miércoles 30 de noviembre de 2022
OPINIóN OPINIÓN

La desinformación y la libertad de expresión

Un tribunal de Connecticut condenó al periodista Alex Jones por difamación y se reabre un debate crucial sobre las tensiones que existen entre la libertad de expresión y la desinformación.

27-10-2022 11:55

Edgar Maddison Welch creyó estar haciendo lo correcto. Su sobreexposición a las teorías conspirativas que impulsaban algunos medios de comunicación, entre ellos Infowars de Alex Jones, lo llevó a conducir los casi 460 kilómetros que separan a Carolina del Norte de Washington DC, en compañía de un rifle militar, una pistola y municiones. Dichos medios contaban que en una pizzería llamada Comet Ping Pong funcionaba una red de pedofilia.

En pleno viaje, Maddison Welch mandó un mensaje a su novia en el que decía, entre otras cosas, que amaba a su familia y que esperaba que sus dos hijas comprendieran su afán de proteger a personas indefensas. El 4 de diciembre, Welch entró a la famosa pizzería capitalina y disparó milagrosamente sin herir a nadie. La teoría conspirativa, más conocida como Pizzagate, se basó en un intercambio de correos entre John Podestá, jefe de campaña de Hillary Clinton y frecuente cliente del local y el titular del local gastronómico que nada tenía que ver con lo que se acusaba. El emblemático episodio es famoso en todo el mundo pero pocos realmente lo conocen aquí.

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Alex Jones. 

Uno de los grandes protagonistas de fomentar y exacerbar las mentiras del hecho fue Alex Jones, un famoso locutor norteamericano que es noticia por estos días, tras ser declarado culpable por difamación y condenado a pagar 965 millones de dólares a las víctimas del tiroteo de Sandy Hook, donde fallecieron 26 personas el 14 de diciembre de 2012.

En Infowars, Jones sostenía que esa masacre nunca existió y que los familiares de las víctimas eran actores que lo único que buscaban era conspirar en favor de la regulación de la portación de armas.

En la demanda presentada por los familiares, éstos sostuvieron que Jones utilizó este episodio para aumentar su audiencia y ganar millones de dólares. Fuera de la influencia ideológica que tiene la desinformación para aquellos que incurren en estas repudiables prácticas, el beneficio económico es el que más seduce a los autores de contenidos falsos.

Alex Jones es un claro ejemplo de ello. Adicto al clickbait, su medio Infowars ha escrito 79 notas en lo que va del año vinculadas a Sandy Hook (un episodio del que ya pasaron 10 años). Su disparatada teoría se mantuvo vigente con varias personas convencidas de que lo que decía era cierto.

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En la persuasión y el amor de muchos ciudadanos norteamericanos por las teorías conspiranoicas reside el arte de Infowars. Los casi 32 millones de resultados en Google de “Alex Jones Sandy Hook” dan cuenta del interés mundial que ha despertado el bulo, como dicen en España a los contenidos desinformativos.

Para muchas personas fue alentadora la decisión tomada por el tribunal de Connecticut por las inmundicias que trae consigo la desinformación. Pero son varios los expertos que aseguran que no hay que esperar que esto ponga fin a las teorías conspirativas y la desinformación en sí. El propio Jones sostiene que estas controvertidas decisiones marcarán un antes y un después en materia de libertad de expresión. Y un poco de verdad tiene por los riesgos que traen consigo la judicialización y el abuso de poderes de algunos gobernantes sobre esta temática. No obstante, Jones cometió el delito de difamación, que en Estados Unidos pone ciertas pruebas en el zapato de la libertad de expresión. Quitar las cosas de contexto y analizarlo con la mirada jurídica de otros países puede ser peligroso.

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En el caso del locutor de Infowars las pruebas son suficientes porque él sí sabía que lo que difundía era mentira, lo hizo de forma repetida para volverse viral, obtuvo un beneficio económico al respecto y causó un daño tremendo a los familiares. Este sencillo modus operandi de cuatro pasos es el claro ejemplo de cómo se construye la desinformación hoy en día.

La decisión del tribunal vuelve a poner sobre el tintero esas tensiones que existen entre la libertad de expresión y la desinformación. Lo hemos repetido hasta el hartazgo. La premisa esencial implica combatir la desinformación sin atentar contra la libertad de expresión pero tampoco se puede dar rienda libre a la mentira descarada que ocasiona un daño profundo en el prójimo, como este caso de Jones.

En tiempos donde mucho oportunista de turno promueve sancionar leyes controvertidas más radicadas en actuar como leyes mordaza que con un verdadero espíritu democrático, son bienvenidas las palabras del ex titular de la SIP, Ricardo Trotti, en la Cumbre Global de Desinformación que se llevó a cabo en el 2021 (N. de la R.: Este año se realizará la segunda edición de la Cumbre Global el 17 de Noviembre. Para más información https://cumbredesinformacion.com/): “No tenemos que caer en censuras o regulaciones que terminen por impulsar un mal mayor de lo que tratamos de remediar”.

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