¿Cuáles son los hilos que mueve Luis Barrionuevo? Seguramente esta pregunta aparecerá en la cabeza de cualquier trabajador gastronómico, cuando finalice la película destinada al autobombo del protagonista con pretensiones de poder interminable.
Seguramente la primera impresión que van a tener los espectadores que pertenezcan a la actividad es que maneja los hilos que dirigen el destino que tendrán los aportes que todos los meses les deducen de sus magros salarios con los que, seguramente, se financió la autobiografía cinematográfica que representa la última excentricidad de la cadena de lujos pagada con los aportes de quienes representa.
Como otra cara de la misma moneda, esos hilos que maneja la mano no han demostrado ser lo suficientemente largos como para poder darles a los afiliados un salario que cubra mínimamente sus necesidades.

Pero la mano que mueve los hilos encuentra como explicación convincente echarle la culpa a la falta de legitimidad que sufre hoy, a causa de una certificación de autoridades, que no termina de obtener a pesar de las presiones que ensaya para prolongar su estadía en un lugar que no le pertenece.
A fin de cuentas, los gastronómicos saben que el récord hacia la baja que baten año a año sus salarios, en relación al resto de las actividades, no se debe simplemente a la falta de homologación de las últimas paritarias, sino que la causa se encuentra en muchos años de desidia para encarar la lucha por una mejora salarial significativa (motivo por el que la Seccional Capital dejó de participar en las paritarias desde hace mucho tiempo).
Hoy con su obra social desquiciada, que otorga turnos a larguísimo plazo a enfermedades crónicos y, en muchos casos, terminales; con salarios deprimidos; falta de prestaciones, y un sospechoso hackeo de bases de información que imposibilita controlar los recursos que entran y salen de la Institución, en un momento histórico del país, en el que la sociedad interpela cada vez con más rigor a sus dirigentes, la pregunta del comienzo se muestra cada vez más relevante.
La falta de respeto en la era de la desvergüenza
Porque la mano que mueve los hilos encendió la mecha de un conflicto interno que ha tomado de rehenes a sus propios empleados —a los que no les paga el sueldo— y, lo que es aún más grave, forzó una división que no existía entre compañeros, generando una dilapidación de recursos de los afiliados, un deterioro en la cantidad y calidad de las prestaciones de todo tipo y un grave desprestigio de la U.T.H.G.R.A. como institución no solo hacia sus afiliados, sino frente a las empresas y a la sociedad en general, que se irradia a todo el conjunto de la actividad Gremial, devaluando aún más la imagen de los sindicatos y sus dirigentes.
Este enfrentamiento motivado por puro personalismo y que está llevando a nuestra centenaria Institución a un colapso de monumentales consecuencias es la acabada muestra de la terquedad de una clase de dirigentes que, lejos de adaptarse a los profundos cambios que están surgiendo en este momento bisagra de nuestra historia, no dudan en llevarse todo por delante para conservar su lugar, convirtiendo el voto en un mero acto testimonial, destinado a mantener una monarquía disfrazada de democracia.
Cuando los hilos se enredan, la única solución es cortarlos.
*Secretario general de los gastronómicos porteños.
ML