El crecimiento del crédito en la Argentina abrió una paradoja: un país históricamente subendeudado comenzó a ampliar el acceso al financiamiento, pero al mismo tiempo aumentaron con fuerza los incumplimientos. Para Martín Tetaz, el problema no está necesariamente en que haya más crédito, sino en que muchos hogares proyectaron ingresos que finalmente no llegaron. Sobre este escenario conversó con Jorge Fontevecchia en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190).
Tetaz explicó que detrás de la mora conviven realidades muy diferentes: desde trabajadores bancarizados con deudas de mayor volumen hasta personas que accedieron por primera vez a pequeños créditos a través de fintechs. En ese universo, advirtió sobre las consecuencias que puede tener quedar fuera del sistema financiero y planteó alternativas para recuperar a los deudores sin frenar el crecimiento del crédito.
Martín Tetaz es un economista egresado de la Universidad Nacional de La Plata con especialización en Economía del Comportamiento. Es profesor adjunto de Economía Política en la Universidad Nacional de La Plata e investigador en el Instituto de Integración Latinoamericana. Se desempeñó como diputado nacional por la ciudad de Buenos Aires entre 2021 y 2025, integrando el bloque de Juntos por el Cambio. Es autor de numerosos títulos orientados a explicar la economía de forma accesible. Su última publicación es el libro titulado "Comprá campeón. Así funciona la economía", donde aborda temas como la inflación, el dólar y las finanzas.
Martín, parece un prólogo hecho el de hace un ratito, ¿no? Porque uno de los temas que vos planteabas es que hay un aspecto positivo en esto: así como los aspectos positivos de una medicina tienen sus aspectos negativos, los aspectos negativos de una medicina tienen sus aspectos positivos. En el endeudamiento vos encontrás una señal de aumento del crédito.
No, es que me parece que hay una confusión entre dos cosas. Uno es un problema y el otro no; el otro es una virtud. De hecho, para ser más claros, Argentina es el país menos endeudado del mundo. Lo normal para comprarte una casa en cualquier país del mundo es que vas, sacás un crédito, te la comprás a 30 años, estás 30 años endeudado y es mejor eso que alquilar durante 30 años. Lo mismo cuando te comprás un auto: el único lugar donde vas con la bolsa de plata es en la Argentina; en cualquier otro país vas a una concesionaria y te ofrecen un programa financiero en cuotas, o vas a tu banco y te ofrecen cuotas para comprar un auto o los muebles de la casa.
Vamos a ponerlo con números: en Argentina el crédito creo que pasó del 3% al 12% del producto.
Pasó del 4% al 9% el crédito en pesos para familias, no en general.
De 4 a 9. Y en el caso de países como Estados Unidos es del 70%.
Sí, pero tomemos Uruguay, Chile —bueno, Chile ni hablar, ¿no?—, tomemos Perú o Colombia: 40 o 50 puntos del producto. O sea, para hablar de un nivel de endeudamiento normal tendríamos que estar hablando de que se multiplique por cuatro el crédito. Hay subendeudamiento, no sobreendeudamiento en Argentina.
En la Argentina solamente tienen crédito las personas que tienen mucha solvencia, por eso son tan poquitos.
No tanto, porque ahora justamente hay muchísimo acceso al microcrédito.
Era así, solamente tenía crédito la persona solvente. Uno supone que si el promedio de la región es 50% y nosotros estábamos en menos del 5%, había un enorme margen para que haya crédito a personas que lo puedan pagar.
Absolutamente.
Digo, pero si era tan poco el crédito, había un enorme porcentaje que se lo pudieron dar a mucha gente que era sujeto de crédito. ¿Por qué creció el crédito? Se multiplicó tres, creo, o por dos.
Un poquito más que por dos.
Y la mora se multiplicó a la enésima potencia. Ahí hay un problema.
Hay una parte del problema que tiene que ver con el volumen del crédito, pero hay otra parte —te diría el 80% del problema— que tiene que ver con que la gente proyectaba que iba a tener un ingreso a esta altura del campeonato que no lo tiene. Vos, parado en junio del año pasado, cuando había mucha demanda de crédito, la inflación venía bajando por un tobogán, tu salario se venía recuperando poquito, pero un puchito todos los meses recuperabas algo. Todos los meses vos te proyectabas hacia 12 meses adelante y te veías con un ingreso 5% o 6% superior en términos reales. Entonces decías: «¿Cómo no voy a tomar un crédito para pagar una cuota para cambiar el auto, para comprar una moto o un electrodoméstico? Lo voy a poder pagar». Lo que ocurrió es que se aceleró la inflación y los salarios se vieron afectados. Los ingresos no son lo que pensabas que iban a ser, y mucha gente que sacó un crédito pensando que le iba a sobrar para pagar la cuota se encontró con que no podía pagarla. Eso no tiene que ver con el volumen de crédito; tiene que ver con la caída de los ingresos, es decir, con la crisis que generó la aceleración de la inflación. Luego, cualitativamente, el otro gran tema del endeudamiento es que es una sola palabra para definir un mundo muy heterogéneo. Por ejemplo, las personas que tienen deudas en los bancos tienen en promedio 1,5 millones de pesos de deuda. Ese es un trabajador formal, puede mostrar sus ingresos, está bancarizado, etcétera. El que tiene una deuda con una fintech debe en promedio $188.000, y la fintech más conocida de todas tiene un promedio de $118.000 de deuda. O sea, hay muchísima gente que antes estaba excluida del crédito y que ahora tiene un microcrédito, un pequeño crédito.
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Ahí iba.
Ahí sí hay una parte del problema, porque muchas fintech que no tenían la trayectoria de la más conocida sabían cómo operaba el historial comercial. Por ejemplo, en la plataforma prima hermana que es el portal comercial, vos entrabas a buscar una heladera de dos puertas que valía un monto alto, mientras que otra persona entraba a buscar la de $500.000 sin freezer. El perfil de los clientes Mercado Libre ya lo tenía y, por lo tanto, Mercado Pago arranca con esa ventaja. Pero las otras fintech, tipo Ualá y demás, fueron construyendo el scoring de crédito prestándote. La estrategia de ellos fue, a propósito, prestarle poco a mucha gente sabiendo que había mucha de esa gente que no iba a pagar, porque era la manera de separar la paja del trigo y darse cuenta de quién era un deudor que podía pagar y quién era un deudor que, cuando se estresara un poco la economía, iba a entrar en problemas para pagar incluso un monto pequeño. Hoy la mora en las fintech es del 30%, pero el otro lado es que hay un 70% que, a pesar de las condiciones complejas de la economía y de las tasas que muchas veces son muy altas en una fintech, está pagando al día. Eso para una fintech es una mina de oro, y ahora se abre una etapa de mucha competencia donde los bancos comerciales van a tratar de captar a ese mismo cliente que hoy se lleva la fintech y que antes ni siquiera atendían. El banco, por razones tecnológicas, no puede poner a un oficial de cuentas a analizar tu carpeta para prestarte $80.000 o $100.000, no le da la cuenta. Pero si el banco empieza también a usar tecnologías como las plataformas fintech, los bancos comerciales te van a empezar a prestar también a la vuelta de la esquina: «No tenés ni que venir al banco, si tenés un ingreso demostrado te presto poco, empiezo a prestarte $50.000 o $100.000». Van a empezar a competir por captar a ese 70% que está pagando al día. La preocupación de todos, en todo caso, es qué hacemos con ese 30% que no puede pagar, que en el caso de las fintech es doblemente preocupante porque son créditos pequeños; no es un problema de magnitud grande como para decir «está quebrada la economía». Muchos son jóvenes de 18 a 25 o 30 años que tienen su primera experiencia de crédito. Hoy no pagan un crédito de $80.000, $100.000 o $150.000, y dentro de 5 años, cuando haya un montón de crédito hipotecario disponible y esa persona quiera independizarse o formar una pareja, va a ir a un banco a decir «voy a sacar un crédito para comprar un departamento»... Y le van a decir: «No, vos tenés un comportamiento... mirá, no pagaste hace 5 años una cuota de $80.000». Entonces esa persona se va a perder el acceso a la vivienda. Por eso tenemos que tratar de encontrarle una salida ordenada, es decir, eliminar el problema de la rabia sin matar al perro, porque si no es fácil: matás al perro, se acabó la rabia, pero también se acabó el perro. Nosotros no queremos que se acabe el crédito que es incipiente y que está empezando a crecer. Todas estas propuestas que ustedes comentaban que rompen contratos, que fijan tasas o que establecen quitas unilaterales son malas ideas, porque lo que hacen en realidad es restringir el crédito. Yo propuse hace poco que apareciera la figura de un garante. Supongamos que llegás al banco, tenés un problema para pagar, le pedís a un amigo que te salga de garante y te presentás con él. Te dicen: «Vos tenías que pagar una cuota de $100.000 porque no tenías garante; con el garante al lado te puedo bajar la cuota a $50.000, y si estiramos el plazo te la puedo poner en $35.000». $35.000 sí se pueden pagar; $100.000 por mes no podía, pero $35.000 puedo pagar haciendo un esfuerzo. Recuperás un montón de gente al sistema que además limpia su scoring de crédito, y más adelante, cuando las tasas sean mejores y las oportunidades de crédito más importantes, las va a poder aprovechar.
Coincido totalmente, Martín. Me gustaría simplemente, para ir al tema de fondo, cuando decís que los salarios bajaron: hoy la sociedad argentina tiene 20% de ABC1, 30% de C2 y 50% de todo lo demás. El punto es que la gran mayoría de esos 6 millones de personas que tomaron crédito y no cumplieron no son ni del ABC1 ni del C2; es decir, en realidad no se le prestó a las personas que normalmente tenían patrimonio.
Bueno, en las fintech tenés mucho sector que no estaba bancarizado, la persona que no tenía un ingreso en blanco y tenía cerrado el acceso al banco. Pero también tenés mucha gente que encuentra más fácil usar la fintech: si abrís tu plataforma te ofrecen un montón de plata. Hay gente que toma en distintos lugares: por ahí tiene una deuda X con el banco, una deuda con una fintech más chiquita... Ayer hablaba con una persona, porque además hay algunos problemas que sí se pueden arreglar fácil.
Pero la mayoría son microcréditos.
La mayoría son microcréditos, sí.
O sea que estamos hablando de que el crédito creció para personas de bajos ingresos. Es el crédito que demostraba —y voy a tu tesis— que el problema son los salarios. Son personas que en realidad tomaron crédito no para comprar una moto ni un auto, ni nada de eso. La gran mayoría son microcréditos...
Lo sabemos con precisión porque la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC tiene un módulo donde le preguntan a la gente concretamente por las estrategias del hogar: «¿Usted en los últimos 3 meses tuvo que pedirle plata prestada a algún familiar para llegar a fin de mes? ¿Tuvo que sacar un crédito en un banco, una financiera o una fintech para llegar a fin de mes? ¿Tuvo que usar la tarjeta de crédito o pedir fiado en un comercio para llegar a fin de mes?». Tenemos una muestra representativa y lo sabemos con precisión. ¿Qué dicen esos datos? La mayoría de la gente históricamente usó la tarjeta de crédito para llegar a fin de mes y ese porcentaje de hogares se mantiene igual, no creció. Lo que creció es el porcentaje de hogares que piden un crédito concretamente en una fintech o en un banco para llegar a fin de mes: era el 10% de los hogares y ahora es el 15% —en realidad es 14,8%, pero te lo digo para cerrar el número—. El 5% de los hogares que releva el INDEC en la EPH son 500.000 hogares, o sea, la magnitud de lo hogares que se endeudó para comer, y llamamemosle de esa manera en general, que se endeudó para llegar a fin de mes son 500.000 de hogares. Por supuesto tiene mucho que ver esto con el ingreso. 10 millones es el total que releva la EPH; el 5% son 500.000 hogares. Esa es la magnitud del problema del que no llega a fin de mes. Después tenés mucha gente que efectivamente se endeudó para comprar una moto —tuviste récord de venta de motos—, para comprar un auto —tuviste récord de venta de autos, aunque ahora cayó porque se cayó el crédito— o para comprar un electrodoméstico. También están los que se endeudaron para ver el Mundial, como en todos los mundiales. En el de 2022 no había tanto crédito, pero igual había gente con la posibilidad de sacar, porque endeudado no es solo el que va a un banco y pide una deuda: cuando comprás un electrodoméstico en 18 cuotas por una promoción de la tarjeta de crédito, estás tomando crédito. ¿Qué familia de clase media no está pagando hoy una heladera? Además está bien, es lo correcto: vos no pagás al contado algo que se va a amortizar en un período de tiempo, un bien durable.
Vamos a lo incorrecto. Parecen haber dos problemas centrales: uno, las bajas de los ingresos, algo absolutamente esperable, o sea que el plan económico no está dando el resultado esperado. La otra parte del problema del plan económico es que en determinado momento aumentaron las tasas enormemente para contener el pase al dólar; dos elementos que tienen que ver con las expectativas de paridad respecto del gobierno.
Sí, pero el impacto de las tasas solamente impactó a una línea de crédito de las que toman las familias: la línea de crédito hipotecario. Esencialmente vos tenías 5.000 altas de crédito hipotecario por mes el año pasado y ahora no llegás a 2.000, en el último mes tuviste 1.900; la suba de tasas mató al crédito hipotecario. Sin embargo, esa suba no se trasladó al crédito personal ni a la tarjeta, que son la enorme mayoría de los endeudados. No se trasladó a las líneas de crédito mayoritarias tomadas por las familias. Sí impactó en las empresas —y, por lo tanto, frenó la actividad— e impactó en el crédito hipotecario, pero el crédito hipotecario solo tiene un 1% de mora.
Las fintech cobraban lo suficientemente más como para que la tasa...
Lo que pasa con la fintech es que en el Código Penal tenés una definición muy clara de lo que es la usura: es cuando me aprovecho de tu condición para cobrarte más de lo que le cobraría a otra persona. Ahora, si en realidad no me estoy aprovechando de tu ignorancia ni de tu condición, sino que vos no tenés scoring de crédito, no es que te ofrezco tres cuotas de $100.000 para prestarte $200.000 aprovechándome de vos; es que en el sistema financiero formal no te prestan a menor tasa, y las otras fintech tampoco te prestan a menor tasa. Que el precio de una cosa sea alto no es usura. ¿Me comprendés lo que te quiero decir?
Está bien. Pero entonces vamos al problema de fondo: el crédito genuino, el que aumentaría de manera correcta, es a personas que se endeuden teniendo capacidad de pago. Si vemos que los que se endeudan no tienen capacidad de pago, evidentemente el problema es de otra naturaleza: hay personas que se endeudan y no deberían endeudarse.
Ahí llevaste el tema al problema de la profecía autocumplida: si tengo muchas dudas sobre tu capacidad de pagar y además tengo en la fintech antecedentes de tus demoras en los pagos —porque te fui prestando muy poca plata y fuiste construyendo un scoring de crédito—, se genera una paradoja. Si abrimos la plataforma ahora los dos, a vos te va a ofrecer una tasa y a mí una distinta, capaz porque me demoré en pagar un mes o pedí más. En el extremo, aquel que tuvo problemas y durante un mes no pagó pero después se puso al día, todavía no tiene el crédito cerrado, pero como es un perfil más riesgoso le cobran una tasa muy alta. Al cobrarle una tasa muy alta la cuota es más alta, y la posibilidad de que no pague es obviamente mayor. El sistema incluye un costo de tasa más alto por el riesgo de que no me pagues, pero esa tasa más alta probablemente sea la que genera que en muchos casos no te pueda pagar. Por eso tiene que haber más competencia y mejores scoring de crédito. Hay un proyecto de Maxi Ferraro, de la Coalición Cívica, que me parece excelente: propone la portabilidad, como en los celulares. ¿Te acordás que en los años 90, cuando aparecieron los celulares, si te querías cambiar de compañía perdías el número? Te retenía cautivo la empresa porque no querías perder los contactos. Cuando se aprobó la ley de portabilidad me pude ir de compañía conservando el número, y eso le dio mucha más competencia al sector. Maxi está proponiendo una cosa parecida con los créditos: si tengo un crédito con tal financiera, fintech o banco, y otro banco me ofrece una cuota menor, puedo trasladarlo. Se cancela el crédito original y a partir de ese momento lo tengo con la nueva entidad a una tasa más baja. Esa competencia es la que va a generar que las tasas bajen dramáticamente.
¿Por qué sonrío? Porque cualquier dueño de banco le decía a un amigo: «No tomes crédito, a estas tasas son impagables». Yendo a la cuestión de fondo, se le dio crédito a personas que sabían que iban a estar en una situación de mora muy alta, porque a ninguna persona que podía ser sujeto de crédito un banco le recomendaba tomar crédito a esas tasas.
Pasaron dos cosas. Cuando la tasa fue demasiado alta para financiar un bien durable de largo plazo —típicamente una propiedad—, el mismo banco te sacó la oferta: ibas al banco y no había oferta, o te pedían una cuota mucho más grande que la de un alquiler. En el crédito hipotecario se mira si la tasa del 6% más UVA da una cuota parecida a la de un alquiler; con una tasa de más del 9%, 10% o 12% da mucho más alta y no conviene, te expulsa del crédito. Después tenés el crédito más chico en monto. Ahí te pido una tasa que es prohibitivamente cara, que nadie que haya hecho un curso de administración financiera tomaría, pero que a la persona le resuelve un problema a cortísimo plazo. Te pongo un ejemplo: te pido $100.000 —que es una comida en un restaurante más o menos lindo o la comida de 3 o 4 días para una familia— y te devuelvo tres cuotas de $50.000. La cuenta que saca la familia es: «Pedí 100 y devuelvo 150, es bastante pero no parece tan prohibitivo». Pero cuando mirás el costo financiero total de ese crédito es del 1000%. Es un costo financiero completamente prohibitivo. La financiera o el prestamista de barrio no te prestaban a 30 años ni a 2 años. Un 1000% es una tasa prohibitivamente cara es un "robo", pero cuando la familia saca la cuenta dice: «Yo sí puedo pagar 50 lucas por mes, no me entró el aumento en la empresa pero me va a entrar este mes, o me va a entrar el aguinaldo el mes que viene». Piensan que tienen un problema transitorio, pero el problema grave está cuando hay una crisis más permanente y se la confunde: tomé esos $100.000 para llegar a fin de mes pensando que podía pagar tres cuotas de $50.000, no llegué a fin de mes el mes siguiente ni el otro, no tuve mejora de ingresos y al mes siguiente me siguen faltando los $100.000 más los $50.000 de la cuota. Estoy en $150.000 de falta, peor que el mes pasado. Eso fue un suicidio.
Martín, como siempre, muy didáctico. Toda tu experiencia en medios de comunicación se nota como político. Un placer tenerte acá y muchas gracias.
Gracias.