lunes 19 de abril del 2021
OPINIóN Plan Fines
30-11-2020 16:04

El adoctrinamiento en las escuelas y los chicos como rehenes

Hace tiempo el sistema educativo no realiza los debates realmente necesarios. Es importante interpelar a los actores y buscar entre todos las mejores iniciativas.

30-11-2020 16:04

La incesante labor del ejecutivo nacional y bonaerense, en complicidad con cierto sindicalismo de barricada, de adoctrinar no hace más que seguir dañando al pensamiento crítico. La historia de nuestro país no es que lo podría haber sido sino lo que fue y la labor disciplinar es comprender lo sucedido.

Nuestro país presenta una recorrida variopinta de hechos y sucesos, triunfos y fracasos. “Todo está guardado en la memoria”, dice correctamente en una majestuosa canción León Gieco. Democracia, golpes de estado, guerras civiles, presidentes populares y no tanto, grandes estadistas. Todos contribuyeron, a su manera, con aciertos y errores. Y el deber de la historia es mostrarles a los alumnos lo que pasó, absolutamente todo lo que pasó, así poder fomentar el pensamiento crítico.

Por el contrario, omitirlo ponderar sucesos desde una perspectiva ideológica, no es historia, es politiquería barata, o sea, adoctrinamiento. Los diseños curriculares deberían ser discutidos por expertos en sus respectivas disciplinas, junto a pedagogos y especialistas. Nunca pueden estar sesgados a una visión dominante.

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Recientemente, los Consejeros Generales de Cultura y Educación, Natalia Quintana y Diego Martínez, denunciaron el adoctrinamiento registrado en el Plan Fines, en los documentos bibliográficos de la materia Historia Argentina, la cual está caracterizada por un fuerte sesgo ideológico. En este material, por ejemplo, no se menciona la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas), ignorándose su pluralidad a pesar de la negativa en su composición por parte de por entonces legisladores del Partido Justicialista.

Tampoco se hace mención a los gobiernos de Frondizi e Illia, siendo este último curiosamente el que mayor porcentaje del PBI invirtió en educación en la historia, y ambos con el triste desenlace de un golpe de estado.

Omisiones que dejan en claro las reales intenciones. Es triste, pero lamentablemente no una rareza, que estas cosas sucedan bajo el amparo de gobiernos que son seducidos contantemente por ideas autoritarias.

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Vale la pena pensar gracias a la historia. Belgrano y Sarmiento fueron pioneros en la formación de escuelas. Siempre se pensó la escuela para educar a un pueblo que en aquel entonces era escaso y mayormente analfabeto. Pensaron en grande, por eso la historia los ubicó allí. Pero recuérdese que ambos en vida tuvieron severos cuestionamientos. Ninguno se hizo rico con la política, sino que pensaron a la política y a la educación con grandeza. La principal virtud de Sarmiento es que puso al Estado como ejecutor de políticas públicas educativas pluralistas y de calidad.

Desde hace tiempo el sistema educativo no realiza los debates realmente necesarios, aquellos  que la comunidad educativa exige y se merece. Los niños terminan siendo rehenes de decisiones que nada tienen que ver con su formación. Es importante interpelar a los actores y buscar entre todos las mejores iniciativas. Hay una visión corporativa de cierto sindicalismo mayoritario (no todo) que bloquea permanentemente la posibilidad de renovar, de pensar la educación del siglo XXI. Esto necesariamente sumerge en un retraso fatal a la educación de gestión pública, relegándola mayormente a un espacio exclusivo de contención.

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Desde las arcas oficialistas se ataca al mérito, se busca nivelar para abajo creyendo que esto es una manera de inclusión. Es simplemente una estafa. La gran mayoría de las familias argentinas (incluidas la de muchos sindicalistas amantes de los paros) eligen la educación gestión privada no necesariamente como decisión de base sino por evitar los inconvenientes que se producen en la gestión pública.

Pero en vez de tratar la cuestión y buscar la solución, se apela a la liturgia y la victimización. Argentina, que supo conocer escuela públicas donde estudiaban la hija del juez con el hijo del obrero, y ambos con orgullo hablaban de la escuela pública, hoy rehén de la parafernalia sindical que resulta ser una máquina de impedir toda reforma, toda posibilidad de pensar a la educación del siglo XXI. 

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Si queremos una educación del siglo XXI igualadora, moderna y pujante, debemos dejar de lado los sectarismos y sentarnos a debatir con especialistas y los principales paradigmas educativos. Escuchar y aprender. Mientras que esto no suceda, la escuela pública seguirá siendo rehén de gobiernos que no piensan a la educación en grande sino como células de aprendizaje doctrinario.

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