MODO FONTEVECCHIA
“Vivir libres o morir”

Una fábula libertaria: entre librepensadores y osos voraces

Un experimento en el pueblo estadounidense de Grafton demostró los límites de la ideología de moda, con resultados trágicos.

Una fábula libertaria: entre librepensadores y osos voraces
Una fábula libertaria: entre librepensadores y osos voraces | Twitter @Pedro_Torrijos

En 2004, doscientos activistas libertarios que se habían conocido en foros de internet decidieron copar un pueblo de Estados Unidos para crear su mundo ideal, con el objetivo de demostrar que sus ideas no solo funcionaban en la teoría.

Después de visitar docenas de locaciones, eligieron Grafton, un paraje boscoso de 1.000 habitantes al noreste del país con un lema a su medida: “Vivir libres o morir”.

Mayra Arena se cruzó con Cynthia García: "¿Qué carajo son los derechos?"

Los visitantes se instalaron en carpas y casas rodantes. Aunque la mayoría de los residentes los rechazaban, empezaron a conseguir aliados entre los conservadores del pueblo, que los ayudaron a cumplir su objetivo. Con la idea de quitarse todas las ataduras estatales, Grafton se fue quedando sin presupuesto para mantenimiento vial, bomberos y hasta biblioteca pública.

Durante un tiempo, las cosas funcionaron. Aunque nadie reciclaba, reparaba los baches ni apagaba los incendios, la libertad absoluta parecía ameritarlo. Pero entonces sucedió lo impensado: un doble homicidio -las primeras muertes violentas en la historia del pueblo- tras una pelea entre vecinos.

Cuando intentaron reforzar la seguridad, los libertarios encontraron que los recortes habían reducido el departamento de policía a un jefe, un oficial de tiempo completo y un patrullero descascarado.

“Comunión en la ira”: la narrativa con la que el libertario quebró el mapa político

Entonces llegaron los osos. Atraídos por el olor de la comida y los desperdicios de los forasteros, que habían expandido la mancha urbana hasta su territorio, ahora tenían una oferta calórica irresistible, que los volvió cada vez más intrépidos y agresivos.

Los humanos les mandaban señales confusas: algunos les convidaban dulces, otros ponían trampas o les disparaban. Cuando los agredidos pidieron ayuda al Servicio de Caza y Pesca, la respuesta fue:Arréglense ustedes.

Javier Milei promete que la economía libertaria puede salvar a la Argentina

El experimento se fue desinflando, hasta llegar a su final en 2016. Los que se quedaron terminaron votando una suba del presupuesto municipal, que lo llevó a un 50% más que antes de su llegada.

Para Matthew Hongoltz-Hetling, autor del libro “Un libertario se topa con un oso”, la historia demuestra que “si le das a un libertario la varita mágica para que transforme a la sociedad, las cosas no van a salir como lo imagina”. Una lección que quizá se ponga a prueba acá mismo, en muy poco tiempo.

JL