OPINIóN
Desafío teológico-político

Sergio Massa y Javier Milei ¿enemigos o adversarios?

A veinte años de la primera victoria peronista, el candidato de Unión por la Patria quiere llevar el peronismo a sus orígenes, cuando el líder decía “al amigo, todo; al enemigo, ni justicia". El libertario Milei toma el guante y responde: "A Massa lo veo como un enemigo, no como un adversario".

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Sergio Massa y Javier Milei. | Cedoc

El ataque sorpresa de Hamas contra el Estado de Israel provocó conmociones en todo el mundo y éstas se han sentido repercutir en la Argentina, donde vive la mayor población judía de Latinoamérica. 

A un mes del atentado terrorista de Hamas, el país se encuentra en medio de unas elecciones presidenciales muy reñidas donde los dos candidatos condenaron de inmediato la violencia en términos enérgicos. Javier Milei, el candidato por La Libertad Avanza, realizó un pedido a la sesión de Diputados para intensificar y profundizar la solicitud de la liberación de los rehenes por parte de Hamas y, sobre todo, por los argentinos-israelíes a la Cancillería Argentina. Pedido que fue suscrito por todos los presidentes de los bloques de Diputados. 

Sin embargo, nadie ha sido más firme en su apoyo al Estado de Israel que el economista libertario, ex músico de rock, arquero de fútbol, outsider político... y aspirante a convertirse al judaísmo.

El otro candidato presidencial, Sergio Massa, por su lado, propuso en el debate presidencial de las elecciones generales incluir a Hamas en la lista de agrupaciones terroristas para la República Argentina. De hecho y no de modo anecdótico, el 30 de septiembre, la DAIA (Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas) realizó su acto anual en el hotel Four Seasons al que asistió todo el arco político con excepción de una persona: Javier Milei. 

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Massa, por el contrario, asistió y volvió a condenar a Hamas. Además de insistir en la pronta liberación de los secuestrados. Las palabras y la presencia del actual ministro de Economía fueron enfáticas, en cambio Milei envió a Diana Mondino como su reemplazante en el acto anual de la DAIA, que sólo pudo opacar su presencia junto a Ramiro Marra, el excandidato a Jefe de Gobierno de CABA por La Libertad Avanza.

Los 40 años “en el desierto”

Sin embargo, el excéntrico populista de derecha Javier Milei ha fracasado. No sólo no logró su objetivo, sino que también fue derrotado por el actual ministro de Economía, Sergio Massa. En el acto de cierre de campaña, el candidato de La Libertad Avanza dijo que se deben terminar los "40 años en el desierto". Con esta afirmación, Javier Milei hizo un doble llamamiento. 

Por un lado, apeló a la errancia de los 40 años del pueblo judío en el desierto y, por el otro, a los 40 años de democracia que ha tenido la Argentina y en los que se ha constituido como una garantía institucional y de los Derechos Humanos. Antes el libertario anunció su proyecto del traslado dela Embajada Argentina en Israel de Tel Aviv a Jerusalén y ahora el economista quiere consumarlo en su teología política. Así como no hay teología sin implicaciones políticas, no hay teoría política sin presuposiciones teológicas.

Enemigos y adversarios

La geografía política de Argentina se reconfigura con la gran elección de Sergio Massa en las elecciones generales. Tras coronarse ganador, Massa afirmó que es hora del "punto final". Este es el momento del fin de "la grieta" (una manera de llamar al reciente clivaje del kirchnerismo versus antikirchnerismo) y del fin de la lógica política de “amigo-enemigo". Amigo-enemigo se refiere a la idea de un importante libro de teoría política del jurista alemán Carl Schmitt. 

No obstante, esta mención del ministro de Economía también es un guiño a las fuentes del movimiento peronista: un guiño a Juan Domingo Perón. Porque Perón decía "al amigo, todo; al enemigo, ni justicia". Por tanto, Massa propone una vuelta a las fuentes del peronismo. Se distancia del kirchnerismo (recordemos: iniciado por Néstor Kirchner y continuado por su esposa, Cristina Fernández de Kirchner) para renovar todo el movimiento veinte años después de la primera victoria del kirchnerismo en 2003.

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Javier Milei, por su parte, en una reciente entrevista con el periodista peruano Jaime Bayly, sostuvo que "A Massa lo veo como un enemigo, no como un adversario". Si bien Milei señala una diferencia del estatus de quien va a enfrentar, el enemigo no es lo mismo que el adversario. Si el adversario es la persona por derrotar en un balotaje presidencial, el enemigo es la pregunta que toma forma para eliminarlo del juego democrático. La diferencia es clara: al enemigo se lo elimina, al adversario no

Mientras el peronismo se presenta como un movimiento y un partido con proyección hacia el futuro, Javier Milei y La Libertad Avanza entran en una paradoja colosal. El economista liberal libertario dice que "no miremos para atrás", pero retoma viejos modelos y habla de regresar al siglo XIX. 

Si algo caracteriza al partido liberal libertario, es hablar de “falacias”. Por cierto, en el último debate, mencionó varias veces la “falacia ad populum” como si eso quisiera decir algo porque tanto Massa como Milei son populistas. Desde ya, uno es un populista clásico y el otro lo es de derecha. Milei, en este sentido, incurre en un error taxativo: el principio de no contradicción. No podemos ir al futuro si nos quedamos estancados en el pasado. 

Javier Milei y el desafío judío

Los dos candidatos, Massa y Milei, son candidatos a ganar la presidencia de la República Argentina. Ambos han condenado el terrorismo de Hamás, pero el candidato peronista fue por más: propuso agregar a Hamás a la lista de organizaciones terroristas de Argentina. No es un gesto; es una condena enfática del terrorismo.

En muchos de sus discursos, el candidato paleolibertario repite sin cesar una cita que se encuentra en Macabeos 3:19: “Porque la victoria en el combate no depende de la cantidad de tropas, sino de la fuerza que viene del Cielo”. Importante advertir, entre tantas cosas, que la cita no proviene del judaísmo. 

Al contrario, el libro de Macabeos no se encuentra en el canon bíblico judío. Macabeos está por fuera y se lo considera apócrifo. De hecho, una de las promesas de Javier Milei es que si se convierte en el próximo presidente de la Argentina, él se convertiría al judaísmo como también prometió estudiar la Torá. Ambas propuestas van juntas porque para convertirse al judaísmo, antes se debe estudiar el Tanaj -conformado por Torá, Neviim y Ketuvim. 

Javier Milei estudia y es asesorado por un rabino, viajó a Estados Unidos para visitar el Ohel del Rebe de JabadLuvabitch (Menajem Mendel Schneerson), ¿nadie le advirtió que está ante un error? ¿Ninguno de sus allegados le dijo que estaba ante un grave error al citar en cada momento un pasaje bíblico que no se encuentra en la tradición judía? Y una pregunta tanto más importante: si Javier Milei, de forma concreta, se quiere convertir al judaísmo, ¿por qué no lo hace ahora? ¿Por qué tiene que esperar a ganar las elecciones presidenciales de la Argentina o es que, acaso, utiliza a los judíos y al judaísmo con fines electorales? 

En cualquier caso, el desafío no es tan fácil para Sergio Massa. La alianza entre el expresidente Mauricio Macri, líder de la otra gran fuerza política, y Javier Milei está más que presente en la arena política. 

El lenguaje utilizado por la derecha, o parte de ella, no es inocuo. Así como Javier Milei ha enfatizado la "destrucción" del kirchnerismo, Mauricio Macri ha dicho sobre Cristina Fernández de Kirchner que ella era el "mal" populista. Estos y más atractivos no son coincidencias, son itinerarios. 

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Porque así como hay un populismo "malo", el populismo peronista, habría uno “bueno”: el populismo de derecha, el populismo de Javier Milei. Si seguimos esta lógica, no sería absurda la idea de los "buenos ciudadanos". Hay, por lo menos, una fórmula "buena" que ambos derechistas utilizaron en este último tiempo: "argentinos de bien", "personas de bien", "gente de bien". Entonces cabe hacerse la pregunta, ¿qué les quedaría a los argentinos que no adscriben a sus ideas? ¿Qué hacer con los argentinos que están del otro lado? Y, sobre todo, ¿qué les queda por hacer a los argentinos que sostienen el pacto democrático que se está por renovar después de 40 años?

De todas maneras, lo que llamamos la derecha argentina llegó a esta instancia porque ha subestimado a Sergio Massa. Porque si su objetivo era la destrucción del kirchnerismo, deberían haberlo votado. 

Massa, en específico, se diferencia de forma tajante del kirchnerismo. Él, en su discurso ganador, no apeló a Néstor Kirchner ni a Cristina Fernández de Kirchner. Ni siquiera menciona a Axel Kicillof, gobernador reelecto en la Provincia de Buenos Aires. 

Este enfoque discursivo evidencia los nuevos tiempos del peronismo. Si el actual ministro de Economía es electo como presidente, Argentina ya no estará más anclado a "la década ganada": los diez años de gobierno kirchnerista. La posible Argentina de Massa vendría con novedades: un gobierno de unidad nacional, el fin de "la grieta" -kirchnerismo vs. macrismo- y el regreso del viejo peronismo al gobierno del país. Un fantasma recorre la Argentina: el fantasma del peronismo.

Dios, en algún sentido, nos probó y hemos pasado su prueba. Pero, en este nuevo desafío democrático, ¿seremos dignos de enfrentar el juicio divino? 

El 19 de noviembre, Argentina tendrá su segunda vuelta electoral, un balotaje, y se enfrenta a un dilema como Estado-nación: ¿un político centrista con perspectivas de futuro o un liberal-libertario anclado en el pasado? ¿Una reestructuración del país o un país vendido a las grandes potencias del mundo? ¿Un político de carrera o un mesiánico? Dios, nuevamente, juega a los dados.