domingo 13 de junio de 2021
OPINIóN Política
18-07-2020 13:22

Las tribulaciones del Presidente

Alberto Fernández cumplió cinco de los siete meses al frente del poder sumergido en una cuarentena que desnudó horizontes bipolares entre el primer mandatario y su vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner.

18-07-2020 13:22

Mientras escribo estas líneas el Presidente de la Nación está acompañado de cinco gobernadores, todos con sus respectivos barbijos, y él a cara destapa con su pizarrón digital al lado, dice que “todos, todas y todes” somos responsables de la buena gestión que el país está llevando adelante en la lucha contra el Covid-19, y que “la Argentina no corre la misma suerte que el País Vasco… el esfuerzo no fue inútil”.

Hay una marcada disociación entre la retórica del Presidente y la agenda de la coalición de gobierno. Alberto Fernández cumplió cinco de los siete meses al frente del poder sumergido en una cuarentena que desnudó horizontes bipolares entre el primer mandatario y su vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner.

Para llamar a la unidad nacional, el primer paso debería estar en firmar la paz en el Frente de Todos. En apenas 200 días, y apelando a una peligrosa estrategia de comunicación hiperpersonalista, la popularidad del Presidente se derrumbó tanto por la incapacidad de cambiar la estrategia en relación con la pandemia y su confinamiento, como por el avance de la vicepresidenta en temas como la reforma judicial, el rol del parlamento, y el manejo de las cajas del Estado, como Anses y Pami.

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Mientras Alberto Fernández dedica horas frente a la pantalla, concediendo entrevistas, dando notas a periodistas (la mayoría afines), incluso poniendo esfuerzo en mostrarse con gobernadores, empresarios y sindicalistas, y arriesgando allísu capital político, Cristina Kirchner evita los intermediarios, fija posición y ordena al gobierno de Todos desde su cuenta de Twitter.

En cambio, cuando quiere evitar la exposición directa y ganar la disputa mediática, como por ejemplo con relación al crimen de su ex secretario o mandar un mensaje a la Corte Suprema de Justicia, la vicepresidenta recurre a su abogada predilecta Graciana Peñafort; cuando quiere expresar su apatía por la foto de Alberto Fernández con empresarios apela a Hebe de Bonafini, y cuando busca alguna concesión para quienes ella considera perseguidos políticos, como Ricardo Jaime o Amado Boudou, empodera al secretario de Derechos Humanos de la Nación, Horacio Pietragalla; en Diputados reina la descendencia, con Máximo Kirchner a la cabeza.

Los esfuerzos del Presidente por mostrarse dialoguista, muchas veces viajan por la ancha Avenida de Mayo hasta el Congreso para estrellarse en la presidencia del Senado, pero también encuentran un freno en sus tribulaciones.

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¿Quién es Alberto Fernández? ¿Es el Presidente que llama “miserables” a los empresarios, o es quien los convoca a la Quinta de Olivos para pedirles una mesa de diálogo? ¿Es quien presenta la expropiación de Vicentín como un salvataje hacia la sociedad o es quien luego retrocede para abrir un canal de diálogo entre la provincia de Santa Fe y la empresa? ¿O es quien reconoce, en un reportaje publicado hace unos días, que subestimó la voluntad de la sociedad? Si el Presidente está convencido de que la expropiación era la mejor salida para destrabar el conflicto con la cerealera, ¿por qué no sigue adelante a pesar del malestar social? Con tantas marchas y contramarchas, él conspira contra su liderazgo. No lo votaron para que decida al calor de los sondeos de opinión pública. Capítulo 1 del libro: “Decisiones basadas en hechos.”

Con relación al Covid-19, Alberto Fernández se encuentra en la misma encrucijada, ya no por las presiones de su espacio, sino por una sociedad que está agotada y con evidentes signos de deterioro, hartazgo y frustración, luego de permanecer 120 días encerrada. El Presidente fue enfático al decir que no le temblaría el pulso para elegir entre salud y economía. A cuatro meses del confinamiento más extremo del planeta Tierra, se presta a abrir el grifo en el Área Metropolitana de Buenos Aires, en el momento de mayor cantidad de contagios. Decisiones basadas en hechos, capítulo 2.

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En el horizonte próximo está la renegociación de la deuda, luego de cuatro meses de idas y vueltas, que es un paso excluyente para sacar a la Argentina del respirador mecánico en el que está conectada desde hace décadas. Sobre la bitácora financiera y productiva del país, quizás, para tener una versión oficial de cómo se encarará la recuperación de las arcas de la Argentina, sea necesario escuchar al ministro de Economía Martín Guzmán, quien asegura que el futuro es el presente, y que aquello que vendrá se centrará en “atender a emergencia”.

El mayor escollo para llamar a la concordia yace en la conciencia del Presidente Fernández, quien encuentra dentro de sí la imposibilidad de llevar certidumbre a una sociedad que le reclama perspectiva y liderazgo, y para la cual él responde con una revisión del capitalismo, otra expropiación y creando nuevas rebeliones.

Hay una sociedad que quiere creerle y apoyarlo, ya sea por necesidad o convicción, pero el camino para lograr acuerdos mínimos debe partir del Presidente. Refractario a los cambios y ambivalente en el cese de hostilidades, el punto es saber cuál de todos los Alberto Fernández actuará.

 

*Consultor en Comunicación Política - Percipi.