lunes 21 de junio de 2021
OPINIóN Columna de la UB
05-01-2021 13:01

La incertidumbre política y los desafíos del siglo XXI

La crisis del COVID-19 nos plantea nuevos desafíos sobre la organización comunitaria y sobre la construcción de consensos respecto de los objetivos de largo plazo en materia social y económica.

05-01-2021 13:01

La crisis del COVID-19 nos plantea nuevos desafíos sobre la organización comunitaria y sobre la construcción de consensos respecto de los objetivos de largo plazo en materia social y económica. Nos ha propuesto una oportunidad de replantear y revisar modelos de desarrollo, patrones de conducta y objetivos sociales y particulares. La duración de la crisis ha expresado diferentes etapas respecto de la relación particular y social con el fenómeno, pasando desde la responsabilidad colectiva y el sentimiento comunitario al individualismo, que se expresa en el reclamo por la posibilidad de realizar acciones particulares de los agentes.

El sentido “democrático del virus” puso en evidencia la fragilidad asistencial de los sistemas de salud, tanto en los sectores más vulnerables como en aquellos con determinado poder adquisitivo y con acceso a un sistema privado. Este marco de situación provocó, en la mayoría de los casos, serios cuestionamientos a las políticas sanitarias implementadas por los países, ante el avance del virus, que puso en evidencia las carencias y las desigualdades sociales.

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Ante este incierto panorama, según fuentes de la Secretaría del Mercosur, sus autoridades, por medio del Fondo de Convergencia Estructural del Mercosur (FOCEM), aprobaron un aporte de 16.000.000 de dólares adicionales para el proyecto plurinacional “Investigación, educación y biotecnologías aplicadas a la salud”, que serán destinados, en su totalidad, a combatir de manera coordinada el COVID-19. Se estableció que estos fondos no sean reembolsables y estén exentos de intereses financieros, lo que permitirá desarrollar estudios para detectar anticuerpos en los pacientes con síntomas o asintomáticos.

Siendo esta una crisis de oferta y demanda, representa un cambio de paradigma económico y social, profundizando la incertidumbre en temas relativos a la salud pública. Ante esta nueva realidad socioeconómica y un contexto de incertidumbre y fragilidad de los sistemas de salud, es necesario replantearse nuevas políticas y nuevos sistemas de cooperación conjunta entre los países de América latina.

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El bloque Mercosuriano, con excepción de Brasil, se verá muy afectado en términos de pérdida de PBI. Brasil es una economía más grande, diversificada y cerrada, que tiene una menor dependencia del financiamiento externo, al menos, para el sector público. Esta recesión tiene ciertas particularidades y no puede ser considerada como típica, ya que cuando los países imponen un cierre organizado de gran parte de la actividad económica, no tiene relación alguna con las recesiones tradicionales o los ciclos de negocios. Por eso, el BID indicó que “la típica gestión contracíclica de la demanda, tanto fiscal como monetaria, es inapropiada. De hecho, si un estímulo a la demanda reduce la política de distanciamiento social, será contraproducente para la salud. El objetivo de las políticas públicas debería ser, más bien, complementar los cierres, permitir a quienes pierden su fuente de ingresos adquirir alimentos y otros artículos de primera necesidad, y reducir al mínimo el número de empresas que despidan a sus trabajadores y se vean obligadas a liquidar”.

Mediocridad sustentable

Es necesario superar el estado de situación mediante una reflexión sobre los valores morales que expresan nuestra vida comunitaria. La realización social e individual depende principalmente de la posibilidad de realizar procesos creativos que promuevan el valor simbólico de nuestra condición humana y por esta vía produzcan valor económico y social. No es mediante la competencia sin restricciones en valores o por medio de la realización de las acciones particulares de los actores que será posible una vida colectiva y social de largo plazo capaz de garantizar el crecimiento económico estable en el largo plazo, la equidad distributiva de la renta y la sustentabilidad del ambiente intergeneracional. Estas cuestiones y la superación de la crisis del COVID-19 requieren por tanto una perspectiva de responsabilidad individual y social de largo plazo que exprese nuestro compromiso como sociedad.

 

* Integrante del Centro de Estudios Económicos e Históricos sobre el Desarrollo (CEEHD) de la Universidad de Belgrano.