Queridas nuevas generaciones; queridos nietos y nietas que todavía transitan el camino hacia su verdadera identidad:
Les escribo desde una certeza profunda: la identidad no es solamente un nombre. Es una historia, un derecho, una verdad que nos constituye. Pero también es un territorio de lucha y una conquista colectiva.
A 50 años del golpe de Estado, aquella tragedia nacional dejó una marca indeleble en la memoria social argentina. Pero esa memoria no fue hecha solo de dolor: fue también construida en la resistencia, en la organización y en la lucha de nuestro pueblo. Por eso la memoria es un bien público: no tiene dueño ni pertenencia partidaria exclusiva.
Como nieto restituido, sé que hacer memoria no es un ejercicio de nostalgia. Es construir herramientas para que el horror no se repita. Es defender la democracia. Es encontrar, en las luchas de ayer, la fuerza para enfrentar los desafíos del presente.
Tenemos la responsabilidad de cuidar y transmitir este legado. No solo para honrar a quienes ya no están, sino para garantizar el acceso a la verdad de las nuevas generaciones.
La Argentina ha conquistado un prestigio internacional porque la búsqueda de la verdad estuvo acompañada por la Justicia. Fuimos capaces de recorrer un camino histórico desde los avances iniciales del gobierno de Raúl Alfonsín hasta la consolidación de la memoria, la verdad y la justicia como política de Estado durante el gobierno de Néstor Kirchner. Al 1° de diciembre de 2025, de 3.875 personas investigadas por delitos de lesa humanidad, 1.208 resultaron condenadas.
Ese recorrido demuestra que no hubo venganza: hubo justicia. Y que una sociedad puede enfrentar sus peores heridas afirmando el Estado de derecho.
Sin embargo, las huellas de la dictadura no quedaron atrás. Persisten.
Persisten en el ocultamiento del destino de las personas desaparecidas y de sus hijos e hijas, a quienes seguimos buscando.
Persisten en una estructura económica bimonetaria, en el endeudamiento y en la fuga de capitales, que lesionan la capacidad de decidir nuestro destino.
Persisten también en discursos y prácticas autoritarias que buscan naturalizar la violencia estatal como forma de disciplinamiento social.
Hoy vemos con claridad que el negacionismo no solo pretende encubrir los crímenes del pasado. También intenta justificar la represión en el presente para sostener modelos económicos socialmente inviables, diseñados para beneficiar a minorías y descargar el costo sobre las mayorías.
Lo que está en disputa no es solo una interpretación de la historia: es el tipo de sociedad que queremos construir.
Frente a eso, no alcanza con recordar. Hay que organizar la memoria como una fuerza activa, capaz de abrir horizontes emancipatorios.
Por eso los invito a asumir el legado de estos 50 años de lucha. A llevarlo a las escuelas, universidades, barrios, lugares de trabajo y a la conversación pública. A convertir la memoria en una práctica viva, capaz de enlazar el pasado con una tarea urgente: reconstruir un horizonte de justicia, igualdad y democracia para las grandes mayorías.
Porque la memoria, para transformar, debe conjugarse en presente:
Memoria y justicia social, para que nunca más el terror sea la antesala de la miseria planificada.
Memoria y participación política plena, sin proscripciones.
Memoria y soberanía cognitiva, para defender nuestra capacidad de pensar y decidir.
Eternamente, memoria.
Y a quienes todavía no saben quiénes son, a quienes aún buscan su identidad, quiero decirles algo más: no dejen de buscarse. Los seguimos buscando. Porque su identidad es su derecho, pero también es una verdad indispensable para nuestra democracia. Cada identidad recuperada repara una herida colectiva. Cada nieto o nieta que aparece confirma que la lucha valió la pena. Cada restitución es una victoria de la verdad sobre el terror, y de la vida sobre el intento de borrarla.
Alcanzar una democracia plena exige memoria, verdad, justicia y un respeto irrestricto por los derechos humanos. Pero exige también construir una vida en común más justa, más libre, más solidaria y más humana.
Ese es el desafío de este tiempo. Y también nuestra esperanza.
Nunca Más.
*Nieto restituido. Legislador CABA.