OPINIóN

La Super Inteligencia llega por decreto

Trump decidió rebautizar la inteligencia artificial y Milei lo acompañó. Detrás del cambio de nombre, sigue abierta la discusión sobre cuánto puede avanzar esta tecnología y quién responde si algo sale mal.

Javier Milei
Javier Milei | CEDOC

En su discurso ante las Naciones Unidas, el presidente Milei dedicó varios minutos a hablar de IA: “Allí, donde muchos ven una amenaza nosotros vemos una frontera: la inteligencia artificial, o superinteligencia como dice el presidente Donald Trump, puede multiplicar nuestra productividad en órdenes de magnitud que todavía no comprendemos”.

Así, Milei fue el primero en seguirle la corriente a Trump con su último capricho de nomenclatura: cambiarle el nombre a la inteligencia artificial.

Dijo Trump, un día antes de Milei: “De ahora en adelante, se la denominará oficialmente «Super Inteligencia». Se cambia el nombre. El uso de la palabra «artificial» hace que la inteligencia sea falsa, hace que suene falsa, y no es falsa”. Y anunció que los documentos de Estados Unidos, y ojalá también los del resto del mundo, pasarían a usar «súper» en lugar de «artificial».

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La oficina del Departamento de Estado encargada de los organismos internacionales ya empezó a aplicar el cambio.

Deberíamos agradecer que no decidió llamarla «American Intelligence», tenía la sigla ahí disponible y busca renombrar lo que puede con ese adjetivo. Todavía no sabemos si el presidente Milei decidirá que el gobierno argentino también deje de usar IA en favor de SI para referirse a, bueno, la IA.

Inteligencia artificial es un término paraguas que nunca tuvo una única definición técnica aceptada por todos. El informático John McCarthy lo acuñó en 1955 al preparar una reunión de investigadores en Dartmouth, Estados Unidos, que al año siguiente daría origen a la IA como campo de estudio.

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Artificial nos recuerda que fue creada por el hombre; súper nos habla de algo superior a nosotros. El cambio no es solo superficial, define una jerarquía cuyo punto de inflexión podría estar cerca: el momento en que la IA, o la SI (perdón, Donald), supere ampliamente a la inteligencia humana.

Greg Brockman, presidente de OpenAI, cerró la presentación de GPT-6 Astra hace poco con un “Bienvenidos a la era de la AGI”. Dijo que personalmente cree que ya llegaron allí. Y ahí nos aparece otro término. AGI, por Artificial General Intelligence, o inteligencia artificial general: representa la idea de una IA capaz de aprender y desenvolverse a un nivel humano en una amplia variedad de tareas, en lugar de especializarse en una sola. No hay una prueba universalmente aceptada para determinar que llegamos allí, aunque algunos ya empiezan a darlo por hecho.

Otros planteaban ya una etapa superadora de la AGI, en donde los modelos de IA y su implementación en agentes serían capaces de superar ampliamente a la humanidad.

A esa etapa se la llamaba hasta ahora superinteligencia (en una sola palabra). No hay acuerdo sobre cuándo podría llegar, ni sobre si necesariamente llegará. Hasta que apareció el presidente estadounidense a complicarnos la idea y a traer el término al presente.

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Y después está la singularidad: la hipótesis de que una IA capaz de mejorarse a sí misma acelere el progreso hasta volverlo imposible de anticipar o controlar para nosotros. Podría traer descubrimientos en física, química, salud y matemática imposibles hasta entonces. Pero no es otro nombre para la AGI ni una garantía de que todo vaya a salir bien.

Uno de los grandes ganadores del posible cambio de IA a SI es Mark Zuckerberg, CEO de Meta. Con el fracaso del metaverso como su promesa masiva, su siguiente apuesta fue justamente a lo que él llamó “Superinteligencia Personal”: generar una IA conectada con nuestros datos y que nos ayude a vivir mejor nuestras vidas.

Y, casualidad o no, Zuckerberg anunció esta semana nuevos productos y funciones que se acercan a esa idea. Su agente personal Muse, presentado a principios de septiembre y por ahora disponible solo en Estados Unidos, sumó funciones de voz, avatares en tiempo real y más conexiones con los servicios que usamos. Con los permisos correspondientes, puede acceder a información y realizar acciones: gestionar mensajes, buscar archivos, hacer compras o trabajar en aplicaciones de nuestra computadora. También podemos hablarle desde WhatsApp.

Y para ello mostró Muse Charm, un dispositivo de bolsillo que se puede llevar como llavero, con una pequeña pantalla para darle cara a ese agente, como los novedosos tamagotchis. La promesa es que viva con nosotros todo el día, disponible para ayudarnos en lo que necesitemos. Zuckerberg anunció su llegada para diciembre.

Y ahora, volviendo al encuentro de las Naciones Unidas, esta semana siguió la discusión sobre si frenar o no la aceleración de la IA por los temores a los riesgos de extinción de la humanidad. Sam Altman advirtió ante el Consejo de Seguridad que podríamos perder el control de estos sistemas y que ni siquiera un riesgo de catástrofe del 0,1% sería aceptable. Pidió estándares internacionales y sostuvo que no deberían entrenarse modelos sin evidencia sólida de que seguirán bajo control humano.

Trump, en cambio, rechazó en la ONU los intentos de control internacional. Ya había dicho en sus redes que el Departamento de Justicia y otros organismos podían intervenir si hiciera falta ya hoy. En una posición similar, Jensen Huang, CEO de NVIDIA, acusó a quienes piden nuevas leyes de buscar alivio de las que ya existen. Milei se sumó diciendo que los escenarios distópicos “carecen de sentido desde el punto de vista económico”. Y anunció el compromiso argentino de no regular de manera preventiva, junto con responsabilidad limitada para las empresas que operen con agentes de IA, un proyecto algo confuso que ya cubrimos en esta columna hace unos meses.

Hasta el CEO de NVIDIA, que rechaza nuevas regulaciones, sostiene que las empresas deben responder con las leyes que ya existen.

Y así volvemos a otra semana movida en el mundo de la inteligencia artificial en camino hacia la superinteligencia. La buena noticia, si alguien más que Milei decide seguirle la corriente a Trump, es que la sigla SI servirá tanto en español como en inglés. Algo es algo.

ff