Luego de 25 años de negociaciones, el acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur dio un paso decisivo, cuando el Consejo Europeo, integrado por los jefes de Estado y de Gobierno de los 27 países miembros, logró en Bruselas la mayoría necesaria para avanzar con su aprobación. Se trata de una votación que en otras oportunidades había fracasado y que marca un punto de inflexión en una negociación con cambios, disputas internas y presiones.
Así, el momento clave quedó plasmado en una imagen largamente esperada: los representantes europeos reunidos bajo la conducción de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y del titular del Consejo Europeo, António Costa. De esta manera, simbolizó el cierre de una etapa que el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, había proyectado protagonizar antes de que finalizara su presidencia pro tempore del Mercosur, en diciembre pasado.
La agenda de esta semana expuso una particularidad política: mientras la cumbre formal del Mercosur se realizará este sábado en Asunción, bajo la presidencia del paraguayo Santiago Peña, el encuentro central entre la Unión Europea y Brasil ocurrió de manera anticipada en Río de Janeiro. Allí, Von der Leyen y Costa se reunieron con Lula en un gesto político de alto impacto que reconfiguró el escenario previo a la cita regional.
Aunque la ausencia de Lula en Asunción no es menor. Mientras los presidentes del Mercosur posan para la foto oficial, el mandatario brasileño concentró el diálogo estratégico con Europa desde Río, reforzando su rol como interlocutor clave del bloque sudamericano. El contraste no pasó inadvertido en la Casa Rosada, donde el presidente Javier Milei esperaba capitalizar el avance del acuerdo como un logro propio de su gestión.
Protestas agrarias y resistencias internas en Europa
Del lado europeo, el camino está lejos de despejarse. Francia, Irlanda y Hungría votaron en contra del acuerdo, presionados por una fuerte reacción del sector agropecuario. En Bruselas y París, agricultores protagonizaron protestas contra el ingreso de carne y productos agrícolas del Mercosur, a los que consideran una amenaza directa.
El gobierno francés, encabezado por el presidente Emmanuel Macron, anticipa un escenario complejo en los próximos meses. Aunque el acuerdo avanzó por mayoría, resta la ratificación del Parlamento Europeo y de los Estados miembros, una instancia en la que el rechazo rural podría intensificarse. En ese contexto, la Unión Europea ya analiza un esquema de subsidios por más de 20.000 millones de euros para contener el impacto en el sector agrícola.
Geopolítica, Venezuela y tensiones regionales
La negociación también se inscribe en un tablero geopolítico más amplio. Brasil sigue de cerca la crisis en Venezuela y los movimientos de Estados Unidos en el Caribe, un factor que influye en la estrategia europea hacia la región. A esto se suma la decisión del gobierno brasileño de dejar de representar diplomáticamente a la Argentina en Caracas, mientras Italia avanza en contactos con el gobierno venezolano para reabrir su embajada.
Aquel contraste entre Brasil y Argentina se vuelve más visible. Milei celebra el acuerdo con la Unión Europea, pese a haber cuestionado al Mercosur meses atrás, y refuerza su alineamiento con Washington.En Brasil, en cambio, el avance del tratado se lee también en clave electoral: Lula buscará la reelección en octubre de 2026, y el acuerdo aparece como un logro estratégico de su política exterior con fuerte impacto regional y proyección internacional.
Lula no estará presente en la firma del acuerdo comercial UE-Mercosur en Asunción
Así, el entendimiento entre la Unión Europea y el Mercosur entra en su fase decisiva, atravesado por protestas sociales, tensiones diplomáticas y disputas de liderazgo. El cierre formal del acuerdo parece cercano, pero su implementación promete ser tan compleja como el cuarto de siglo que llevó negociarlo.
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