamos al lado objetivo, es decir, quién ganó más apoyo, principalmente entre los electores indecisos, que todavía hay bastantes, ninguno de los dos fue convincente. Lo que uno espera ahora es que las estrategias de cada uno mejoren a partir de los errores que hubo el domingo pasado y que, de alguna forma, ambos también se enfoquen y prioricen intentar atraer a ese elector indeciso, que es el que puede definir el resultado de la elección el domingo.
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Si lo escucho e interpreto sus palabras, imagina que ese millón de votos de diferencia, menos del 1%, podría estar a favor de Bolsonaro?
Mirá, los números de las encuestas revelan que sí. Flávio tuvo una diferencia de dos millones de votos en la primera vuelta y uno se imagina que, de los nueve millones de votos que hubo en los candidatos de centro, derecha y centroderecha, Flávio tendría mínimamente la mitad, aproximadamente tres o cuatro millones, o tal vez un poco más. Solo que hay una cuestión. Flávio estuvo más expuesto estas últimas semanas después de la primera vuelta. Entonces, esa exposición puede hacer que, digo, no es fácil que pase, pero puede hacer que tal vez electores que lo apoyaron en la primera vuelta lo conozcan más y empiecen a dudar más. Puede ser que se abstengan, que voten en blanco o nulo, o inclusive que cambien su voto a favor de Lula. Insisto, esta posibilidad parece menor, pero, cuando tenemos una elección tan dinámica, en la que varios electores o muchos de esos indecisos definen su voto pocas horas antes de la elección, las encuestas están dando uno o dos puntos de diferencia. Sin embargo, como vimos, por ejemplo, en la primera vuelta, el día 4 de octubre, hubo un movimiento entre viernes, sábado y domingo de lo que se llama voto útil, es decir, electores de los otros candidatos de derecha y centroderecha que emigraron hacia Flávio, por entender que sería quien disputaría definitivamente la segunda vuelta. Entonces, hay algunos movimientos que podemos tener entre viernes, principalmente sábado, que tal vez las encuestas no detecten y que pueden sorprender. El resumen es: Flávio tiene un ambiente y un contexto más positivo para ganar la elección, pero no se puede equivocar. Si se equivoca, tal vez Lula dé vuelta el resultado.
¿Y las medidas que fueron tomando? Por ejemplo, pasar del 6 por 1 al 5 por 2, en ese 20% de personas que trabajaban seis días por semana en lugar de cinco, y las decisiones, el aumento del monto de Bolsa Familia, las decisiones que fue tomando Lula, podríamos decir, proselitistas. ¿Logran revertir esa situación?
Mirá, hubo un movimiento muy claro después de la primera vuelta. Te lo comento rápidamente. Flávio entró en un clima de exitismo, vamos a decirlo así, y de creer que la elección ya estaba resuelta. Se dedicó mucho a iniciar la transición de gobierno, a negociar espacios de poder y a negociar apoyo político. Mientras él se dedicaba a esto en los gabinetes, Lula, después del golpe de la primera vuelta, se enfocó 100% en la campaña. Hubo movilización en las calles de la militancia de izquierda, una movilización muy impresionante y muy eficiente. En las redes, este aspecto viene siendo dominado por la derecha, tanto en las calles como en las redes, a lo largo de los últimos años en Brasil. La izquierda tuvo una reacción muy rápida en las calles y en las redes. Lula, al mismo tiempo, fue muy eficiente en usar la máquina pública a su favor. Medidas varias de gran atractivo popular que, de alguna forma, si vos las sumás al movimiento de internet, de las redes y al movimiento de las calles, le dieron un nuevo impulso a la campaña, y eso se refleja inclusive en las encuestas. Las medidas pueden ser cuestionables. El Gobierno está editando muchas medidas sin calcular el impacto fiscal que esas medidas pueden tener, pero, obviamente, cuando una reelección de Lula está en juego, al Gobierno no le interesa mucho esa cuestión más racional del gasto y del impacto fiscal. Están jugando al 100%, utilizando todos los recursos que la máquina pública les ofrece, y es así como Lula hoy, de alguna forma, disminuyó la brecha que tenía inicialmente y aún continúa siendo competitivo.
Leandro, una pregunta final. La kinestesia. Lula, una persona de 80 años; Flávio, casi la mitad de su edad. Durante el debate en la Band incluso se percibía el uso del cuerpo por parte de Flávio, casi acosador frente a una persona como Lula. La diferencia de tamaño y de edad, ¿cuánto de eso juega a favor y en contra? ¿Cuánto para Lula, que trata de mostrarse lo más jovial posible? La percepción de alguien de 80 años y que va por su cuarto mandato presidencial, ¿produce un efecto negativo y cuánto positivo?
Excelente, vamos por partes. Primero, Lula es Lula y, lógicamente, hay que respetarlo. Es alguien que viene disputando elecciones presidenciales acá en Brasil desde 1989. Pero cuando uno ve a Lula, como fue, por ejemplo, en el debate del domingo, percibe claramente que este Lula no es el Lula de años atrás y que la sagacidad que él tenía para discutir y debatir hoy no es la misma. Sin embargo, Flávio tiene que tener cuidado. Y aquí, cuando di algunas entrevistas después de ese debate del domingo, me acordé de algo que imagino que ustedes deben tener presente también: el debate entre Sergio Massa y Milei, en Argentina, en el que Massa ganó, pero tal vez abusó tanto del recurso de pegarle a Milei que el debate acabó teniendo como vencedor al presidente, justamente. Entonces, Flávio fue alertado de esa cuestión. En algunos momentos fue un poco irrespetuoso, inclusive hacia la figura del presidente, y esto no fue bien recibido por el electorado ni por la audiencia que estaba acompañando el debate. Esto fue detectado por especialistas en comunicación de la campaña de Flávio. Uno imagina que el senador, hijo de Jair Bolsonaro, tal vez mida un poco más esa posición, ese dominio del ambiente y esa, digo, hasta en algunos puntos, agresividad que tuvo en relación con Lula. Puede ser negativo si exagera.
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En síntesis, la moneda está en el aire, Leandro. ¿Puede salir una cosa o la otra?
Girando. Bueno, lamentablemente estamos acompañando elecciones acá en América Latina. Lo vimos en Perú, en Colombia y, obviamente, estas elecciones nos apasionan, lógicamente, porque son muy disputadas y es interesante no saber cuáles van a ser los resultados. Pero, lógicamente, esto también trae un poco de ansiedad. Uno a veces conversa con inversores, con empresarios, con la propia población de acá de Brasil, y hay, de hecho, una ansiedad muy grande, un desgaste muy grande. Está cansada un poco de tanta campaña, de tanta lucha entre candidatos. Entonces, me parece que está todo el mundo queriendo un poco que llegue el domingo y que se defina el destino político de Brasil.
Leandro Gaviati, muchísimas gracias. Le mandamos un saludo aquí de la Argentina.
Abrazo grande, Jorge. Buen jueves para todos.
LMM