Ayer el Congreso de Estados Unidos, el Senado, por 50 votos contra 48, aprobó la obligación de que Donald Trump retire las fuerzas armadas estadounidenses desplegadas en Irán. Hay que ver si esto ocurre, si Trump lo cumple o no lo cumple. Es una votación un poco simbólica, pero una votación al fin.
Quien está liderando las rarísimas negociaciones entre Irán y Estados Unidos es J.D. Vance, el vicepresidente. Voy a ser brutal: no está menos loco que Trump. Son dos tipos realmente muy, muy, muy raros.
Así que está J.D. Vance discutiendo con los paquistaníes y con los iraníes. Por ejemplo, ayer Irán desmintió que vayan a ingresar inspectores de la ONU, que están a cargo del argentino Rafael Grossi, que se volvió una figura muy importante a nivel mundial, cada vez más importante.

De hecho, Rafael Grossi aparece involucrado prácticamente en el centro de este conflicto, en el centro del eventual acuerdo entre las partes, porque es quien debe inspeccionar la cuestión nuclear en Irán. Pero ya Irán desmintió que permita el ingreso de inspectores de la ONU, que dependen de Rafael Grossi, para controlar el uranio enriquecido.
Hay un acuerdo de catorce puntos donde las partes, Estados Unidos e Irán, discuten y difieren su interpretación. El acuerdo está atado con alfileres, es un acuerdo que ya de por sí es una rendición norteamericana vergonzosa, humillante, como dijo el canciller de Alemania, Friedrich Merz. Y aun así, el acuerdo está atado con alfileres, está en una fase en la que no se sabe si es viable o no es viable.
MB