El sociólogo y economista brasileño Ricardo Lobato sostuvo que el declive del tradicional jogo bonito está directamente relacionado con las profundas transformaciones culturales y religiosas que atravesó Brasil en las últimas décadas. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), afirmó que "14 de los 26 jugadores son evangélicos", que "hoy los jugadores son muy adeptos de la teología de la prosperidad" y que "son mucho más técnicos que maleables. El sentido político del juego, se está empezando a perder".
Ricardo Lobato es un sociólogo, economista, actual CEO y analista jefe de Equilibrium Consultoría, una firma brasileña especializada en el análisis de riesgo político y geopolítica. Posee una maestría en Economía y una licenciatura en Ciencias Sociales por la Universidad de Brasilia. Se especializa en economía de defensa, perspectiva electoral y diseño de escenarios globales. Además, tuvo experiencia en el ámbito estatal: fue analista en el Ministerio de Defensa de Brasil y también oficial del Ejército.
Me gustaría compartir con nuestra audiencia el informe que nos hizo llegar recientemente respecto de la importancia creciente que tiene la merma del catolicismo clásico y el crecimiento de distintas formas de evangélicos en Brasil, y la relación que usted establece con el Mundial de Fútbol. Así que lo escuchamos con atención.
Sí. Lo que pasa es que nosotros vimos que los evangélicos neopentecostales —esto es un factor que ellos mismos hablan muy bien de esto— están cambiando el tejido social de Brasil. Cuando hacemos una comparación, en 1970 había una población total de 94 o 95 millones de brasileños y 5,2 por ciento de evangélicos. En 2002, 174 millones de brasileños y 15,4.

En 1970 no teníamos ningún evangélico neopentecostal en la selección nacional de Brasil. En 2002 ya teníamos tres. En 2010, casi 200 millones de brasileños, 190 millones, 22,2 por ciento de evangélicos. Y ahora tenemos 42,34 millones de población absoluta. En cinco jugadores eran evangélicos.
Lo que vemos es un aumento impresionante. En 2022 son una población de 213.500.000 y 26 por ciento de evangélicos. Estos son los datos de 2022, del último censo. Ya hay algunos datos que apuntan que 35 por ciento de la población de Brasil son evangélicos. Y tenemos el impresionante número de 14 de los 26 jugadores que son evangélicos. Esto cambia propiamente el estilo de jugar. Antes teníamos algo más sincrético, más moderno, algo que estaba mucho en sintonía con el mestizaje del pueblo de Brasil. Hoy es un poco diferente.
Hoy los jugadores son muy adeptos de la teología de la prosperidad. Son más como seres típicos, como que se llama "100 por ciento Jesús", y tienen padrones de comportamiento que no son los mismos de como que podemos pensar en Ronaldinho o Ronaldo, el Fenómeno, en el inicio de los años 2000. Hay un impacto directo en esto.
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¿Podría traducir ese impacto cultural en las formas, en el estilo? Obviamente, desde Argentina siempre se percibió a Brasil alegre y a nosotros, de hecho, con sufrimiento. Hay muchos analistas que plantean que los últimos partidos de nuestra selección eran tangueros porque siempre había sufrimiento. La idea de que Brasil era colorido y Argentina era gris u oscura. ¿Qué cambia esto respecto de esas características culturales expresadas, por ejemplo, desde la perspectiva de la Argentina, de que Brasil era un país alegre? El jogo bonito, no sé si sería trasladable.
Sí, exactamente. El jogo bonito. Debemos hablar un poco de historia. Vamos a volver al primer Mundial de Brasil, 1958. Debemos mirar qué se pasaba en el país. El inicio, propiamente, de la bossa nova. Teníamos un presidente modernista, Juscelino Kubitschek. Teníamos todos estos elementos que se traducían también en este mestizaje.
Cuando analizamos, por ejemplo, cuatro jugadores: el inicio de Pelé, el atleta negro, el símbolo máximo del país; Garrincha, el mestizo, hijo de un padre indio y de una madre negra con portugués; el capitán Bellini, italiano, la sangre europea; Isa Gallo, hijo de una tradicional familia del Nordeste que se había cambiado a Río. Entonces teníamos un poco de todo esto. Era un estilo de juego no solo propiamente alegre, sino que traducía perfectamente qué se pasaba en Brasil.
Y en la final, la historia conocida del mariscal de la victoria, Paulo Machado de Carvalho, que era el director de selecciones, cuando dijo que el manto de Nuestra Señora, cuando cambiamos nuestra camisa amarilla para jugar de azul, una vez que Suecia también tenía una camisa amarilla, él dijo: "No se preocupen, Nuestra Señora negra de Brasil, nuestra protectora, nos va a proteger". El resultado: 5-2.
El ambiente sincrético, que es propiamente la raíz de Brasil. Somos un país, como Argentina, profundamente católico en sus orígenes, pero con todos estos elementos indígenas; después, la migración, aunque forzada, de los negros de África, con todo el horrible proceso de esclavitud. Esto creó un tejido social que era propiamente moderno en este sentido. Brasil, después de la Segunda Guerra, quiere demostrar al mundo como un nuevo país, pero aún muy tradicional en estos elementos.
Lo que se percibe en la selección actual es que los jóvenes se quitan de Brasil muy temprano y no tienen más este elemento de identificación. Son, por un lado, muchos europeos. No hay más la samba, todo esto en los vestuarios. Llegan con sus telefonos a los estadios, en un acto individual, y con esto se pierde un poco toda esta matriz de la Canarinha, todo lo que hizo de Brasil, Brasil, entre 1958 y 2002, nuestra última victoria. Podemos hablar también de 2006 o 2010, cuando aún se tenían muchos elementos de este jogo bonito. Hoy nuestros jugadores son mucho más técnicos que maleables. El sentido político del juego, se está empezando a perder.
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¿Cuánto de esto mismo que modifica a la selección, con creo que 14 evangélicos sobre 26 jugadores, modifica también el voto brasileño? ¿Bolsonaro es resultado de eso?
Tenemos que ver que Bolsonaro siempre estuvo muy cerca de los evangélicos. Tienen, por costumbre, una mentalidad de voto más a la derecha. Y Bolsonaro hizo una alianza con algunas lideranzas neopentecostales desde muy temprano en su carrera política, en los años 90.
Lo que pasa es que en los días de hoy se tiene mucho esto, como que el retorno a algunos elementos en el discurso, como que el comunismo, el retorno del comunismo en Brasil. Entonces, todo lo que se queda a la izquierda es comunista, todo lo que es progresista es comunista. Y esto es un discurso que se ha hecho mucho. Se apropia de estos elementos.
Hay, naturalmente, muchas lideranzas evangélicas neopentecostales en Brasil que son de izquierda y combaten esto. Hay un diputado de Río de Janeiro que es un pastor neopentecostal del PSOL, uno de los partidos de izquierda, una de las voces neopentecostales más progresistas que tenemos. Pero, en la práctica, en general lo que se pasa es que son más involucrados a la derecha.
Tenemos, por ejemplo, la mujer de Bolsonaro, la señora Michelle Bolsonaro. Es una líder neopentecostal muy cerca de las grandes lideranzas pastorales y todo. Entonces, los elementos están involucrados en todos los sitios. Ahí mismo, y quien habla de esto son las lideranzas neopentecostales.
Tenemos en el Congreso Nacional la bancada evangélica, como se llama, y ellos mismos dicen que su gran objetivo es ocupar los espacios de poder, sea en el Congreso, sea en la nacionalidad, sea en el Congreso Nacional, sea en las finanzas del país. Entonces vemos que este cambiamiento social se expresa verdaderamente en un cambiamiento político y un cambiamiento de poder.
Así como usted hace una correlación entre el cambio sociocultural, el cambio religioso y, por momentos, hasta de corrientes migratorias, de la selección brasileña, lo que fue y lo que es hoy; al mismo tiempo, la Argentina hoy está pasando un momento donde sus selecciones ganan más que nunca. ¿Cómo se ve desde Brasil, podríamos hablar de una especie de "argentinización"? ¿Y a qué, a la distancia, ustedes atribuyen, con la misma lógica, esta cuestión sociocultural trasladada a la selección de fútbol?
Hay una broma acá en Brasil. Los más jóvenes, que no han visto la Copa del Mundo de 2002, dicen: "En el tiempo de mi abuelo teníamos Pelé y Garrincha; en el tiempo de mi papá teníamos Ronaldo y Ronaldinho; y ahora que soy yo a ver el fútbol, el mejor es un argentino". Entonces está esta broma, esta rivalidad, en buen sentido, cultural, que hay entre los dos países.
Lo que pasa también, naturalmente, es que debemos ver que el fútbol mutó. Pero, cuando se habla de la Scaloneta, desde la perspectiva de Brasil, es un juego muy técnico y que ha sabido utilizar algunos de los mismos momentos que ya tenían en 2010, cuando Maradona era el entrenador; también en 2014, cuando llegaron a la final en Río. Pero han involucrado todo esto para explotar lo mejor que tiene la selección de ustedes. Entonces hay este elemento de una rivalidad tradicional y, de parte de algunos, también una admiración por todo lo que se pasa.
RM