martes 07 de febrero de 2023
OPINIóN Invertir a futuro

Educación y desigualdades: ¿cómo garantizar la calidad educativa?

Celebrar el Día Internacional de la Educación puede sonar a ‘poca’ o ‘gran’ cosa, según el lente con el que se enfoque. Lo importante, en definitiva, es que el día conmemorativo existe y nos habilita a frenar la pelota: ¿cómo se garantiza una educación para romper con las barreras de la desigualdad?

18-01-2023 16:08

Aunque nos encuentra de vacaciones de verano, con la cabeza por fuera del estudio, el 24 de enero se celebra el Día Internacional de la Educación. Esta fecha (que, seguramente, a todos les da la sensación de que existe desde siempre, porque…¿cómo no se va a conmemorar semejante hito, LA EDUCACIÓN, así, con mayúsculas por su importancia fundamental que nadie niega?) es bastante reciente: el 2023 recibe el quinto festejo, recién.

En el año 2018, de la mano de la Asamblea General de las Naciones Unidas, fue que se estableció este día como el apto para hacer una pausa y poner el foco en la educación. Palabra grande si las hay. Que acarrea tantas otras, debatibles en ocasiones y polémicas siempre: transformación, inversión, gasto, futuro, desarrollo, aprendizaje, habilidades, conocimientos… En fin, muchos vocablos que en abstracto suenan bonitos (ni hablar si va con un # delante en redes sociales), pero que requieren de políticas públicas con prácticas concretas para que sean no únicamente viables sino reales y palpables.

Libros, papers y plataformas: convivencias de la educación moderna

Una de las preguntas que más nos hacen a los docentes (en entrevistas de trabajo en las escuelas, desde ya, pero también la gente que nos rodea en general) es el porqué de nuestra elección para convertirnos en maestros o en profesores. Respuestas, claro, hay tantas como personas ejerciendo la profesión existimos. Sin embargo, en mi caso elijo siempre contestar con una frase corta y concisa –básicamente, porque es la que mejor plasma mi pensar-: la educación es una herramienta de transformación social.

Y, pese a que pueda sonar un poco a cliché simpático y políticamente correcto, no hay nada más cercano a que eso es, efectivamente, lo que podemos hacer desde adentro de las aulas. Cambiar la vida de los pibes que las transitan. Hay mil maneras para hacerlo, obvio. El tema es encontrar la clave para que esas transformaciones no sean únicamente individuales (¡que también es muy celebrable que así sean!), sino sociales y colectivas. Ya lo dijo Paulo Freire, “la educación como práctica de la libertad implica la negación del hombre abstracto, aislado, suelto, desligado del mundo”: estamos todos juntos en esta.

Por otro lado, no cabe duda de que la figura del ‘docente-mártir-héroe’ (como muestran películas del estilo La sociedad de los poetas muertos o series como Merlí) no puede trascender la ficción si no hay un proyecto político detrás que la sostenga, un gobierno comprometido que entiende que la educación es una inversión a futuro para la propia sociedad, y no un mero gasto porque no queda otra. Que los chicos estén en la escuela tiene que ser un eje inalienable, una meta irrenunciable. Cuando los equipos directivos, a cargo de la gestión de las instituciones educativas, tienen un compromiso real para que los caminos pedagógicos aboguen por entender las subjetividades de cada uno de los estudiantes dentro de un grupo colectivo, hay un porcentaje de éxito asegurado.

Pero, y así vuelvo a la idea que abrió el párrafo anterior, el sostén tiene que ser mucho mayor: debe haber un Estado que garantice las condiciones necesarias para que toda persona involucrada en el ámbito educativo pueda cumplir sus tareas fehacientemente, para que cada pibe tenga las posibilidades de acceder a una institución que brinda enseñanza de calidad (tema para otro debate, la ‘calidad’ educativa: muchos puntos puestos en jaque, ¿no?). Inversión en infraestructura, en herramientas tecnológicas, en recursos didácticos, en formación actualizada, en comedores saludables, y en paritarias acordes, también.

Pedagogía del Mundial: eduquemos desde el fútbol

El lema de este año del Día Internacional de la Educación, de hecho, es “invertir en las personas, priorizar la educación”. Las desigualdades sociales no se subsanarán por arte de magia ni por mucha buena voluntad que pongamos individualmente (perdón por el pesimismo), sino con acciones concretas y prácticas políticas que vehiculicen herramientas, tecnologías y proyectos que apunten a una educación que no se quede en la mera reproducción social. Todo lo contrario: que busque trascenderla.

De hecho, cuando Pierre Bourdieu, junto con Jean Claude Passeron, postula sus hipótesis y planteos alrededor de este tema –estamos hablando del año 1970-, pone en palabras el análisis de lo que (lamentablemente) la educación es la mayor parte del tiempo: un sistema en el que se perpetúan las relaciones sociales vigentes, que eran (son…) claramente desiguales.

Por eso es lindo coincidir –y buscar siempre pragmatizarla, por supuesto- con esta frase de Jean Piaget: “Educación, para la mayoría de la gente, significa tratar de llevar al niño a parecerse al adulto típico de su sociedad… Pero, para mí, la educación significa hacer creadores”. Que el sistema nos acompañe. Y que la educación logre romper con las barreras de las desigualdades.