viernes 07 de mayo de 2021
OPINIóN Análisis político
03-05-2021 13:55

Coronavirus, elecciones y grieta: "Tenemos un Covid-21 que ajusta agendas y cambia gobiernos"

Los dirigentes no quieren pagar costos políticos por estar en un año electoral y dejan de lado, por la anteojera que genera la grieta, de hablar a la ciudadanía sobre la prevención, sobre los cuidados que aún debemos tener y el recordatorio de las medidas punitivas por incumplimientos.

03-05-2021 13:55

La complejidad inherente a una pandemia por Covid-19 se acrecienta con gobiernos que responden erráticamente con cuarentenas extensas, sin respuestas claras en las conferencias de prensa y en las estrategias de vacunación, sumado a escándalos recurrentes por administración de dosis y compras de insumos en general, con sistemas sanitarios poco preparados un año después del comienzo de la primera medida restrictiva, recursos humanos insuficientes y exhaustos, y finalmente, economías locales y empresas en retroceso en materia productiva y laboral que no mejoran en nada la realidad social.

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A estos fenómenos se suman rutinas democráticas que le suman mayor conflictividad a países en donde la grieta es funcional al sostenimiento de identidades, posicionamientos discursivos y respecto de quien resulta ser el enemigo electoral a vencer. Por esto, un lugar común de la antipolítica es escuchar decir hoy a los dirigentes: el enemigo es el Covid-19. Es una salida por la tangente, el objetivo electoral y de la agenda pública es otra.

Y esto quedó claro en tres hechos:

  1. Dirigentes que piden normas para ampliar sus competencias reñidas con el espíritu de la Constitución Nacional a efectos de sumar poder de decisión y solapar su deber de rendición de cuentas.
  2.  Dirigentes que ejecutan normativas pero no aplican control para el cumplimiento de las normas.
  3. Grieta y relato actualizado a los tiempos que corren. Resultado: leyes y funcionarios sin vigencia real.

 

Alberto Fernández, Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof.

 

A esta dinámica legal, sumamente negativa en todos sentido: impacto directo en lo económico y déficit de control para prevenir aumento de contagios, se suma la dinámica comunicacional en que los dirigentes más importantes por su deber de ejemplaridad rayan el incumplimiento o la falta de diligencia en su actuar.

En ese actuar contradictorio encontramos que los dirigentes no quieren pagar costos políticos por estar en un año electoral y dejan de lado, por la anteojera que genera la grieta, de hablar a la ciudadanía sobre la prevención, sobre los cuidados que aún debemos tener y el recordatorio de las medidas punitivas por incumplimientos.

Llevamos ya un poco más de 20 días de un nuevo régimen de restricciones que pueden ir en aumento y buena parte de la dirigencia no se comunica con la ciudadanía mediante campañas de prevención, concientización del riesgo y la necesidad de interiorizar cambios de hábitos, propios de un contexto de pandemia extendido y que no cambiará en el mediano plazo.

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Por esto, no sólo no hay campañas en medios gráficos masivos, solicitadas o páginas completas que clarifiquen restricciones y prevenciones, tampoco campañas serias y prudentes en medios nacionales de televisión y radio y menos en redes sociales, campo de visibilidad de quienes hoy, las juventudes, más necesitan de la explicación y acompañamiento del momento difícil en que vivimos. Buscan comunicaciones mínimas y esporádicas con atajos cognitivos al extremo porque los datos no ayudan y los discursos complejos cansan, dicen.

Incluso, resulta llamativo no ver tampoco, a funcionarios nacionales o locales en espacios públicos como plazas, paseos, avenidas, ferias, parques o lugares de esparcimiento recordando las medidas de prevención como el uso de tapabocas, distanciamiento, cantidad máxima de personas reunidas, cumplimiento de burbujas, como sí ocurrió en una primera etapa en el 2020, todas acciones preventivas o reflexivas, en absoluto represivas o sancionatorias.

Es decir, el año electoral en curso ha hecho que los potenciales candidatos prefieran actuar de modo conservador y retirarse en materia de comunicación a la mínima expresión preventiva para sólo enfocarse en la dimensión conflictiva y activadora de la grieta para las elecciones sumando adhesiones de sus bases, no más. 

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Es decir, a la fecha, el efecto Covid-2021 que aquí sostendremos nos muestra que los principales actores ajustan agendas de modo unívoco (framing) pero que esto también cambiará - como efecto no querido y no controlado- invariablemente gobiernos o sus mayorías y minorías si estos no se resignifican para cambiar sus relaciones comunicativas y recuperan el diálogo clínico preventivo asumiendo la resolución de agendas agregadas y amplias (económicas principalmente) propias de la conflictividad social local subyacente producto de la pandemia.

Impensable, pero real, la grieta soluciona conflictos a los políticos en democracias de baja intensidad y reduce la comunicación a una mínima expresión y temática, retrayendo la deliberación en ámbitos legislativos, espacios públicos y petrificando una agenda pública 2021 a soluciones con carácter -únicamente- sanitario maximalista que suelen no cumplirse. El Covid-21 tiene efectos socio-políticos a mediano y largo plazo realmente peores que el Covid-19 y parecen muchos estar claramente más cómodos en esa posición que adoptar los desafíos de agendas amplias de gestión real conforme lo demandan amplios sectores de una sociedad que se hunde en la miseria y no encuentra respuestas para poder conseguir recursos que nos permitan reactivar el capital social que supimos en algún momento histórico poseer con creces.


 

Javier Adrián Cubillas. 

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