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OPINIóN / Análisis
lunes 6 julio, 2020

Teletrabajo: entre el cansancio, la soberanía y la propiedad social digital

Aún nos falta diseñar en Argentina, un perfil productivo y un modo de interacción geopolítica que nos invite, ahí sí, a pensar en el y la sujeto/a emergente.

Teletrabajo Foto: Andrea Piacquadio / Pexels
lunes 6 julio, 2020

Las y los desposeídos, quienes no tenemos más que nuestra fuerza de trabajo asistimos, con el florecer del Estado social de mediados del siglo XX, a una participación cada vez mayor en la renta, y a la consagración de derechos económicos, sociales y culturales: salud, vivienda, educación, seguridad social. El pleno empleo, como máxima expresión de un sistema protectorio, o bien sindicatos o entidades fuertes, que puedan resistir a instancias de la colectivización de las demandas parecen, de un tiempo a esta parte, desvanecerse en el aire.

La desarticulación de las y los trabajadores, la robotización de las labores, la economía de plataformas, son algunos de los aspectos que horadan la llamada propiedad social. Aquella definida por Robert Castel como los dispositivos construidos en forma comunitaria para hacer frente a las contingencias de la vida. En esta línea, en la República Argentina asistimos a un debate parlamentario tendiente a consagrar un marco regulatorio del teletrabajo.

Teletrabajo: ¿progreso tecnológico o súper explotación laboral?

Si bien la respuesta es interesante, es hora de preguntarse si no sería mejor abordar en forma integral los desafíos que propone la cuarta revolución industrial. He leído el proyecto aprobado por la Cámara de Diputados/as y considero que, pese a la dimensión declamatoria, aún nos falta diseñar en Argentina, un perfil productivo y un modo de interacción geopolítica que nos invite, ahí sí, a pensar en el y la sujeto/a emergente. Valoro la intención de dar respuestas pero, reitero, creo que la discusión es estructural.

 

 

La sociedad del cansancio

Dotar de reglas al trabajo realizado en el hogar puede implicar a la larga una flexibilización no ya de la normativa protectoria sino, sobre todo, de las prácticas y/o lógicas que se configuran en términos sociológicos. Sabemos que detrás del “trabajo por objetivos”, y más a instancias de la ubicuidad de las tecnologías, se esconde el sujeto quemado. El síndrome de burnout, los ataques de pánico y los ansiolíticos como respuesta a todo.

Byung-Chul Han nos habla de la sociedad del cansancio. De cómo irrumpen padecimientos de salud mental. De esa vigilancia panóptica y multinodal, en la que somos vigilados a través de software y cámaras pero, además, a instancias del imperativo categórico de la época: yo puedo. Ese yo puedo, que es formarse, trabajar, estar “a full”, estudiar idiomas, mantenerse atlético/a, no es más que la introyección del amo. Sí, nuestro amo juega al esclavo. O dicho de otro modo, somos nuestros propios amos. Al no haber externalidad, ese otro con el que configuramos la relación laboral, somos nuestros propios explotadores. Cierra redondo, si entendemos que el teletrabajo desprovisto de un contexto, torna aún más difuso el encuentro con la otredad.

Presentan un proyecto para "clavarle el visto" al jefe

Soberanía digital

Otra de las cuestiones a atender es del teletrabajo y la soberanía digital. Recientemente, algunos países de Europa lanzaron un proyecto conjunto para tener control sobre los datos. Aspectos demográficos, documentación, seguridad social, cuentas bancarias, entre miles de millones de terabytes de información sensible para los Estados y, sobre todo, para las y los ciudadanos, se encuentran alojados en servidores externos. Estamos a merced de gigantes tecnológicos que son “proveedores” de “servicios”.

Esta semana, además, en una escalada entre China e India, desde Nueva Delhi decidieron prohibir más de 50 aplicaciones chinas. En este mundo de guerras híbridas, a decir de Gabriel Merino, regular el teletrabajo sin un marco de debate sobre la infraestructura y el posicionamiento geopolítico parece riesgoso.

El teletrabajo modifica la vida en la ciudad

En concreto, los teletrabajadores y teletrabajadoras, al multiplicar sus conexiones, sitios físicos de enlace a las redes, e interacciones, generan una potencial vulnerabilidad. ¿Quién controlará la ciberseguridad de ámbitos clave y estratégicos de la economía argentina? ¿Cómo sabremos que no habrá filtraciones o ataques que puedan dañarnos? ¿Cuál es la estrategia sobre ese aspecto?

 

Brecha

Por último, recuerdo siempre el capítulo de Los Simuladores en que un ejecutivo de una lechera era despedido y reemplazado por uno más joven. Damián Szifron retrata con crudeza (y luego con justicia poética), uno de los aspectos más dolorosos de la sociedad del descarte, aquella que, desde la academia, describe Bauman. El teletrabajo y la brecha digital son dos caras de una misma moneda. No puede ser la excusa para desechar personas.

Preparar a las y los trabajadores para los nuevos desafíos debe ser una tarea prioritaria pero, como ya mencioné, es necesario trazar un horizonte para enfilar la proa. De lo contrario, estaremos intentando morder nuestra propia cola.

Home office, pandemia y derechos

¿Es importante regular el teletrabajo? Sí. Sin embargo, ningún sistema funciona en abstracto. Nos debemos una conversación seria que integre a todos los sectores: empresarios/as, trabajadores/as, científicos/as, sociedad civil. De lo contrario, estaremos abordando un mínimo retazo de una realidad compleja y dinámica. Es necesario crear un nuevo tipo de propiedad social: la digital.


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