martes 28 de junio de 2022
POLITICA ENTREVISTA

Chino Navarro: “Hay que bajar los decibeles, ser menos cocoritos, más humildes y escuchar”

La interna caliente del Frente de Todos y de qué se trata el “diálogo nacional” que viene, según el funcionario que se ocupa del vínculo Casa Rosada-Congreso y conduce el Movimiento Evita.

19-11-2021 15:59

Fernando “Chino” Navarro está en el lugar preciso y en el momento indicado para que interese lo que tiene para decir: es dirigente del Movimiento Evita, uno de los organizadores del acto del miércoles 17 en Plaza de Mayo; y es el funcionario que, dentro de la Jefetura de Gabinete, maneja las relaciones del Gobierno con el Congreso, donde ahora debería instalarse el bendito “diálogo nacional” que aún no se sabe bien de qué se trata. La interna caliente del Frente de Todos y las verdaderas chances de arribar a consensos duraderos sobre los gravísimos problemas del país animaron la charla.

-¿El miércoles pasado nació el albertismo?
No, empezamos otra etapa. Tuvimos dos años de los cuales el noventa por ciento fue ocuparse de la pandemia, que generó la crisis política, económica y sanitaria más grande en el mundo. A la Argentina le pegó triple, porque veníamos de Macri. Pero seamos justos: Macri no agarró un bote que estaba espectacular, tenía problemas, no inventó ni la inflación ni la pobreza, pero las agravó fuertemente, después podemos discutir las causas. La pandemia nos terminó de hundir del todo. En ese marco nuestro Gobierno fue improvisando porque no teníamos idea de cómo era la pandemia, ni nosotros ni nadie en el mundo. Esa etapa la cerramos con las PASO y la elección del domingo. No nos fue como esperábamos. Estábamos convencidos de que con vacunar y el crecimiento era suficiente para tener una buena elección y nos llevamos una sorpresa muy grande, porque perdimos. Igual, el hecho de que en Buenos Aires estuvimos muy cerca, a mí me cambió el estado de ánimo. Me dio alegría cuando fui al búnker y perder por siete y terminamos empatando. Eso nos puso de cara a 2023 con otra perspectiva. Ahora vemos otra etapa, no el albertismo: la posibilidad de Alberto presidente, su Gabinete y el equipo político, tenemos el desafío de construir la Argentina sin perder nuestra identidad ni dejar de representar los intereses que representamos. Nadie va poder gobernar si no hay un acuerdo de racionalidad. Eso nació: la decisión de acordar en términos de mediano y largo plazo. Por eso, el resultado no es malo, de última porque nos obliga a bajar de los decibeles, a ser más humildes, a escucharnos todos y buscar acuerdos que les sirvan a los argentinos primero y después a la política. Si priorizamos acuerdos que le sirvan a los políticos y no a los argentinos, van a ser de morondanga.

-Haber tirado que va a haber PASO en 2023, ¿calienta la campaña desde ahora o la posterga?
-Determina reglas de juego claras: ya sabemos cómo se van a elegir los candidatos a concejales, intendentes, gobernadores y presidente. Todos entendemos que si no mejoramos mucho nuestra gestión de cara a los problemas concretos de los argentinos, por más que tengamos reglas de juego, no tendremos con qué ganar la elección. Si en marzo de 2023 tenemos una pobreza bajando, la inflación lo mismo, el trabajo sube y tenemos un plan de seguridad en serio, sin echarnos la culpa, vamos a ser competitivos y eso le va a hacer bien también a la oposición, porque si nos va mejor, van a  encontrar un país mucho mejor al que encontramos en 2019. No queremos dejar un país peor, queremos dejar uno mejor. Así queremos ser competitivos en términos electorales, pero falta muchísimo.

-¿Hay una autocrítica ahí? Porque en ésta no hubo PASO. ¿Cristina está de acuerdo con esto?
-Está de acuerdo. Todos estamos de acuerdo. No es una autocrítica a la no PASO, es una crítica a la falta de institucionalidad del Frente de Todos, donde hay partidos más importantes y menos, pero también tiene actores sociales, gremiales, económicos. Nosotros no podemos pretender que dos, tres o siete resuelvan las cuestiones de 44 millones de argentinos. Tampoco quiero una asamblea universitaria, pero cuando más debatida sea la propuesta que gestionás es mejor, porque eso sintetiza.

-¿Cómo es el formato del diálogo y el alcance del acuerdo que se busca?
En palabras del propio Presidente, se va a enviar un plan económico plurianual donde se va a discutir con toda la oposición. En 2020 se aprobó una ley donde se determinó que cualquier acuerdo con el FMI debe ser discutido en el Parlamento. Pero si bien participan senadores y diputados, es razonable que se articulen gobernadores, intendentes, sindicatos y representantes de la sociedad civil. Después hay otro ámbito, que tiene que ver con el Consejo Económico y Social. Ahí hay una conjunción muy diversa: empresarios, intelectuales, sindicatos, organizaciones sociales y una diversidad muy importante, donde muchos opinamos diferente. Sin embargo, se avanza en acuerdos concretos en temas productivos. Hay varios programas trabajándose, pero desde el bajo perfil porque si los subís a los medios empiezan las interpretaciones, los reproches. El bajo perfil ayuda a pasar por debajo del radar y que las iniciativas queden al margen de las tensiones del día a día. Hay 600 proyectos en danza.

-¿Queda fortalecido Sergio Massa? Se mantiene como presidente de Diputados y tiene excelentes relaciones con los actores más dialoguistas de la oposición...
Antes, aclaremos que el Consejo Económico y Social es institucional, pero actúa por fuera del Estado. Y ahí, Gustavo Beliz va a tener mucho predicamento. En cuanto a Sergio, es un cuadro político que hace del diálogo un medio para lograr consensos y objetivos comunes. Va a tener un rol importante como lo van a tener Máximo y muchos otros diputados.

-¿Y Cristina? La oposición hizo el centro de su campaña con la idea de quitarle poder en el Senado a ella…
-Cristina es una mujer de diálogo. Firme y enérgica, pero de diálogo. A pesar de los avances del feminismo, a las mujeres hoy todo les cuesta el doble o el triple, sobre todo cuando son importantes. Pero ella es un cuadro político que le ha planteado públicamente a la oposición la necesidad de discutir en forma conjunta los plazos de negociación con el FMI. Uno puede decir: no le creo, pero ahora se agota el tiempo y el acuerdo hay que hacerlo. Después, cada uno tiene su estilo. Estamos convencidos de que si no hay un acuerdo integral para pensar la Argentina en 20 años ¿quién va a gobernar en 2023 en un país que sigue teniendo los pobres que tiene?

-¿Ese “plan plurianual” ya está acordado con el fondo?
-No tengo detalles. Es una negociación que lleva adelante Martín Guzmán con la discreción que se requiere. Me parece bien que se los detalles se tengan en reserva. Creo que se trata de pautas económicas que están ligadas al sentido común y la racionalidad y él no va a atar ningún acuerdo al FMI que empobrezca más a la Argentina. Cualquiera de nosotros que va a renegociar una deuda le dice al acreedor: “Mirá, si no me dejás laburar, no te puedo pagar”. Si gano 100 y quieres que te pague 90 no puedo vivir dos días. Así no habría negociación que aguante.

"Si no hay un acuerdo integral para pensar la Argentina en 20 años ¿quién va a gobernar en 2023 en un país que sigue teniendo los pobres que tiene?"

-¿Tampoco sabemos cuántos años significa “plurianual”?
-Esperemos un poco. Estoy tan ansioso como vos. Se va a resolver de acá a fin de año.

-La diputada Fernanda Vallejos lanza este fin de semana una corriente interna con Amado Boudou, Gabriel Mariotto, Alicia Castro y otros ultra kirchneristas. Hace un par de días nos dijo que el acuerdo con el FMI debería ser sometido a una consulta popular. ¿Ese tipo de propuestas ayudan hacia adentro del Frente de Todos?
-Me entero de vos. Todo depende del momento histórico, de la intencionalidad con la que se plantea ese plebiscito. A mí, a a priori, todo lo que sea consultar me gusta. Creo que si la política no se abre a la sociedad civil va a ser muy difícil que salgamos a la crisis. No alcanza con la política para resolver esta crisis. Pero iría a algo más profundo: me metería en el barro y hablaría con los vecinos pensando qué Argentina queremos. Los políticos nunca pudieron torcer la curva hacia abajo en pobreza, informalidad, inflación, todo está peor. Si no nos hacemos cargo de eso, es difícil. Tenemos que aprender mucho. Respeto todas las ideas. Y me alegra que haya nuevas organizaciones políticas.

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-El Presidente resaltó que le consta que hay dirigentes de la oposición propensos a negociar, pero no los nombró, mientras dejó afuera del diálogo a Mauricio Macri y Javier Milei. Parece evidente que entre los dialoguistas ubican a Horacio Rodríguez Larreta y ponele a Facundo Manes, algún gobernador radical del norte… ¿Sería un salvavidas de plomo nombrarlo?
-No sería muy elegante que los mencione… A Macri le dijo: “Si no querés venir, no vengas; pero si querés venir, podés”. Lo de Milei es más, raro porque lo calificó al Presidente de “tirano” después de haber sido electo como diputado en elecciones libres. Si va al Parlamento, va a tener que participar. La mayoría de los dirigentes y de las personas quieren un acuerdo para resolver los problemas concretos.

-¿No les falta generar un clima social, también, para eso? Porque se vienen matando frente a una sociedad angustiada y llena de enojo…
-Es verdad. Este resultado no es malo porque nos obliga a bajar los decibeles, a ser menos cocoritos, más humildes y escuchar. Construir mayorías requiere hablar, se construyen con el otro. Es cierto que a veces sobreactuamoos. La propia dinámica te lleva a sobreactuar y se pierde perspectiva. Si en el Congreso no actuamos con sensatez y humildad, ni siquiera vamos a lograr que sea tratado el proyecto que envíe el Ejecutivo. Para ser tratado vamos a tener que actuar con mucha empatía y humildad. Tener la flexibilidad que se requiere para un bien común, actuar entre iguales. Confío en Alberto y en los dirigentes de la oposición, pero más confío en la voluntad del pueblo argentino que nos va empujando lentamente a que nos juntemos y resolvamos los problemas concretos.

"El bajo perfil ayuda a pasar por debajo del radar y que las iniciativas queden al margen de las tensiones del día a día"

-Si uno ve el empate institucional que salió de las urnas, podríamos decir que el mensdaje es “póngase de acuerdo o nos vamos al tacho”...
Ese fue el mensaje. Una cosa es celebrar que mejoraste y otra que ganaste… Pero no confundamos el mensaje. No es que nos dan un cheque en blanco...

-¿Qué cambió con la llegada de Juan Manzur como Jefe de Gabinete?
Es un estilo distinto. Santiago (Cafiero) estaba más en el día a día de la gestión. Y en el peor momento de la pandemia. Era el que le ponía carbón a la locomotora para que funcionara. Ahora ya, funciona porque estamos creciendo y la pandemia, si bien no terminó, nos permite una vida más fluida en lo social y económico. El otro día, Juan me llamó a las 6.15 de la mañana. Con Santiago me veía todos los días, entonces no me llamaba porque al mediodía o última hora y lo veía. Eran las once de la noche y Santiago estaba acá. Juan tiene una experiencia de gobernador que Santiago no tiene tiene, vínculos que Santiago estaba construyendo. Son estilos distintos. Es bueno el estilo de Juan cuando llama a los ministros, pero me gustaba el estilo de Santiago porque confiaba en el hacer. Se complementan. En este momento es bueno el estilo de Juan. Santiago tocaba más, Juan está más encima de la pelota.