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POLITICA / Análisis
martes 10 diciembre, 2019

Asumió Fernández: al lado de Macri, es Churchill

Claves del discurso inaugural. Los caballerosos palitos a CFK y el secreto de la plata en el bolsillo. Espías con hambre. Dudas institucionales.

por Edi Zunino

Alberto Fernández pronuncia su discurso. Foto: Joaquín Temes
martes 10 diciembre, 2019

Al lado de la exasperante vacuidad oral a la que nos acostumbró Mauricio Macri, el discurso de Alberto Fernández ante la Asamblea Legislativa pareció una pieza digna de Winston Churchill o Fernando Henrique Cardoso. Calmo. Seguro. Componedor. Estratégico. Suavemente firme… Quiero decir: todo lo que se espera de un Presidente que está asumiendo bajo promesa de reunificar al país.

Claro que a su lado ya no estaba Mauricio Macri, que le tocaba salir de escena, sino Cristina Kirchner, de cuya tradicional vehemencia ofuscada también supo apartarse Don Alberto, pegándole incluso algún que otro palito estadístico a su mentora y vice con caballerosa sutileza. Prefirió exhibirse más bien como una mezcla de Néstor Kirchner y Raúl Alfonsín, acaso el modo más histórico posible de reivindicar su propia experiencia. 

Las primeras fotos de Alberto Fernández en su despacho presidencial de Casa Rosada

Los discursos inaugurales de gestión suelen ser declaraciones principistas mucho más fáciles de escribir y leer que de cumplir. Y un catálogo de gestos simbólicos que, más que definir rumbos exactos, marcan territorio.

Me quedo con tres:

  1. Fernández llegando solo al Congreso, manejando (traducción: no tiene miedo y es autónomo).
  2. Fernández empujando la silla de ruedas de una Gabriela Michetti borrada de la foto del Macri final (traducción: tiende la mano a los caídos en desgracia, aunque sean rivales).
  3. Fernández presentado como “el Presidente de la Unión de los Argentinos” (traducción: no es Macri, pero tampoco CFK).

El anuncio económico más importante de los formulados frente a la Asamblea Legislativa fue que el nuevo Gobierno arrancará sin Ley de Presupuesto 2020, o sea, sin que el mismo Parlamento tenga nada para decir sobre cómo se articulan los gastos de un primer año que resultará clave para lo que vendrá. Hay mucho que gastar y mucho gasto que redireccionar y tal vez mucho billete que imprimir para demostrar urgente que, tal cual se prometió, hay vocación de “poner plata en el bolsillo de la gente”.

Permítanme dudar a tono con quien se quemó con leche y ve la vaca: los gobernantes suelen confundir al extremo lo institucional con sus propios nombres y apellidos.

Buena noticia (con el correr de los días, veremos si tiene letra chica): los fondos secretos de inteligencia dejarán de serlo y serán derivados al plan contra la inseguridad alimentaria. Por una vez habrá espías de cuarta con hambre, parece. También a corto plazo se sabrá que significan la reforma judicial y la relación de nuevo tripo con los medios de comunicación planteados en el discurso de hoy.

Pueden ser auspiciosas si se las pretende como parte de la modernización estratégica que debería encarar Gustavo Béliz para mejorar el funcionamiento de las instituciones a partir de buenos servicios, rapidez y transparencia. Permítanme dudar a tono con quien se quemó con leche y ve la vaca: los gobernantes suelen confundir al extremo lo institucional con sus propios nombres y apellidos.

Sea como sea, quiero vivir en un país parecido al discurso del presidente Alberto Fernández. ¡Ah, qué vivo! ¿Alguien no? Ampliaremos.


*  Director de contenidos digitales y audiovisuales de Editorial Perfil.
 

 


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