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OPINIóN / Política en redes sociales
lunes 7 octubre, 2019

El hilo de Macri

El autor analiza lo que expresó, a través de su cuenta de Twitter, Mauricio Macri, en el marco de las marchas del "Sí se puede".

por Luis Costa

Mauricio Macri. Foto: MARIANO SANCHEZ / NA
lunes 7 octubre, 2019

El domingo 06 de octubre Mauricio Macri (en realidad quien le administra la cuenta de Twitter) lanzó un hilo muy atractivo sobre cómo irían las cosas en esta primera semana de marcha por el intento de lograr una segunda vuelta contra Alberto Fernández. Su atractivo reside básicamente en que expresa el modo en que él y su equipo creen en estos días que el mundo funciona, como una suerte de amalgama en donde la fuerza de voluntad es lo que lograría que lo imposible, se convirtiera en posible. Expresado de esta manera, no serían las condiciones que nos rodean las que darían las chances mayores o menores de algún suceso, sino simplemente el creer en el objetivo. La contradicción de estos conceptos con mucho de lo dicho en estos años de gobierno es muy intensa y vale la pena pensar sobre sus consecuencias.

El relato de las desgracias de estos casi cuatro años fue teóricamente diferente. La herencia nunca fue tratada como algo a resolver por la voluntad del “SÍ”, sino como un condicionante recurrente y pesado al que solo se podía tratar en forma de limitante. Se podrían hacer muchas cosas, pero el kirchnerismo habría dejado un desastre. Además, en el contexto internacional habría una guerra comercial entre Estados Unidos y China, y la sequía del campo y el precio de la soja, y el valor del barril de petróleo, y la industria de los juicios, los cuadernos de la corrupción y la falta de credibilidad en el país y la forma de operar de la justicia, acompañaron a Macri y a su gestión en una secuencia irrefrenable de llanto por el no poder nunca ser. Del país que bloquea sus deseos de ser diferente, al que sueña con la modificación basado solo en la voluntad, hay un caos conceptual en formato de desesperación.

Probablemente, el peor momento, el más irrespetuoso, sea el que menciona al Gral. José de San Martín y su gesta libertadora. San Martín representa un caso fundamental en el que la voluntad se sobrepone a las limitaciones. Él tuvo que luchar y resolver la escasez de recursos, y no solo creer, sino construir un ejército profesional desde cero sin quejarse de que las condiciones de ese momento en el mundo no eran las más óptimas para esa tarea. No esperó tampoco a que los españoles se fueran de Chile para entrar por allí más “tranquilos”, ni abandonó el proyecto por los conflictos recurrentes en la falta de apoyo oficial. Pero Marcos Peña lo sacó de los billetes, porque había que dejar de pensar en los muertos, a esos que ahora se va a buscar para inspirar a los vivos. Como escribió Marx alguna vez: “…en estas épocas de crisis revolucionarias es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejes venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal”. Macri recurre a lo que quiso olvidar, a lo que pensó no necesitar, y lo hace por desesperación.

La frase “pasaron cosas” pasó a formar parte de los recursos populares y cotidianos del humor recurrente entre la gente. Cuando Macri la inauguró, lo hizo con el objetivo de centralizar una serie de episodios cuya unidad atentaba contra su voluntad de transformación real de la Argentina. Las cosas que habrían pasado eran tan condicionantes, que su voluntad no alcanzaba. El humor popular utilizó la expresión para adornar todo aquello que no saldría bien; y así con un asado quemado, hasta mezclar ropa de color con ropa blanca en el lavarropas, se podía acompañar con “y bueno, pasaron cosas”. En la forma de absorber ese casi emblema macrista, en tono de humor, estaba la esencia de su futura derrota electoral, porque ahora en las PASO a Macri le pasaron cosas.

Macri se tiene fe para octubre: ahora "sumó" a San Martín a la marcha del #Sísepuede

La reciente elección, y la que ya está por llegar, no puede explicarse como una instancia en que la voluntad podría convertir al no votante, en un votante propio. Los votos de Macri tienen un descomunal anclaje y dependencia de los sectores medios y medios altos, en centros urbanos y de fuerte tradición de cuestionamiento a la tradición peronista. Las marchas en forma de esperanza no se explican por la esperanza en sí misma, ya que esperanza también tienen los votantes de Alberto Fernández, sino por el pánico que tienen al regreso de Cristina Kirchner. Ese combo que Macri y Peña construyeron tiene forma de pánico y nada de esperanza. No hay voluntad en el pánico, no hay “SÍ”, solo hay un “NO”, y ese “NO” culminó sobre él como un destino terminal a un proceso que usó el tiempo, para solo transitarlo.

 


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