OPINIóN
Oil & Gas

Texas: el milagro económico que puede inspirar a Argentina

Análisis de la transformación texana y oportunidades para Argentina.

Boom Goes Bust: Texas Oil Industry Hurt By Plunging Oil Prices
Boom Goes Bust: Texas Oil Industry Hurt By Plunging Oil Prices | Photographer: Spencer Platt/Getty Images North America

En el escenario económico global, pocos territorios lograron una transformación tan profunda y sostenida como el estado de Texas, en Estados Unidos. Lo que décadas atrás era una economía concentrada en el petróleo y la ganadería, hoy se consolidó como uno de los motores más dinámicos, diversificados y resilientes del mundo occidental.

Para Argentina, todavía fuertemente dependiente de las agroexportaciones y del desempeño de Vaca Muerta para la generación de divisas, el modelo texano ofrece una referencia concreta. En un contexto marcado por la volatilidad de los precios internacionales, los desafíos de la transición energética y la necesidad de diversificación productiva, analizar la experiencia de Texas permite pensar caminos posibles para fortalecer la competitividad, ampliar la matriz económica y consolidar un hub regional de inversiones y negocios.

El milagro texano

Texas exhibe indicadores económicos excepcionales. Fue reconocido durante más de 20 años consecutivos como el “Mejor Estado de EE.UU. para hacer negocios” y creció a una tasa promedio cercana al 5% anual, por encima del promedio nacional. Su Producto Bruto Interno alcanza los 2,7 billones de dólares, lo que lo ubica como la segunda economía de Estados Unidos y, de ser un país independiente, estaría entre las ocho mayores del mundo.

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El estado lidera exportaciones, innovación y generación de empleo, con bajos niveles de desempleo y un crecimiento poblacional sostenido; ayudado por el marco macroeconómico y regulatorio de Estados Unidos. La diversidad de su estructura productiva (energía, tecnología, manufactura avanzada, agroindustria y servicios) convirtió a Texas en un polo de atracción para inversiones y relocalización de empresas, reforzando su rol como motor económico nacional e internacional.

Más allá del petróleo y el agro

Texas ha sabido reinventarse a lo largo de su historia. Aunque el petróleo llegó a representar más del 20% del PBI estatal en los años ochenta, la crisis petrolera de esa década expuso los límites de un modelo excesivamente dependiente de los hidrocarburos. Desde entonces, Texas impulsó una estrategia deliberada de diversificación productiva, apostando por tecnología, servicios corporativos, manufactura avanzada, biociencias, sector aeroespacial, energías renovables, comercio internacional y agricultura de alto valor agregado.

Hoy, incluso con el desarrollo de yacimientos no convencionales, el peso relativo del petróleo y el gas es significativamente menor. Esto permitió al estado atravesar con mayor resiliencia los ciclos de precios internacionales y consolidar nuevos motores de crecimiento.

Texas lidera la generación de energía eólica y solar en EE.UU.; alberga polos tecnológicos como Austin, Dallas y Houston, donde operan compañías como Apple, Tesla, Samsung y Oracle; concentra grandes inversiones industriales en sectores automotriz, aeronáutico y electrónico; y es sede del Texas Medical Center, el mayor complejo hospitalario del mundo. El crecimiento financiero y logístico incluso derivó en la creación de una bolsa de valores propia.

Las claves del modelo

El denominado “milagro económico de Texas” se apoya en una combinación consistente de gobierno limitado constitucionalmente, políticas públicas pro-negocios y colaboración público-privada. Entre sus pilares centrales se destacan una política fiscal simple y competitiva, sin impuesto estatal a la renta; un marco regulatorio claro y ágil, que permite registrar una empresa en menos de 24 horas; una fuerte inversión en capital humano mediante alianzas entre universidades y empresas; infraestructura moderna y sostenida en energía, logística y conectividad; y un sistema de incentivos que combina exenciones fiscales, subsidios y acceso a capital para atraer inversiones estratégicas.

La visión de Texas es clara: crear y mantener un ambiente virtuoso y globalmente competitivo que sea un destino de negocio de clase mundial donde cada empresario quiera estar, pueda iniciar o instalar su empresa fácilmente y estar enfocado 100% en hacer crecer su negocio.

Este enfoque permitió captar más de 60 mil millones de dólares en inversión extranjera directa en los últimos tres años y atraer la relocalización de más de 200 grandes compañías en el último lustro.

La estrella solitaria no actúa sola

Aunque Texas reivindica su identidad y autosuficiencia, su desarrollo se apoyó en una fuerte articulación con el gobierno federal y el sector privado.

Proyectos estratégicos nacionales como el Centro Espacial Johnson de la NASA, la expansión del Puerto de Houston, la red de autopistas y los cambios regulatorios en energía y comercio exterior fueron decisivos para potenciar su competitividad.

A esto se suman plataformas de colaboración público-privadas como el Texas Medical Center, aceleradoras tecnológicas como Capital Factory y organismos dedicados a la promoción de inversiones como la Texas Economic Development Corporation (TxEDC). El sistema educativo, por su parte, cumple un rol activo en la formación de talento alineado a las demandas productivas y en el desarrollo de proyectos de investigación aplicada.

¿Argentina, Texas de Latinoamérica?

La experiencia texana demuestra que es posible crecer y diversificarse partiendo de una base apoyada en recursos naturales. No existe una dicotomía entre las industrias primarias y/o extractivas y las industrias de manufacturas y servicios, sino una complementación necesaria y estratégica. El éxito no fue inmediato ni automático, sino el resultado de una visión estratégica sostenida, un rol activo de gobierno como facilitador, reglas claras y un entorno favorable a la inversión y la innovación, con colaboración multisectorial.

Argentina comparte con Texas una amplia extensión territorial, abundancia de recursos, una población con capacidad emprendedora, y valores republicanos, democráticos y federales con respeto a los derechos individuales y la propiedad privada. En ese sentido, el modelo texano ofrece lecciones valiosas para continuar potenciando agro, petróleo y gas, y minería, pero también avanzar consciente y consistentemente hacia una economía más diversificada, resiliente, competitiva y promoviendo el desarrollo estratégico de otros sectores de alta integración tecnológica, innovación y aporte económico.

Ariel Bosio - Vicepresidente y cofundador de la Cámara de Comercio Argentino-Texas