Voltereta: “vuelta dada por una persona apoyando las manos en el suelo y describiendo en el aire con su cuerpo un círculo vertical”, según el diccionario María Moliner. Refiriéndose a la historia humana, en el siglo XVII el abogado y filósofo napolitano Giambattista Vico concluyó que ésta “se desarrolla en círculos sucesivos”, hacia adelante y luego hacia atrás, pero en conjunto avanzando, progresando, aunque con diferencias de tiempo y forma según países y regiones del mundo.
Estas citas vienen a cuento porque si uno mira el antes y el inmediatamente después de las PASO, la conclusión es que los argentinos, antes que los “círculos sucesivos” de Vico, practicamos la voltereta, el giro en el aire sobre sí mismo y caída en el mismo lugar. Claro que cada vez más cansados y con los pies más doloridos, ya que según se mire, este reemplazo de círculos sucesivos por volteretas empezó en 1955, 1945, 1930, 1853… En fin, acabaríamos en la misteriosa muerte de Mariano Moreno.
Tal como están hoy las cosas, si la diferencia obtenida por los Fernández se confirma en la primera o segunda vuelta de las presidenciales, la sociedad y la política argentinas habrán dado otra voltereta, aunque siempre habrá un hacia atrás o adelante, porque por vertical que resulte, nunca se cae en el mismo lugar. Si hacia adelante, los pies siguen tan doloridos, pero el ánimo se revitaliza. Si hacia atrás, es dolor y depresión.
Metáforas facilongas aparte y yendo a los hechos, este cuasi anticipo de victoria kirchnerista –de momento no se la puede llamar de otro modo- aunque en principio supone un retorno al pasado más reciente, da lugar a interrogantes sobre la evolución de la relación Fernández-Fernández luego de una eventual victoria presidencial.
Por ahora, en pleno proceso electoral, es de suponer que se mantendrá la táctica diseñada y decidida por Cristina Fernández -designar a Alberto Fernández y mantener un discreto y mesurado segundo plano- ya que dio excelente resultado. No puede perder de vista que aunque la designación de Alberto y su discreción le han devuelto votos perdidos, esta victoria aplastante puede espantar no sólo a los mercados, sino a muchos votantes a la hora de las verdaderas presidenciales. El discurso por Skype de Cristina desde Río Gallegos, después de conocerse los resultados, fue de un tono conciliador. inteligente, convincente, aunque conociéndola, poco creíble.
Esta victoria aplastante puede espantar no sólo a los mercados, sino a muchos votantes a la hora de las verdaderas presidenciales
Ocurre que si en las presidenciales se confirma el resultado de las PASO, el interrogante es no ya quien ni mucho menos qué proyecto –ningún candidato detalló el suyo- sino qué talante gobernará el país.
Del la apabullante mediocridad del gobierno macrista, una suerte de perimido neoliberalismo mezclado con torpes caricias populistas, no hay mucho más que decir. Pero debe debe reconocerse que ha exhibido un talante republicano que, al menos comparado con el populista y en especial con el kirchnerismo, es otra cosa. No hay más que comparar el manejo de los medios públicos, de la cadena nacional, etc., entre los dos estilos. El último ejemplo son las elecciones de hoy. Es cierto que hubo un retraso en la información, según el oficialismo debida a problemas técnicos, pero cuando se dieron a conocer los resultados, la difusión sin tapujos de la amplia victoria kirchnerista no dejó dudas sobre la transparencia del comicio. En cuanto a las sospechas de que el gobierno demoró la difusión de los resultados para pensar en la manera de digerir la derrota y dirigirse a la población, están fundadas en el discurso de Macri, pronunciado antes de conocerse los resultados oficiales. Es evidente que no podría haber aceptado la derrota sin estar al corriente.
La difusión sin tapujos de la amplia victoria kirchnerista no dejó dudas sobre la transparencia del comicio
En cualquier caso, pecata minuta, comparada con lo que a todas luces preparaba el kirchnerismo: un rechazo político, e incluso legal, al resultado de los comicios para el caso de una eventual paridad o, por supuesto, de una derrota. Cualquiera que haya seguido los discursos electorales de cualquiera de los candidatos del Frente de Todos pudo detectarlo. Las advertencias fueron permanentes, aunque los indicios denunciados eran vagos.
Una vez más, cuestión de talante democrático. Y aquí viene la pregunta del millón: si por un lado Alberto representa, al menos en el discurso electoral, ese cambio de talante que recupera votos perdidos y atrae otros impensados, y por otro Cristina y su Cámpora han sido hasta ahora, tanto personal como grupalmente, el talante mandón que se expresa en el proyecto de acabar con la división de poderes republicanos, por ejemplo convirtiendo al Poder Judicial en una suerte de ministerio, ¿cuál de los dos “talantes” prevalecerá?
El peronismo está dividido; el radicalismo ya no se sabe bien qué es; el socialismo no es más que un excelente administrador municipal o provincial; la extrema izquierda sigue hablando solo en nombre de un proletariado en disminución, sino en extinción. El único dato positivo, por ahora, es el descrédito de los golpes cívico-militares y la cuasi inexistencia de la extrema derecha. Pero hay que subrayarlo; por ahora.
Así, el destino del país parece seguir siendo el enfrentamiento, la grieta, cuando no el desmembramiento social y político con fondo de decadencia económica crónica.
El destino del país parece seguir siendo el enfrentamiento, la grieta, cuando no el desmembramiento social y político con fondo de decadencia económica crónica
Volviendo a las citas, no hay más que seguir el consejo de Gramsci: “pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad”. De aquí a octubre pueden pasar muchas cosas.