Sonia Molina, la mujer secuestrada durante tres meses en la ciudad bonaerense de Coronel Suárez, se recupera por estas horas de las heridas que Jesús Olivera y Estefania Heit dejaron en su cuerpo durante su cautivero.
Mientras tanto su madre, Mónica Santander, contó al sitio Nuevo Día digital de Coronel Suárez que Olivera había llegado a Río Colorado (donde conoció a su hija) para fundar una sucursal del Centro Cristiano “Amar es combatir”. La mujer lo calificó de “chanta”.
"Yo también estuve en ese centro pero me alejé porque no me gustaba. Le dije a mi hija que hiciera lo mismo pero no quiso", explicó.
De acuerdo al último parte médico difundido ayer "la paciente se encuentra vigil, tranquila, orientada en tiempo y espacio, lúcida y contiene juicio. Durante la evaluación no presenta rasgos psicóticos agudos ni espontáneos”.
El examen físico, en tanto, sostiene que la víctima presenta "múltiples hematomas corporales diseminados en cabeza, cuello, tórax, abdomen y miembros con edema significativo sin traducción radiológica en pie izquierdo (partes blandas)” y “lesiones en dorso de manos y pies compatibles con quemaduras por cigarrillo. Leve edema genital externo”.
Molina relató que durante secuestro debió comer polenta mezclada con comida para perros: "Descanso superficialmente durante la noche, se alimenta con normalidad y moderación (refiere tener mucho apetito)”, dice el parte. “Está recibiendo tratamiento por pediculosis en cuero cabelludo", agrega.