En junio de 2026, el Primer Ministro laborista del Reino Unido, Sir Keir Rodney Starmer anunció su dimisión para el próximo otoño boreal, tras los resultados adversos en elecciones locales y regionales, que evidenciaron un debilitamiento de su liderazgo.
En este contexto, Andrew Murray Burnham, exalcalde de Manchester y recientemente electo diputado, emerge como figura central en la sucesión interna del Partido Laborista.
Su perfil político se caracteriza por un estilo pragmático y accesible, con énfasis en la devolución de poder a las regiones, la promoción de políticas de vivienda social y el impulso del crecimiento regional.
La transición de liderazgo se produce en un escenario marcado por tres desafíos estructurales: la gestión macroeconómica y el costo de vida, la redefinición de la política exterior británica en clave de redes de cooperación más que de esferas de influencia tradicionales, y la competencia electoral con Reform UK, partido de derecha populista con agenda euroescéptica y restrictiva en materia migratoria.
El reto del laborismo será articular una estrategia que preserve la cohesión interna y mantenga el atractivo ante el electorado moderado en vistas a las próximas elecciones generales, previstas aproximadamente dentro de tres años. Burnham es Maestro en Arte (Master of Arts, MA); habrá leído a Marco Aurelio: “el universo es cambio; nuestra vida es lo que nuestros pensamientos hacen de ella” (Meditaciones, Libro IV, 3).
Andy Burnham no llegó como tertuliano recurrente de programas televisivos a convertirse en el principal —y prácticamente inevitable— candidato para suceder a Keir Starmer como líder del Partido Laborista y Primer Ministro del Reino Unido. En muchos países angloparlantes, especialmente en aquellos que formaron parte de la Mancomunidad de Naciones (Commonwealth), predomina el llamado modelo Westminster o gobierno parlamentario.
En un parlamento del sistema Westminster, cuando se produce una vacante en la Cámara de los Comunes, se convoca una elección parcial, suplementaria, distrital y uninominal (by-election). Este sufragio no es general —cuando se eligen todos los diputados (Members of Parliament, MPs) del país al mismo tiempo, normalmente cada 4 o 5 años—, sino individual o para un número muy reducido de escaños, con el fin de reemplazar a quien dejó su asiento antes de tiempo.
Las causas habituales son renuncia, muerte, descalificación o anulación del resultado por irregularidades. En el caso de Andy Burnham, ganó la by-election de Makerfield el 18 de junio de 2026 porque se había producido una vacante en esa circunscripción (constituency).
En algunas ocasiones, en casos de crisis de liderazgo, el representante renuncia sin otro motivo aparente que facilitar la entrada al Parlamento de un potencial Primer Ministro; ese fue el caso de Josh Simons, el diputado laborista que dimitió para crear la vacante que ocupó Burnham.
En casos así, la by-election actúa como un barómetro, porque detecta la presión de la ciudadanía. Dijo Marco Aurelio que «Todo es efímero: el recuerdo y el objeto recordado»(Libro II, 14).
Como alcalde de Greater Manchester, Andy Burnham impulsó la Red Abeja (Bee Network), el sistema integrado de transporte público, y el Fondo de Buen Crecimiento (Good Growth Fund), un fondo de inversión de 1.000 millones de libras (aproximadamente US$ 1.300 millones).
Estas iniciativas buscan financiar vivienda asequible, regeneración urbana, infraestructuras de transporte, creación de empleo y espacios de innovación, distribuyendo el desarrollo por todos los distritos de la región y no solo en el centro. Todo ello, bajo el modelo económico que él denomina “manchesterismo”.
Sin embargo, no es lo mismo administrar una ciudad que gobernar un país. Inglaterra, aunque ya no es un imperio, sigue considerando la política exterior como un asunto cotidiano y estratégico. Manchester es una de las ciudades británicas con mayor diversidad cultural y religiosa, y desde la guerra civil en Siria su comunidad siria se ha vuelto más visible.
En este contexto, Burnham deberá tener presente —si es que aún no lo ha hecho— que el Reino Unido desarrolló en Siria la operación humanitaria más grande de su historia reciente.
Cualquier entusiasmo por ese esfuerzo de asistencia no debe hacer olvidar el principio de realismo geopolítico de Lord Palmerston (siglo XIX): “No tenemos aliados eternos ni enemigos perpetuos. Nuestros intereses son eternos y perpetuos, y es nuestro deber seguirlos”.
Cuando el 29 de febrero de 2012 el Reino Unido retiró a su personal diplomático de Siria, el entonces canciller William Hague (del gobierno conservador de David Cameron) sostuvo que la violencia se había intensificado hasta poner en riesgo directo a los funcionarios y las instalaciones de la embajada, en el marco de las sanciones financieras, comerciales y diplomáticas impuestas al régimen de Bashar al-Assad por la represión de civiles y las violaciones de derechos humanos.
Posteriormente, el 29 de agosto de 2013, tras el ataque químico en Ghouta (región agrícola situada alrededor de Damasco), el Parlamento británico rechazó la participación en ataques militares, lo que limitó un rol más agresivo contra el gobierno sirio.
La guerra, que en 2014 se superpuso con la lucha global contra ISIS, causó cientos de miles de muertos, más de 13 millones de desplazados (internos y refugiados en países vecinos como Jordania, Líbano y Turquía), destrucción masiva de infraestructura, un colapso económico (con una fuerte contracción del PIB), inseguridad alimentaria extrema y graves necesidades en salud, agua, saneamiento y protección.
Desde 2011 hasta 2025, el Reino Unido destinó más de 4.600 millones de libras esterlinas (aprox. US$ 5.800 millones) en ayuda humanitaria. Una Siria estable ofrecería oportunidades de negocios por entre US$ 250 y US$ 400 millones; para empresas energéticas británicas como Gulfsands Petroleum y British Petroleum, estas perspectivas resultan especialmente atractivas, más que el proyecto Sea Lion en la Cuenca Norte de las Malvinas, que involucra a Rockhopper Exploration y a la empresa israelí Navitas Petroleum (operadora con aproximadamente el 65% de participación).
Fueron años aciagos para la familia Al-Jarrat, que habita una antigua casa con patios bañados por el sol en el histórico barrio de Al-Shaghour, en Damasco. “Tenía aquella casa no sé qué suave encanto en la belleza humilde del patio colonial”.
Ese hogar fue escenario de la guerra y de la crisis humanitaria, lo que marcó profundamente la vida cotidiana de sus habitantes. Anas Al-Jarrat, de siete años, permanece inmóvil en una postura de aceptación y calma, con las manos cruzadas sobre el pecho y las yemas de los dedos tocando sus hombros. Al sonar la música sufí tradicional —con las notas de la flauta ney, las cuerdas y los suaves tambores—, el niño comienza a girar (Luqman Nieto y Mohammad Bashir Aldaher).
Este giro ininterrumpido sobre un pie, en sentido contrario a las agujas del reloj, es una práctica que se remonta a las enseñanzas del místico y poeta del siglo XIII, Jalal Al-Din Rumi. Representa una forma de disciplina física y devoción espiritual, y constituye la esencia de la tradición de los derviches giróvagos. Para la familia Al-Jarrat, este arte no es un simple espectáculo cultural para turistas, sino un legado espiritual transmitido de generación en generación.
En 2026, el pequeño Anas se convirtió en el derviche giróvago más joven de Siria, portador de un linaje centenario.
Greater Manchester alberga alrededor de 13.000 sirios (según RethinkRebuildSociety), la segunda comunidad siria más grande del Reino Unido después de Londres. El gobierno británico no solo ha publicado guías específicas para negocios que destaca oportunidades comerciales, sino que también ha brindado apoyo diplomático a la oposición de Bashar al-Ásad, ayuda no letal a los rebeldes, se ha integrado a la coalición anti-ISIS (Operación Shader, con bombardeos desde 2015), ha realizado labores de inteligencia y, según reportes, ha desplegado fuerzas especiales en zonas como Al-Tanf, base estratégica en el sureste de Siria.
Andy Burnham, al confirmar que una vez que asuma el cargo de Keir Starmer abrirá una oficina del Primer Ministro en Manchester —“esta Downing Street del Norte será el centro neurálgico de una Gran Bretaña reconectada”—, enfatiza que el poder ya no se concentra en un único centro soberano, sino que reside en múltiples nodos y flujos dinámicos de interacción global (Bernabé Malacalza).
Anas Al-Jarrat y Andy Burnham representan dos seres humanos y dos geografías que, en un mundo nuevo, comparten el mismo desafío que enfrentó Marco Aurelio hace casi dos mil años: “Si es necesario, hay que ir al encuentro del futuro con las mismas armas que se usan contra el presente”.