OPINIóN
Anticipos

La publicación The Economist predice cómo será el año 2024

Alrededor de 2.000 millones de personas en más de 70 países vivirán procesos electorales, Sin embargo, aunque eso parezca un triunfo para la democracia la publicación lo pone en duda: con numerosos conflictos, desde Ucrania hasta Medio Oriente y varios países asiáticos, el posible retorno de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos hace temblar el tablero

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Trump y Putin. | Collage

La publicación británica The Economist, propiedad de las históricas dinastías Rothschild y Agnelli, anunció sus previsiones para el año 2024. Acercándose el final de cada año, la revista recurre a sus ya clásicas y crípticas portadas, en las que, con profusión de simbolismos, deja entrever los deseos y preocupaciones de los sectores financieros transnacionales a los que representa.

Por fuera de las cuestiones coyunturales, The Economist se centra en el enfrentamiento entre los grandes intereses geopolíticos mundiales, las crisis estructurales del capitalismo, y las agendas globales que emanan desde instancias supranacionales, como el Foro de Davos y las Naciones Unidas.

Tom Standage, el editor del especial anual El mundo por delante 2024 propone a sus lectores el principal tema para 2024: el eclipse de la democracia y el retorno de Trump a la presidencia de los EEUU. Sobre esta cuestión, la editora en Jefe, Minton Beddoes, miembro también nada menos que de la Junta Directiva del elitista Grupo Bilderberg, expresa: "Más de la mitad de la población del planeta vive en países que celebrarán elecciones nacionales en 2024, la primera vez que se alcanza este hito.

Según los patrones recientes de participación electoral, cerca de 2.000 millones de personas en más de 70 países acudirán a las urnas. Los votos se emitirán desde Gran Bretaña hasta Bangladesh, desde India hasta Indonesia. Sin embargo, lo que parece que debería ser un año triunfante para la democracia será todo lo contrario".

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En la portada puede verse, como si fuera un mandala, una serie de elementos simbólicos conformando una estructura circular. En el centro: una urna de votación, transparente, con votos siendo introducidos en su interior, símbolo inequívoco de la democracia, pero inmediatamente arriba un reloj de arena, marcando que el tiempo de la misma se está acabando, ya que, de hecho, queda menos de la mitad de la arena por caer. Por arriba y por debajo de la urna se ve la evolución de un eclipse, que llega a ser total cuando alcanza el centro del cubo de votación. "El eclipse de la democracia", podría ser el título de la obra.

El "eclipse" para The Economist no es otro que el ex presidente republicano. "Trump considera que el hecho de que Estados Unidos gaste sangre y dinero en Europa es un mal negocio. Por lo tanto, ha amenazado con poner fin a la Guerra de Ucrania en un día y arruinar a la OTAN, incumpliendo el compromiso de Estados Unidos de tratar un ataque a un país aliado como un ataque a todos.

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Sabiendo que Estados Unidos abandonaría Europa, Putin tendría un incentivo para seguir luchando en Ucrania y eliminar a países ex soviéticos como Moldavia o los Estados bálticos. Un segundo mandato de Trump sería un hito, a diferencia del primero. La victoria confirmaría sus instintos más destructivos sobre el poder. Sus planes encontrarían menos resistencia. La elección será decidida por decenas de miles de votantes en sólo un puñado de Estados. En 2024, el destino del mundo dependerá de sus votos", advierte la publicación.

A ambos lados del reloj de arena se emplazan las figuras de Vladimir Putin, y Volodímir Zelensky. Putin aparece conectado con una sombra de Trump con signo de pregunta, en alusión a la elección norteamericana de noviembre de 2024, y derivado de esta elección la prometida paloma de la paz por parte del candidato republicano. Del lado de Zelensky, el "flanco democrático" para The Economist, aparece la sombra de la candidata a la Presidencia de México, Claudia Sheinbaum. Ahora bien, este sector queda conectado con misiles, símbolo de la continuidad de la guerra en Ucrania.

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A izquierda y derecha de la urna aparecen dos imágenes sugerentes. Del lado de las "democracias" bendecidas por el globalismo puede observarse un esotérico ojo-que-todo-lo-ve, pero en versión informática. Y dentro de este fresco tecnológico, cerebros conectados a una supercomputadora, émulos de proyectos como el Neuralink de Elon Musk, y preludios prometeicos de una deidad transhumanista construida en base a Inteligencia Artificial.

En el sector inferior del mandala aparecen mapas de Sudamérica y parte del llamado "Sur Global", regiones geográficas apetecidas por la presencia en ellas de recursos minerales, esenciales para la "transición energética": "el litio, el cobre y el níquel importan mucho más, mientras que el petróleo y el gas, y las regiones que dominan su oferta, importan menos", señala el artículo.

Esta idea se refuerza con la presencia de autos eléctricos y energías alternativas como la eólica, en rigor de verdad, un "capitalismo verde" ávido de financiación por parte de los grandes bancos, de ahí que sea un proyecto que propugna con fuerza el sector globalista al que representa The Economist. En esta lucha por los recursos de Sudamérica y Oceanía, pueden verse enfrentados los EEUU, simbolizado con Biden, y China, simbolizada con Xi Jinping.

Volvamos al comienzo. ¿En qué radica la principal preocupación de The Economist? ¿Desde cuándo el poder financiero se inquieta por cuidar la “calidad democrática”? La propia autora y miembro de Bilderberg nos da la respuesta: "Con diferencia, la contienda más importante, la elección presidencial de Estados Unidos, será tan venenosa y polarizadora que ensombrecerá a la política global.

En un contexto de conflicto, desde Ucrania hasta Medio Oriente, la dirección futura de Estados Unidos (y con ella el orden mundial que los dirigentes estadounidenses han respaldado hasta ahora) estará en juego. Será un año estresante y peligroso"; y finaliza admonizando: “Es igualmente probable que quienes esperan alguna unidad global queden perplejos”.

La interna dentro de las élites globales vuelve a estar en blanco sobre negro, el capitalismo industrial nacional de los EEUU, eminentemente proteccionista y con fuerte base en el petróleo, busca su revancha, el capitalismo globalista, que se yergue sobre las Altas Finanzas y el complejo militar que estas controlan, está dispuesto a todo para evitarlo. Desde Hispanoamérica deberían evitarse posturas subordinadas a unos y a otros. Nunca es tarde para sembrar las semillas de una futura posición soberana.

*periodista e investigador, director del sitio de análisis geopolítico Kontrainfo.com