29 sep 2020
PERIODISMOPURO |Periodismo Puro/Entrevista
miércoles 16 septiembre, 2020

Martín Uribe: “Aumentar impuestos hoy en la Argentina es algo extremadamente perjudicial”

Conoce como pocos la economía y la política argentina y vive y enseña en los Estados Unidos, donde es investigador del National Bureau of Economic Research de aquel país.

Jorge Fontevecchia

REPORTAJE DE FONTEVECCHIA A MARTIN URIBE Foto: MARCELO DUBINI

—¿Una inflación alta de manera sostenida es una transferencia de ingresos y recursos de los sectores medios a los bajos?

—No. En realidad, es un impuesto que afecta más sobre los segmentos de ingresos bajos que no tienen capacidad de protegerse usando activos financieros sofisticados. Necesitan usar mucho el efectivo; la inflación les pega de lleno. Por supuesto, que aquellos que reciben las transferencias monetarias son compensados por encima del efecto de la inflación, pero hay mucha gente de clase media, de clase media baja, que no tiene acceso al IFE o a alguna de las asignaciones del gobierno. Esa gente es la más perjudicada por la inflación.

—La clase media o la clase media baja que no tiene acceso a esas ayudas es quien soporta el impuesto inflacionario.

—También en Argentina hay una clase que son millones de personas que están totalmente desenganchada del sistema económico, del sistema cívico. Algunos ni siquiera tienen documento nacional de identidad. Ese estrato, el más bajo que podríamos imaginar, que ni siquiera tiene acceso al IFE, no está conectado al sistema económico de ninguna forma. Esos son quizás los más perjudicados, porque se manejan en efectivo y no cuentan con ayuda. Hay un segmento muy bajo muy vulnerable. Hay un segmento intermedio que tiene alguna protección por el IFE y por los planes y después hay otros segmentos de clase baja, clase media, que también están muy perjudicados por la inflación. No es homogéneo el efecto de la inflación sobre las capas de ingresos. 

—Finalmente la inflación es un impuesto, el estado recauda con eso y lo distribuye de formas asimétricas. 

—Absolutamente.

—¿Tanto Mauricio Macri como Alberto Fernández, porque usaron, consciente o inconscientemente, la inflación para sostener y afrontar subsidios?  

—En la gestión de Macri se hizo un gran esfuerzo. La gente lo hizo en la etapa de reconstrucción de las tarifas de servicios públicos, que empezaron a los tumbos. No había audiencias públicas, los aumentos eran muy grandes, hasta que le encontraron la vuelta y empezaron a reconstruir el cuadro tarifario con muchísimo costo para la gente. Luego hubo una decisión desconcertante porque tuvo un rasgo muy demagógico y muy electoralista, que fue congelar las tarifas en el último año, durante la campaña electoral. En una economía donde la tasa de inflación era el 50%, es lo mismo que tirar por la borda todo el esfuerzo que la gente había hecho con muchísimo sacrificio durante los tres primeros años. No se tiró del todo, pero gran parte de eso se fue. Cosa que se siguió cuando asumió Alberto Fernández, en un contexto de inflación similar. La responsabilidad es mitad de Macri y mitad de Fernández.

En algunos temas, la responsabilidad es mitad de Macri y mitad de Fernández

—Fuiste en abril, creador de un neologismo económico, "límite epidemiológico de la inflación": si la inflación mensual pasara del 3% a más del 6%, no habría forma de que se pudiera cumplir una cuarentena porque la gente saldría de su casa inmediatamente después de cobrar a comprar para protegerse de la inflación. ¿Ves ese riesgo?

—En el momento que la hice, la cuarentena era muy cerrada. El gobierno dentro de todo pudo mantener la inflación por debajo de ese umbral. Pero eso no vino sin costos. Hoy el Banco Central tiene stocks de deuda remunerada, las famosas Leliqs, por alrededor de 22 mil millones de dólares. Son más de 30 mil millones de dólares al cambio oficial. Un stock de deuda altísimo y con un stock de reservas disponibles, la que realmente se puede usar, muy bajas. por debajo de 10 mil millones de dólares. Algunos las ubican alrededor de 5 mil millones de dólares. Costó mucha plata hacer eso.  

—Cuando no se imaginaba una derrota electoral de Mauricio Macri, antes de las PASO de 2019 proponías impedir las transferencias del Banco Central al Tesoro- Decías concretamente que había “una política fiscal pasiva ricardiana, que es una en la que el Tesoro se encarga de que le cierren las cuentas independientemente del Banco Central". El gobierno de Macri había propuesto en tres años eliminar la reducción del financiamiento del Tesoro con emisión monetaria. Ahora me pregunto: ¿No es lo que hace Donald Trump en los Estados Unidos durante la pandemia y lo que hicieron sus predecesores con el quantitative easing durante la crisis de las hipotecas?

—Eso era lo que yo proponía. Es cierto. Hoy el Banco Central de los Estados Unidos está proveyendo una cantidad impresionante de liquidez en la economía, como todos los bancos centrales de los países desarrollados. La política monetaria en Estados Unidos es extremadamente laxa. Al mismo tiempo, el gobierno de los Estados Unidos emite deuda a un nivel sin precedentes. Este año, el déficit fiscal en los Estados Unidos va a ser del 16% del PBI, un número nunca visto, excepto en los períodos de guerra. La gran diferencia entre los Estados Unidos y la Argentina es que en los Estados Unidos la expectativa es que el gobierno pagará su deuda dólar por dólar. Esa política monetaria sin precedentes no tiene efectos sobre la inflación porque la gente no espera el aumento de la tasa monetaria vaya a los impuestos. Esa situación no existe. Ese hábitat económico es muy diferente en la Argentina. Apenas sube la deuda del Banco Central, la gente empieza a pensar cómo va a hacer para solventarla.

REPORTAJE DE FONTEVECCHIA A MARTIN URIBE 20200903
La deuda se puede financiar con dos formas. Una es emitiendo dinero y la otra es teniendo superávit fiscal, dijo Uribe

—Con Bill Clinton la deuda llegó a sus niveles más bajos. Lo hizo con inflación. ¿Emitir deuda, sea con bonos del Tesoro de Estados Unidos, sea con Leliqs como en Argentina o con el instrumento financiero que sea, no es finalmente también emitir dinero?

—La deuda se puede financiar con dos formas. Una es emitiendo dinero y la otra es teniendo superávit fiscal. La cuestión es cuál es el mix: cuánto de superávit fiscal es para retirar esa deuda, servir esa deuda y cuánto la gente espera que sea de emisión monetaria. Es muy diferente en Estados Unidos que en Argentina. Yo creo que esa es la gran diferencia. Por lo tanto, no es relevante la comparación de cuánto está creciendo la cantidad de dinero en Europa Occidental o en los Estados Unidos. Esa deuda no genera inflación. La percepción sobre cuáles serán los superávits fiscales futuros es muy diferente en otros lugares. Por ejemplo, en la Argentina, el ministro de Economía, Martín Guzmán ya anunció que durante toda la gestión de Fernández no va habrá ni un sólo año de superávit fiscal.

—En Estados Unidos el superávit fiscal también es algo muy extraño. Y la propia Unión Europea cuando hizo su Tratado de Maastricht, planteó que el déficit fiscal debe ser superior al 3%. ¿La deuda finalmente termina pagándose con algo de inflación?

—No. Hay que distinguir el superávit primario del secundario. La administración de Clinton fue una administración fiscalmente muy conservadora, ayudada por un ambiente económico favorable. Allí, el superávit secundario, incluye los pagos por servir la deuda. Está bien que ese superávit secundario esté cercano a cero. A veces puede ser positivo, si se capitalizan intereses. El superávit primario es lo importante para hablar de sostenibilidad de la deuda. Y depende de si el gobierno está o no está dispuesto a generar superávits primarios. No es un bicho raro dentro de la política fiscal norteamericana.

—Estados Unidos está llegando a un porcentaje de deuda sobre el producto bruto incomparable. Se asume que en el futuro lo va a pagar la próxima generación. Es algo contraintuitivo, porque uno supone que la próxima generación no va a querer pagar eso y que finalmente no lo va a pagar nadie, que habrá alguna forma de roll over continuo de la deuda y de licuación del valor del dólar para que la próxima generación no tenga que pagar.  

—Lo que hacen los gobiernos es pagar los intereses de la deuda permanentemente. Es como si estuvieses pagando tu deuda. No hace falta que tu stock de deuda pase de un producto bruto entero como sucede hoy en los Estados Unidos a un tercio. Si el gobierno genera superávit fiscales necesarios para pagar los intereses es como pagar la deuda. Para los mercados financieros pagar los intereses puntualmente y hacer un roll over, o una renovación de la deuda, basta.

No hay que comerse el amague si baja el riesgo país

—Si vos tenés 2% de inflación por año y la tasa de interés es cero o menor que la inflación, se va licuando, aunque homeopáticamente. La diferencia entre los países desarrollados y los subdesarrollados es que esa licuación es homeopática en los países desarrollados y alopática en los países subdesarrollados.  

—Sí, por supuesto. Hay deudas de diferente madurez, pero si la tasa de interes es muy cercana a cero y la tasa de inflación todavía es positiva de alrededor de un 1%, la tasa real de interés es negativa y la deuda se va licuando. Son las condiciones del mercado. Lo importante es que el gobierno pague los intereses nominales que existen sobre la deuda. Para saber si se está en una situación de default o no, la comunidad crediticia internacional debe percibir que el gobierno tiene la capacidad de pagar los intereses de la deuda, no el capital.

—Hay una ficción respecto de que va a pagar la próxima generación. Es ficcional como construcción; en la medida que lo crea el sistema y le parezca el mejor sistema posible, lo acepta. No es que la deuda de la Segunda Guerra Mundial la pagaron los baby boomers, ni que la deuda que hoy se está tomando la va a pagar la generación X o Y. El punto es que los países sin financiación no pueden participar de esa ficción útil, o como diría el Talmud, "verdadero es lo útil". Es una convención. Pasemos a algunas cuestiones específicas. ¿Subirá el precio de las materias primas alimenticias y al mismo tiempo se debilitará el dólar por el déficit fiscal que tiene Estados Unidos el dólar se va a debilitar? Eso implica que aumentarán su valor en dólares.

—No tengo una bola de cristal. Los commodities sufrieron en los últimos años caídas muy importantes. Después de la caída muy grande del petróleo hace poco, los precios de los commodities se vienen manteniendo bastante bien. El precio de la soja, el más relevante para nosotros, durante esta crisis no sufrió demasiado. La recuperación argentina depende más de lo que hagamos internamente que del panorama internacional. Estoy menos preocupado por el panorama internacional en lo que hace la recuperación de nuestro país que por el panorama local.

REPORTAJE DE FONTEVECCHIA A MARTIN URIBE 20200903
La recuperación argentina depende más de lo que hagamos internamente que del panorama internacional, aseguro Uribe

—¿Habrá un debilitamiento del dólar que favorezca a la Argentina?  

—Es un año electoral en los Estados Unidos. Dependerá mucho de quién gane las elecciones. Si gana Joe Biden, la política fiscal norteamericana ganará en términos de percepción en consistencia. Por lo tanto, no veo una depreciación muy grande del dólar. De ganar Donald Trump la cuestión será una lotería. Es un gobierno populista donde todas las políticas económicas, sanitarias, se politizan. Esa polítización es muy errática. Ahí veo mucha más incertidumbre que puede afectar al tipo de cambio, especialmente el del dólar.  

—La indicaría que ese aumento del déficit fiscal de Estados Unidos inevitablemente tiene generar un debilitamiento del dólar como consecuencia de ese déficit fiscal.

—La macroeconomía tiene una parte no intuitiva: las expectativas son muy importantes. Por eso decía que es importante que sea un año electoral. Todo depende de qué espera la gente acerca de lo que haga el gobierno para pagar ese déficit fiscal. Si la gente cree que el gobierno va a resolverlo con instrumentos fiscales, aumentando el superávit primario, el efecto sobre el dólar va a ser mucho más atenuado que si espera que parte de eso se financie con mayor inflación. No solo es importante cuánto sea el déficit fiscal, sino cuál es la percepción, cuál es la expectativa sobre la financiación ulterior.  

—Pero más tarde o temprano, la realidad emerge, más allá de las expectativas. Si el déficit no se financia con una reducción del gasto, influirá en una menor valalorización de la moneda de ese país.  

—Es así. Lo que hacen las expectativas es traer eso al presente. Esos efectos pueden darse en el presente por las expectativas. Pero es cierto que a medida que pasa el tiempo, la realidad emerge. Y si el gobierno reduce o no el déficit fiscal, o un mix más de emisión monetaria, el efecto sobre la inflación y sobre el dólar existirá.

La recuperación argentina depende más de lo que hagamos internamente que del panorama internacional, dijo Uribe

—Cuando comenzó la pandemia, el premio Nobel Joseph Stiglitz advirtió sobre una ola de defaults de deuda soberana que finalmente no sucedió. Argentina concluyó con éxito la renegociación con los acreedores privados y ahora comenzará la renegociación con el Fondo Monetario Internacional. ¿Cómo se desarrollará esa renegociación?  

—Una reestructuración es un default sin ir a la Corte. Es una vergüenza, no es algo para celebrar. Es positivo que este default no haya ido a la Corte, porque si hubiésemos tenido un default yendo a la corte, hubiese realmente interrumpido los pagos internacionales. Todo tipo de pagos: por vacunas, por ejemplo. Hubiese sido muy pernicioso para la economía. Pero el hecho de que el riesgo país no se haya movido pese al acuerdo es una indicación de que todo este proceso de renegociación, las idas al fondo, las reuniones con BlackRock, las reuniones con el Papa, no hicieron nada para cambiar la percepción de la comunidad crediticia internacional sobre la disposición del gobierno argentino a pagar. No cambió para nada esa percepción. Tenemos mala reputación. No sé si se puede hablar de una renegociación exitosa, entonces. Quizas en las próximas semanas, en los próximos días, inclusive cuando empiecen a comercializarse los bonos nuevos, puede ser que veamos una caída del riesgo país. Incluso esa caída no va a significar absolutamente nada. Es un ajuste actuarial que hace el JP Morgan, la institución que calcula el riesgo país. Si el riesgo país cae entre unos 400 o 500 puntos, que eso es un signo de que tenemos mayor robustez financiera, o que el resto del mundo nos considera con una mayor capacidad de pago. No significa absolutamente nada desde el punto de vista económico. Yendo al corazón de tu pregunta, creo que la renegociación con el fondo irá por carriles muy parecidos a lo que fue la renegociación con los acreedores internacionales. La diferencia es que el Fondo nos va a pedir condiciones: que tengamos un panorama claro de cómo va será la trayectoria del déficit fiscal. Eso tiene cosas buenas y malas.

—Más allá de lo que se dice acerca de Kristalina Gueorguieva, los últimos acuerdos del Fondo Monetario Internacional parece confirmar el chiste que IMF (la sigla del Fondo en inglés) es "It's mostly fiscal". O sea, no habría nada nuevo

—Es cierto. El Fondo pondrá mucho hincapié en la cuestión fiscal. Por eso hablaba de cosas buenas y cosas malas. El aspecto bueno es que hace falta que el gobierno ya esté pensando seriamente en la disciplina fiscal, más allá de la pandemia. El malo es que el Fondo le pone tanto énfasis al déficit fiscal que a veces pone menos atención a qué instrumentos que usarán para bajarlo. Al Fondo Monetario le interesará menos que la economía ponga un impuesto más o aumente los impuestos y mucho más bajar el déficit. Un análisis económico serio dice que aumentar impuestos hoy en la Argentina es algo extremadamente perjudicial. El Fondo tiene una especie de impaciencia por reducir el déficit que puede llevar a errores. El arreglo que hizo Mauricio Macri con el Fondo, para no irnos muy lejos ni muy atrás, fue básicamente aumentos de impuestos y freno de la obra pública. Ese tipo de mix suele estar bien para el Fondo. No le interesa mucho si el aumento de impuestos es extorsiv o si es recesivo. Tiene impaciencia una prioridad en bajar el déficit fiscal que muchas veces no es la más adecuada.

Uribe: “Hay que reforzar la AUH; la gran falla del mercado es el 50% de jóvenes pobres”

—Mauricio Macri fue bienvenido por la comunidad financiera internacional, al punto que muchos lo llamaban "el asesino del populismo", Los inversores internacionales aplaudían a Argentina. Luego, el Fondo Monetario vino al rescate y presentó proyecciones económicas completamente inexactas, que hundieron más al país en la estanflación. ¿No hay responsabilidad de los economistas del Fondo en la crisis de deuda?

—Absolutamente. La deuda argentina no era inevitable. El análisis económico que hizo el Fondo Monetario fue pésimo. Basta un ejemplo. el Fondo Monetario hizo lo que se llama una evaluación de la sostenibilidad de la deuda en junio del 2019, días antes de las PASO y concluyó que la deuda de Argentina era sostenible. Llegan las PASO, pasó lo que pasó, subió una fuerza al poder que decía que no iba a pagar porque iba a reestructurar la deuda. Por supuesto, lo que ocurrió fue que empezaron a apilarse todos los vencimientos después de las PASO. Se produjo rápidamente una crisis de pagos que obligó al gobierno a extender plazos. El riesgo país se fue de 600 a 2500. En febrero del 2020, el Fondo Monetario hizo lo que se llama un statement sobre la deuda y concluyó que la deuda externa argentina es insostenible. Lo hizo basado en dos cosas: en que el riesgo país subió y en que el gobierno tuvo que extender los plazos de la deuda unilateralmente. Ese análisis económico es imperdonablemente malo. Esas son dos situaciones que los economistas llamamos variables endógenas. Que el riesgo país suba no es una variable que llamamos fundamental. Tampoco que el gobierno esté obligado a extender plazos. Una deuda no es sostenible cuando su aumento no está relacionado con un aumento en el superávit fiscal. Entre julio del 2019 y febrero del 2020 no pasó nada fundamental en la Argentina. La cosecha del 2019 fue normal, muchísimo mejor que la del año anterior en la que que hubo una sequía impresionante. Lo único que pasó fue que llegó una fuerza política que dijo que no pagaría. Cuando asumió el Frente de Todos, Martín Guzmán decía que teníamos que reestructurar sosteniéndose en que el Fondo Monetario decía que la deuda argentina era insostenible. Lo afirmaba como si eso fuera una rúbrica de legitimidad. La base era un argumento erróneo. A los economistas nos gusta hacer “análisis contrafactual”, que por supuesto son incomprobables.

—A los periodistas también nos gusta.

—Es un análisis muy importante si uno tiene un marco conceptual. Vale la pena hacerlo ahora. Supongamos que las dos fuerzas políticas argentinas, tanto Mauricio Macri como Alberto Fernández, hubieran hecho campaña electoral basada en el siguiente principio. El gobierno de Macri trajo el déficit fiscal, bien o mal, a los tumbos o como sea, de alrededor de 5 a 7% del PBI a 0% o a 0,5%. Un compromiso de los candidatos, va a ser llevar eso a un 3 % de superávit, algo que no era imposible, porque todavía faltaba actualizar más las tarifas; se podría haber hecho un congelamiento de vacantes, sin echar empleados públicos. Eran cuatro o cinco medidas que lleven el superávit fiscal al 3% del PBI. ¿Qué hubiese pasado con las PASO? Lo que ocurriría es que aunque Fernández haya ganado por una mayoría enorme, no hubiese pasado nada con los acreedores internacionales. Nadie hubiera exigido pagos ya, porque contarían con la expectativa de que el gobierno realizaría ese esfuerzo. Esto basta para demostrar cuán pobre es el análisis de sostenibilidad del Fondo Monetario. Los cuadros técnicos del Fondo saben exactamente cómo se calcula un statement de sostenibilidad. Lo que sucedió es que Gueorguieva no es cualquier persona. Tiene una ideología y la está poniendo en el manjejo del Fondo Monetario. 

—Guillermo Calvo dijo en abril del año pasado que era mejor que ganase el peronismo, porque Mauricio Macri no tenía ni tendría aún si ganaba la cantidad de diputados y senadores suficientes para hacer los cambios necesarios. Agregaba que no sabía si el peronismo querría hacer esos cambios, pero tendría las condiciones. ¿No había ya default en ese momento?, ¿ que Argentina haya tenido que ir al Fondo Monetario Internacional no implica que ya no creían tampoco en Macri?

—La administración de Macri fue al Fondo dos veces. La primera fue en una situación en la que Argentina intentaba solucionar el gran problema fiscal que había dejado Cristina junto a ese tremendo shock negativo que fue la sequía. Con la pandemia, ese shock de la sequía parece un bebé de pecho... Pero en esa época, fue algo clave para Macri. En ese contexto, acudir al Fondo fue muy positivo. Puso a la administración Macri en un camino de mayor énfasis en la disciplina fiscal, algo clave en ese momento. Se hizo el esfuerzo incluso de parar la obra pública. La crisis de la deuda no era inevitable. Que el Fondo diga que "la deuda argentina es insostenible" da la sensación de que es así. Pero para eso estamos los economistas: para hacer un análisis más profundo. Es una institución con intereses que no solo son económicos.

REPORTAJE DE FONTEVECCHIA A MARTIN URIBE 20200903
Uribe: "Si el gobierno genera superávit fiscales necesarios para pagar los intereses es como pagar la deuda" 

—¿En qué situación estaríamos hoy si hubiera ganado Mauricio Macri?  

—No los sé. Macri me desconcertó durante la campaña presidencial. Para ganar las elecciones, decidió tirar por la borda todo el esfuerzo previo. Perdió parte del esfuerzo que se había hecho con el ajuste de las tarifas, decidió reducir el IVA a los alimentos, es una medida electoralista. No le creyó nadie y eso fue más desconcertante. La pregunta sobre lo que hubiera hecho es demasiado contrafactual. Antes de la campaña, te hubiera dicho otra cosa. Ahora, no sé. 

—Supongamos que Macri tomaba esas medidas siguiendo aquello de Carlos Menem: "si hubiera dicho lo que iba a hacer, no me votaban" y volvía a sus planes con el Fondo Monetario Internacional. ¿Se hubiera renovado la deuda? 

—Probablemente.

—Se hubiese renovado con tasas de interés que implicaban un costo financiero de 20 mil millones de dólares. ¿Era sustentable?

—Con un superávit fiscal del 3% del PBI, sí. El gobierno hubiera podido hacer un esfuerzo para pagar los intereses inicialmente y luego renovar la deuda a tasa más baja. Ese esfuerzo lo hubiese puesto en una trayectoria de poder ir cambiando la madurez de deuda con tasas que se renueven. Es lo mismo que cuando se tiene una hipoteca. Si la tasa de interés baja, uno puede ir al banco y pedir un nuevo crédito con tasas más chicas. Macri podría haber hecho una cosa de ese tipo. También Fernández, o cualquier presidente con la predisposición para hacerlo.

—Considerando la política argentina, llegar a ese 3% ó 4% hubiera llevado al menos un lustro. Las tasas de interés globales hoy están muy bajas, pero pueden subir. Quizás la sociedad argentina tuvo razón y finalmente el planteo de Macri fue equivocado porque partía de concebir a la Argentina como un país desarrollado. Podría ser que su razonamiento sirviera para Japón, pero no para un país como el nuestro 

—La comunidad crediticia internacional que tiene relación económica con Argentina sigue a nuestro país muy de cerca. Los prestamistas conocen la economía argentina tanto como nosotros. Lo sé porque converso con ellos. Un gobierno que emita signos claros de reducción de los subsidios a la energía, que va a reducir el stock de empleados públicos, tiene intención de poner a la economía en una trayectoria de sostenibilidad, tendría resultados reflejados en forma muy rápida en los mercados internacionales. La Argentina ejerce sobre los inversores internacionales una especie de peligrosa seducción. Saben que tiene todavía una población relativamente educada y recursos naturales. La situación en Argentina es pura consecuencia de políticas gubernamentales.

Si el gobierno genera superávit fiscales necesarios para pagar los intereses es como pagar la deuda.

—¿Cuál es tu mirada sobre la salida de la pandemia en Latinoamérica? ¿Hay alguna posibilidad de rebote?

—Hay dos líneas de pensamiento. Hay una que dice que esto va a ser una L, que seguirá una recesión muy larga y otra que va a hacer va a ser una V. Soy optimista en el sentido de que una vez que la pandemia quede atrás, las economías rebotarán más o menos rápidamente. No se rompieron muchas relaciones financieras en este contexto. Una vez que la gente vuelva a trabajar y reanuden las relaciones laborales, las economías van a rebotar. Muchas economías latinoamericanas dependen de commodities, como nosotros. Hasta ahora, sus precios soportan bastante bien la pandemia. No se vio un colapso en el precio de los granos. El petróleo, muy importante para Colombia o Brasil, se viene recuperando después de una caída que no tuvo que ver con la crisis sanitaria. Su origen está más bien en problemas políticos entre los países que producen petróleo.

—¿Cambiará el balance económico entre China, Estados Unidos, Europa y Latinoamérica?  

—Creo que la situación va a volver a la normalidad relativamente rápido. Es cierto que China es una potencia en emergencia. Tendrá un rol cada vez más preponderante en el contexto mundial, no solamente a nivel de comercio internacional sino también monetario. Cada vez se amplía más la zona de influencia de la moneda china. Volveremos rápido a una situación en la que China crece en términos relativos.

—¿Se pueden producir en Latinoamérica conflictos como el de Inglaterra, donde se prohibió la utilización de tecnología 5G china?   

—Hay un problema muy grave que deberá ser abordado de alguna forma diferente a la de Donald Trump. Es el problema de las patentes. China no tiene ningún respeto por las patentes en muchas de sus inversiones, a diferencia de lo que sucede en Estados Unidos o Europa. Estoy en desacuerdo con el 99,9% de las políticas de Trump; pero hace un diagnóstico acertado, que es el tema de las patentes. Es un área de conflicto. Es algo que deberá llevar Joe Biden a la mesa de negociación si resulta elegido. Tiene que ser una cuestión negociada, porque los Estados Unidos le compran muchísimas materias, artículos no tecnológicos, prendas, camisas, electrónicos. Mientras los chinos no respetan patentes. Será un problema muy ríspido. Y que tiene incidencias en nuestro país.

—¿Cuál es tu pronóstico para los próximos años de Argentina?  

—Lamentablemente, soy pesimista. El arreglo de la reestructuración de la deuda de la Argentina padece de un problema de inconsistencia temporal. Es un programa de reestructuración que dice básicamente que en la administración de Alberto Fernández pagará cero de capital y muy poquito de intereses, y luego muy rápidamente el interés ascenderá a 5%. Muy rápidamente se empieza a pagar capitales. Me preocupa que tengamos que volver a la mesa de negociación en menos de diez años. Es una debilidad estructural de la renegociación que me resulta preocupante. 

—¿Cómo serán las condiciones económicas en lo que resta de la gestión de Alberto Fernández? 

—La expectativa es que exista una vacuna pronto. No sé si este año, pero sí seguramente en la primera mitad de este año. Será un factor importantísimo de recuperación económica. La economía rebotará. La economía estará fuera de los mercados por un tiempo y seguirá dependiendo de la emisión monetaria. Veo en los próximos tres años alta inflación. El 42% de este año va será un piso para el año que viene. La inflación del año será eso o quizás mucho más. Lo positivo es que habrá una recuperación. En lo macroeconómico todavía veo mucha inestabilidad en lo inflacionario. Hay un problema gravísimo que es el cambiario. La Argentina debería moverse rápidamente en un sistema de tipo de cambio totalmente flotante.

La Argentina ejerce sobre los inversores internacionales una especie de peligrosa seducción

—¿Puede haber rebote sostenido con una inflación de 60/50% y con una brecha cambiaria del 70% o el 80%?  

—Una cosa es la recuperación del ciclo. En este momento, estamos en una recesión comparable a la del 2001. Esa situación va a desaparecer. Pero no tiene un crecimiento virtuoso una economía con una inflación del 50%,, con una brecha cambiaria del 80%, con un nivel de impuestos que hace que sea inviable producir. Una cosa es la tendencia del crecimiento y otra la recesión. Con la vacuna especialmente se va a solucionar. Se va a salir rápido de la recesión.

—Hagamos el siguiente planteo: este año, la economía argentina cae 12%. El próximo crece 6%; el siguiente, 4%; el siguiente, 3% y hay cambio de gobierno. Finalmente, entregará el poder con el mismo producto bruto per cápita previo a la pandemia. Lo que habrá hecho es recuperar la situación anterior, en vez de crecer.

—Exactamente. Lo segundo a analizar es si Argentina tiene hoy condiciones para entrar en una tendencia de crecimiento de 3 o 4%, lo normal en un país emergente como el nuestro. La respuesta es que no están dadas las condiciones. La Argentina hoy es una economía extremadamente trabada y regulada. Las regulaciones son de tal nivel que las empresas internacionales están pensando en levantar todo e irse.  Es una situación muy complicada. Hay variables que están en una situación pésima.

 


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