La consultora y especialista en opinión pública Shila Vilker expuso su análisis sobre el desgaste de Javier Milei y explicó cómo se transformó el vínculo entre el presidente y parte de su electorado. En diálogo con Jorge Fontevecchia en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), señaló que el Gobierno perdió uno de sus principales atributos: la capacidad de presentarse como una alternativa diferente a la política tradicional.
Vilker sostuvo que una parte de quienes votaron a Milei comenzó a verlo como “más de lo mismo” y que esa pérdida de diferenciación impacta especialmente entre los jóvenes. Además, describió un escenario de malestar económico, pérdida de confianza y desencanto, aunque advirtió que todavía existe una fuerte dispersión opositora que dificulta que ese descontento se traduzca en una única alternativa electoral.
Shila Vilker es licenciada en Ciencias de la Comunicación y magíster en Cultura y Comunicación por la Universidad de Buenos Aires. Es jefa de Trabajos Prácticos en la Cátedra de Informática y Sociedad de la Carrera de Comunicación de la UBA y dirige el Área de Investigación de Comunicación y Opinión Pública de dicha carrera. También es docente en la Maestría de Criminología en la UCES desde el año 2012. Lidera la consultora Trespuntozero, donde coordina investigaciones de mercado y opinión pública para sectores públicos y privados en la Argentina y otros países de Latinoamérica.
Shila, muy buenos días. Jorge Fontevecchia, te saludo. Un gusto volver a hablar con vos. Un tema remanido, pero siempre tu mirada y tu análisis enriquecen los datos de la continua caída que muestran todas las medidoras de opinión pública que está teniendo el presidente, algunas acercándose a que pasa, queda por debajo del 30% de aprobación, que normalmente, como axioma, cuando un presidente baja del 30%, queda en condiciones de no ser electo o no ser competitivo para una reelección. Pero fundamentalmente, más allá de los datos, me interesa tu análisis.
¿Cómo andás, Jorge? Jorge, buen día. Bueno, a ver, nosotros nunca lo tuvimos por debajo de 30, sí lo tenemos a la baja. La última medición, que la terminamos ayer, tuvo un pequeño rebote. Esto significa que no siguió cayendo. Nuestros números lo ubican en torno a 32-34% de aprobación. Ese es el universo que acompaña, que todavía se convierte en voto y que, por supuesto, significa una situación compleja para el Gobierno, donde se alinean distintos eventos adversos. Digamos, donde lo que empezamos a ver es que la paciencia va encontrando un punto final, un punto de quiebre, donde vemos que hay, o sea, dos de cada diez argentinos que están en una situación de haberlo votado y de estar críticos. Con distintas gamas de criticidad, distintas gamas. Esto es importante señalarlo porque, cuando trabajamos en profundidad sobre ese segmento amplio, 20%, insisto, dos de cada diez, que en algún momento acompañó y hoy está en una posición más, tan ariscos, podríamos decir, tan rechazantes, bueno, lo que encontramos ahí es como son salidas realmente variopintas. Tienen los que dicen que no quieren ir a votar: “Al final son todos iguales. Esto es más de lo mismo. Se convirtió en casta. No voy, no veo nada en el horizonte”. Tienen los que dicen que, si mejora la economía, puedo volver a prestarles atención. Tienen los que dicen... ¿Y no hay algo parecido? O sea, miran en el mismo lado del tablero, entonces empiezan a mirar el universo PRO o el universo Villarruel. Creo que algo de esto te explica esto. El día de ayer, no dejar suelto ningún aliado, todos adentro, porque eso realmente no importa si es mucho o poco, es dañino. Después tenés los segmentos que te dicen que son permeables a outsiders y tenés los segmentos que finalmente miran minoritarios, minúsculos, al peronismo o a Bregman. No te digo a la izquierda, te digo a Bregman, porque hay que hacer esa diferenciación: no es un voto izquierda, es un voto lo que no estuvo todavía, algo de otro orden. Entonces, una postilla pequeña sobre segmentos minoritarios que miran al peronismo. ¿Son minoritarios? Sí. ¿Se mantienen del tablero mayoritariamente? Sí. Pero lo minoritario es muy importante en este contexto porque no te olvides que más se ha perdido la elección por algo marginal, dos puntos y medio. No, digamos, para llegar a 40. Entonces, estamos hablando de pequeños segmentos que la investigación en opinión pública llega a captar como zona, pero que no, es decir, una precisión hiperrefinada. Pero sabemos que esa migración micro, micro, chiquita, está. Pero bueno, estamos hablando de cosas micro, así que eso es un tema. Entonces, cuando vos mirás todo el panorama y analizás esta fragmentación que te estoy presentando de un modo más descriptivo, lo que te das cuenta es que esta dispersión, hoy por hoy, sigue siendo una actividad del Gobierno. ¿Se puede nuclear todo esto? ¿Se puede articular todo este malestar en una única figura de oposición? ¿Se puede nuclear? Bueno, no sabemos todavía. Tienen que pasar muchos capítulos de la escena electoral, pero hoy por hoy está toda esta dispersión. Debe ser algo que el Gobierno, más allá de los remordimientos que debe tener por su falta de sintonía hoy con la opinión pública, debe mirar con atención y debe estar estudiando con atención.
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Shila, no sé si existe una especie de axioma o de invariable o de cierto grado de repetición en que, después de que un político cae una cierta cantidad, hay un rebote, como en las dietas, porque a veces resulta difícil explicar el rebote anterior, cuando caía, caía y después mejoró. Recordás en el otoño, y por qué mejora. Y ahora también me pregunto: ¿qué motivo hay para que del mes pasado a este, cuando todo parece indicar que está peor, tenga, aunque sea, un leve rebote? ¿Es algo que sucede estadísticamente normalmente cuando se produce un efecto? Es un efecto de aceleración. Lo mismo pasa en economía. Cuando hay una sobrereacción en algo, luego hay una especie de regreso a encontrar su punto anterior, pero si uno tira la línea a promedio, lo que indica es una baja continua.
Sí, cuando lo mirás en la larga, el Gobierno está a la baja. Hay pequeños rebotes, por supuesto. La opinión pública, el instrumento te da zonas de márgenes de error, por eso yo te digo 32-34. Porque no sabemos si está en... Lo que sabemos es que la caída no se siguió pronunciando, que no está por debajo de 30, por lo menos en nuestras mediciones, que sí hay un fenómeno de reacción. Que cuando... A ver, que hay un segmento muy importante de la sociedad argentina que quiere que la cosa funcione. Y muchas veces, cuando vos ves que no... Hay un segmento importante de la población que no ve alternativa de recambio. Bueno, eso también empuja el, bueno, a ver si lo miramos con ojos un poco más positivos. Entonces, yo creo que acá hay algo de sobrereacción. Cuando aparece el clima totalmente adverso al Gobierno, el Gobierno siempre tiende a rebotar un poco. O sea, cuando domina el clima de opinión, ¿no? Cuando se dice de un momento determinado es hipernegativo, el Gobierno tiende ahí a recuperar un poquito. Pero bueno, la caída no es un problema. La carrera está en progreso. O sea, lo que sabemos por ahora es que hay una serie de errores autoinfligidos que, bueno, que creo que suman a la escena. Que hay algo de pérdida de sintonía, que fue el gran activo del Gobierno, la sintonía con la opinión pública. Yo creo que fue como el gran... O sea, el caracterizador de este Gobierno. Lo que lo llevó al poder y lo que lo hizo mantener el poder. Y esa sintonía hoy está... No está funcionando. Están fuera de sintonía. Y están fuera de sintonía en lo económico, en lo político, con declaraciones que son complejas. Digamos, no... Digo, como que hay problemas con la opinión pública cuando se presenta la idea de consumo récord, cuando hay una idea... Una idea muy, muy asentada de... O sea, retracción en el consumo. Sobre todo en el consumo, en los consumos más básicos, más esenciales. Entonces, hay un problema ahí de ecualización. Digamos, de ecualización, de sintonía. Yo sigo mirando el Gobierno con respeto. Lo veo un Gobierno que está a la baja, que está debilitado, pero que no está... Que puede dar... Que no está... Veo reacción rápida también. Las mesas de ayer con el PRO o el encuentro con los gobernadores del norte. Es decir, una política... O sea, el darse una política con los aliados lo veo como una reacción rápida, como un rasgo de pragmatismo. Y al mismo tiempo, todo esto se da sobre un sustrato de fuerte malestar social y económico que está y que no se puede negar. Y que... Y con un modelo económico que deja fuera o que complica a más de la mitad de las familias en el país, y eso no es viable, eso no es viable. Y creo que ahí no sé, no termino de ver si hay conciencia como para reorientar el timón.
Shila, a lo largo de los pronto tres años de Milei, fueron distintas las características que fueron valoradas como positivas o como negativas. Y hay dos que se recortan de todas, que es el economista y su plan económico, y otra, el comunicador y su forma de comunicar. Y a lo largo de estos casi tres años, distintas personas le criticaban distintas cosas. Algunos le criticaban los modos, las formas, los insultos, la poca propensión al consenso y, al revés, la propensión siempre a la división, al agonismo. Podríamos decir los republicanos, que podían estar de acuerdo con el alineamiento económico, pero en desacuerdo con las formas de ejercer la política. Y luego estaban las del economista, quienes estaban de acuerdo con el rumbo económico y quienes estaban en desacuerdo con el rumbo económico, es decir, por ejemplo, los que votaron a Sergio Massa. ¿Cuál de estos dos elementos es predominante hoy en ese malestar? ¿Y si es uno de los dos modificables? Sí, el que fuera es modificable de acá al año próximo.
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Cuando te escuchaba el tema caracterológico o rumbo económico, pensaba en un atributo que es la condición, a ver, que engloba a los dos, y que fue como el rasgo de este Gobierno. Yo diría, previo a esta disección que vos presentás, que es la posibilidad de ser diferente. La idea de encarnar el cambio. El cambio en lo económico, el cambio en la forma de ser, el cambio en la forma de ejercer el poder, en la caracterología del propio presidente. Y eso fue el gran activo que lo llevó al poder y lo que lo mantuvo como un rasgo diferenciador. O sea, no ser igual a los otros. Ahí yo creo que la caracterización de los otros como casta fue un gran acierto. Ese fenómeno que permitía al mismo tiempo lo que vos marcabas como los aspectos formales, los aspectos económicos, pero que era la condición sine qua non de esas dos formas disruptivas de ser. En lo económico, en las formas expresivas. Bueno, eso es lo que hoy el Gobierno tiene en una situación de mayor debilidad. Yo te diría que el Gobierno se volvió más de lo mismo. Que cayó en el problema de la mismidad, que es lo que lo mantuvo, o sea, la diferenciación fue lo que lo mantuvo vivo hasta determinado momento. De hecho, mirá, te voy a decir algo. En general, los que están en fuga, los que están más críticos, los que fueron adherentes y hoy están críticos, en general suelen elaborar posicionamientos críticos de carácter político y no económico. Entonces, ¿tienen un malestar económico? Es cierto. Pero lo que dicen es: “Se volvió casta”. Del mismo modo que, o sea, muy parecido a cómo habían elaborado su voto. Que no era alguien que baje la inflación. Era: “Tenemos que probar algo distinto”. Entonces, lo que vos ves ahí es que lo económico es un sustrato que está ahí, que persiste, que si estuviese bien, probablemente todas estas otras capas no emergerían, no tendrían lugar. No tienen lugar porque hay un malestar económico de fondo y porque lo que hay al frente para encarar ese malestar es un dirigente que se volvió parecido a lo que ocupa el lugar del rechazo. Y eso es un problema para lo económico y eso es un problema para lo caracterológico y eso es un problema para las formas de ser. Digamos, es algo que alcanza a toda esta escena.
Shila, en psicología, continuamente se considera el síntoma como algo económico. O sea, la persona explota por allí porque por allí cuesta menos que si explotara por el tema real. Se desplaza el problema real hacia otro que, en realidad, encubre, enmascara, el problema real. ¿Puede ser que esos votantes que dicen que, en realidad, se convirtió más de lo mismo en casta, en el fondo les moleste la economía, el resultado de la economía? Como estaban de acuerdo con el rumbo, ¿no se atreven a contradecirse con ellos mismos y terminan diciendo que es porque es casta? ¿Y cuántos de ustedes, en la interpretación de las encuestas, utilizan el inconsciente?
No, no trabajamos con el inconsciente. Está buena la... Está muy buena la pregunta. Tenemos un psicólogo en el equipo. No, en general, no trabajamos la opinión pública con... A partir del... No sé, con las herramientas del psicoanálisis. Pero es muy posible. Yo creo que el tema de la casta tiene que ver con la confianza, con la pérdida de confianza. O sea, perder diferenciación, volverse más de lo mismo. En definitiva, es volverse aquello que denunciabas. Que es algo que, bueno, que uno, cuando lo piensa desde la propia experiencia... La experiencia cotidiana logra... Logra darse cuenta de que muchas veces señala como crítico aquello que alguna vez le gustó de alguien que tuvo cerca.
Exacto.
Entonces, es muy posible que haya algo de eso. Hay también... Vos pensás que es difícil reconocer que uno votó algo y que ahora está un poco... En todo caso, el que cambia es el otro. Hay una máxima que a nosotros nos gusta seguir, que es, en general, cuando nosotros vemos los argumentos que la gente esgrime para defender su voto, bueno, no tienen que ver con las cosas que hacen al candidato, tiene que ver con ese punto de encuentro donde sus propias visiones del mundo entroncan con los candidatos. Entonces, hay algo en el voto que es muy personal, muy de las propias ideas, de los propios deseos, de las propias aspiraciones, más que de aquello que trae el candidato. Y que, en todo caso, uno puede decir: el candidato logra hacer emerger, logra desplegar, logra activar en el votante, pero es algo que nosotros, como ciudadanos, como votantes, lo precede al candidato.
Shila, muy interesante. Y quería hacerte una pregunta en ese sentido. Me encantó la mismidad y que el que cambia siempre es el otro para tratar de justificar y salvar, obviamente, la autoestima con uno mismo fundamentalmente. ¿Encontrás una diferencia entre esos dos de cada diez que antes eran a favor del Gobierno y hoy dejaron de serlo? ¿Alguna diferencia entre el nivel socialista, socioeconómico que permita predecir algo que se vio en la elección, por ejemplo, de la Ciudad de Buenos Aires el año pasado, de la gentrificación del votante de Milei, que antes tenía más votantes de las clases bajas y que hoy se parece más, o en la última votación se pareció más al PRO de las clases altas? Concretamente, ¿es posible que esos dos de cada diez, los de clase más baja, digan directamente “la economía”, y los de clase más media y alta les dé vergüenza decir “la economía” y digan “son los modos” o que es más castigado?
Mirá, más que clase, lo que está pasando es algo etario. O sea, la novedad en el último tiempo es la pérdida de adhesión al universo de los jóvenes.
Exactamente.
Que es donde se va acelerando. Vos pensá que en algún momento dos de cada tres jóvenes, incluso un poco más, me atrevería a decir, eran adherentes a Milei. Hoy esto es uno de cada tres. 37, digo, depende de la medición, pero 37, 39, 38. O sea, es el 30 y largo a favor. Un gobierno que tiene 30 y pocos, es decir, siguen siendo el núcleo mayoritario, pero más de la mitad de los jóvenes hoy están en contra. Y eso es una novedad de los últimos meses.
¿Y hay menor cantidad de recursos en los jóvenes que en los más grandes también?
Mirá, en los grupos de jóvenes que nosotros vemos es que, bueno, por supuesto, dos o tres cosas como para marcar. La primera es: los jóvenes ven a sus padres padecer, sobre todo jóvenes de sectores medios bajos o bajos integrados, que lo que dicen es: “Bueno, yo no estoy mejor y, sobre todo, veo a mis viejos sufrir”. O sea que ahí hay algo de esos mismos jóvenes que habían convencido a sus padres de que acompañen a Milei. Hoy sus entornos empiezan a ser un poco más críticos y, además, su dinámica familiar empieza a ser más difícil. Y eso incide en su posición. La otra es que, bueno, cuando vos hablás con los más grandes, los más grandes cuentan o tienen una narrativa de caída, digamos, del cada vez peor. Los jóvenes no, en general no, porque llegan a un mundo que ya tiene esas características. Entonces, no es lo mismo cómo narra un joven en el mercado de trabajo de cómo lo narra una persona de 40 o de 60 años. Unos ven el cuesta abajo y otros ven un estado de situación. Esto es así. Encuentran lo dado. Lo dado es su historia. Entonces, hay un segmento juvenil que tiende a naturalizar lo que para los grandes es caída, y eso es parte de la fortaleza del Gobierno. Y después hay un segmento de jóvenes que se están desencantando y que suman en ese desencanto el malestar que ven en sus entornos, en sus círculos, en sus familias, y que eso ayuda o moviliza al cambio de posición.
Clarísimo. Shila viste que mucho más allá de los números, tu análisis nos enriquece y lo valoramos mucho. Muchísimas, muchísimas gracias.
Bueno, gracias, Jorge. Un abrazo.
Un abrazo grande.
LMM/MSS