PERIODISMO PURO
ENTREVISTA

Hernán Lacunza: "No conseguimos un esquema macroeconómico para enfrentar la volatilidad internacional"

Con Jorge Fontevecchia, el ministro de Economía bonaerense habló de la reinserción de la Argentina en el mundo y la vuelta al Fondo Monetario Internacional. Mirá el video.

Hernán Lacunza, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.
Hernán Lacunza, en la entrevista con Jorge Fontevecchia. | Marcelo Aballay

En el reportaje de Jorge Fontevecchia en el Diario PERFIL, esta semana el ministro de Economía bonaerense, Hernán Lacunza, analizó la situación económica del país y realizó una autocrítica al asegurar que el Gobierno "no supo" construir un esquema macroeconómico "lo suficientemente robusto como para enfrentar la volatilidad internacional". El posible candidato a Hacienda a nivel nacional si es reelecto el Gobierno actual se refirió, además, a la reinserción de la Argentina en el mundo y la vuelta al Fondo Monetario Internacional. 

—¿Cuál es tu balance de la gestión de Federico Sturzenegger en los primeros dos años de gestión del Gobierno? Expresaste preocupación sobre el ingreso de capitales golondrina. María Eugenia Vidal también hacía críticas y vos fuiste su principal asesor.

—Como funcionario, no me corresponde hacer análisis. No voy a eludir la pregunta, pero necesito hacer alguna aclaración previa. No voy a analizar a colegas. No estoy acá en un rol de analista. Además, con el diario del lunes todo es más fácil. Incluso los análisis. Pero, en muchos campos de la economía, a veces nos pasamos de largo. Y parte de los problemas surgen por haber sido más ambiciosos de lo que podíamos. Recibimos un paciente en mal estado.

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—Tus metáforas son siempre médicas.

—También hago muchas futbolísticas (risas). Pero realmente teníamos un paciente en mal estado. En una trombosis, por los sucesivos torniquetes. No podemos desconectar todo y que el paciente salga caminando por el patio del hospital. Es imposible saltearse la terapia intermedia. Como autocrítica, y siempre con el diario del lunes, digamos que no supimos construir un esquema macroeconómico. Y eso se vio en la crisis de 2018. No conseguimos un esquema macroeconómico lo suficientemente robusto como para enfrentar la volatilidad internacional. Para enfrentar cosas que pasan: que suba la tasa de interés afuera, que haya una sequía. Esa situación se vio agravada porque teníamos una alta dosis de capitales especulativos. Cuando entran, generan una cierta bonanza y una apreciación del tipo de cambio, pero, por definición, tienen una alta agilidad ante los cambios. Cuando se corta el crédito de golpe –tal como sucedió en abril del año pasado– salen y provocan un efecto masivo, una huida en manada. A eso se suma la sensibilidad del ahorrista argentino medio, que tiene una historia financiera distinta de, por ejemplo, el brasileño. Aquí el dólar se mueve 10 centavos y sale en la tapa de los diarios. En Brasil, en la página 18. En la medida que haya estabilidad económica, estabilidad financiera y baja inflación, lo normal es tener libre movilidad de capitales. No es nuestro caso. Pero es fácil criticar con el diario del lunes. 

Cuando alguien quiere ir en bicicleta más rápido de lo que van sus piernas, seguramente...

—Antes de las elecciones de 2017, cuando se decía que Cristina Kirchner podría ganarlas, Vidal pidió que se vendieran divisas para evitar corridas. Intuyo que ahí estaba tu consejo.

—Esa hipersensibilidad también la vemos hace 60 años, no solo en 2017. Son episodios de estrés cambiario o de incertidumbre. Es una característica del mercado argentino, del ahorrista, del depositante, del inversor, del consumidor, del formador de precios. Por esa volatilidad, creo que para Argentina el mejor sistema es el de la flotación administrada, que también se usó en el segundo lustro de la década del 2000, que nos permite combinar dosis de flexibilidad y reglas. Un sistema de contención adecuado, que reduzca la volatilidad gratis, innecesaria. La importancia de la volatilidad que genera inestabilidad e incertidumbre. “Cuando alguien quiere ir en bicicleta más rápido de lo que van sus piernas, seguramente...”

—Es lo que se está haciendo hoy.

—Sí. No hay un compromiso de paridad determinada, hay una banda más o menos ambigua. También la banda pierde relevancia si se puede intervenir dentro de ella, no se ve la diferencia entre antes del techo y después del techo. Creo que esa ambigüedad es constructiva. La estabilidad que tenemos hace sesenta días viene de la mano de ese régimen de flotación administrada con posibilidad de intervención. Eso no quiere decir que si hay un cambio tecnológico, un shock real, un terremoto, que suban la tasa afuera, o una devaluación del real, pueda haber problemas. Pero no simplemente por rumores. Simplemente por setear el tipo de cambio un peso arriba del cierre anterior se genera una corrida.

—¿Qué diferencias hay entre la mirada económica de la gobernadora Vidal y la del gobierno nacional?

—No muchas. La gran definición es que tenemos que aprender a vivir con equilibrio presupuestario y fiscal. Todos sabemos que el déficit nunca lo pagan los gobernantes. Lo pagan los contribuyentes. Y al contado, con más impuestos. O posdatando, con deuda. Tenemos que combatir la inflación. No se trata de soluciones mágicas. No se trata de prácticas colusivas de empresarios mal intencionados. Además, tenemos que crecer en base al empleo privado y no el público. Tanto María Eugenia como Mauricio comparten ese prisma. Solo para no desatender tu pregunta, te diría que María Eugenia tiene más confianza en la intermediación del Estado. En cambio, el Presidente es más propenso a que las soluciones lleguen del sector privado.

—¿Sería una simplificación decir de que el Presidente está más cerca de una mirada más estilo Sturzenegger, y que la gobernadora está más cerca de la de Sandleris?

—Podría ser...

—¿Vos también fuiste funcionario de Horacio Rodríguez Larreta en el Banco Ciudad?

—No estrictamente, porque fui funcionario del Banco Ciudad cuando el jefe de Gobierno era Mauricio Macri, hasta 2015. Ahí pasé a la provincia. Pero lo conozco a Horacio.

—¿Comparten Vidal y Rodríguez Larreta los mismos matices diferentes de Macri? Vidal comenzó en la política de la mano de Rodríguez Larreta.

—Tengo referencias indirectas al respecto. Pero también trabajamos con el equipo de Ciudad, con Martín Mura. Tenemos empatía y coincidencia de enfoques. Te diría que Mauricio, Horacio y María Eugenia comparten el prisma básico. Un esquema bastante homogéneo, más allá de los matices.

... estará incubando un episodio crítico más adelante. Las crisis se incuban en la época de abundancia.

—¿Había margen para otra política económica en 2015?

—El gradualismo no fue tanto una elección como una imposición de la realidad. Teníamos un paciente grave, asintomático, no levantaba fiebre porque estaba sobremedicado con antifebriles, tenía los torniquetes para que no se desangrara por el dólar, un dólar artificial. Ese dólar de 9 pesos era artificial. Había indicios, pero no plena conciencia del problema. No se podía importar, se cortaba la luz periódicamente. Lo mismo pasaba con el gas. Era un paciente asintomático, que no era consciente de que tenía que hacer cambios profundos. Por eso era difícil hacer una política de shock en una sociedad que solo advirtió que había que hacer políticas de shock cuando cayó en el precipicio, 1989, 2001, con hiperinflación e hiperdesempleo. No es posible hacer reformas consensuadas importantes en épocas más tranquilas. Eso no quiere decir que no se hayan cometido errores. Pero el programa económico global fue el correcto.

—¿Había alternativa después de la crisis cambiaria de fines de 2017, principios de 2018, de no ir al Fondo Monetario Internacional?

—Nosotros apelamos al crédito internacional voluntario como para suavizar las reformas que había que hacer, especialmente la fiscal. Para ser autocríticos, se subestimó la magnitud del problema. Después se reveló lo que dicen los libros, que no es posible al mismo tiempo recuperar el crecimiento, bajar la inflación y corregir precios relativos. Teníamos las tarifas energéticas dislocadas. Teníamos que importar gas, se producía déficit fiscal y déficit externo. También teníamos el dólar reprimido, el cepo. Jugábamos al fútbol con un solo arco. Era muy difícil corregir todos esos vértices al mismo tiempo. Obviamente, si subíamos las tarifas bajaba el ingreso disponible, bajaba el consumo. Se hizo de manera secuencial, primero yendo a los precios relativos, proponiendo bajar la inflación, lo que generó un círculo virtuoso que terminó en la crisis de 2018. También creo que se subestimó lo que pudiera pasar con la corrección de los holdouts y la salida del cepo.

—Hubo una lluvia de capitales, pero golondrina: una lluvia ácida.

—El mundo no fue tan generoso al compararnos con la historia argentina previa. Además, no tuvimos una sincronía aceitada entre la política fiscal y la monetaria. El remo monetario iba más rápido que el fiscal, con lo cual el bote empezó a girar en redondo. Le exigimos a la tasa de interés que haga el trabajo de bajar la inflación.

—¿Quién remó mal?

—Esa buena acogida del mundo ante el programa argentino, esa reinserción de la Argentina en el mundo, y ese crédito internacional, nos tentaron a hacer la reforma fiscal más lenta. Después el mundo se retiró de manera brusca, el 27 de abril de 2018. Era el Fondo o el ajuste feroz.

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AB/FF