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POLITICA / Cambio de mando
sábado 7 diciembre, 2019

De Alfonsín a Macri: la historia de los traspasos presidenciales en democracia

Alberto Fernández asumirá este 10 de diciembre como el 35º presidente constitucional de Argentina. Un repaso por las ceremonias que lo precedieron.

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Traspasos presidenciales en democracia Foto: Cedoc
sábado 7 diciembre, 2019

El próximo 10 de diciembre Alberto Fernández asumirá el mando como el 35º presidente constitucional de Argentina y como marca la tradición recibirá los atributos del mandatario saliente, Mauricio Macri.

La ceremonia de este año será organizada con especial detalle, en un intento de no repetir la fallida transición de 2015 en la que los desencuentros entre Cristina Kirchner y Mauricio Macri impidieron llevar a cabo el procedimiento de acuerdo al protocolo. Es bien recordado el rol de Federico Pinedo, a quien la Justicia nombró presidente por 12 horas para consolidar el traspaso sin problemas y entregar los atributos a su líder político.

Domingo Faustino Sarmiento fue el primer presidente que asumió en una ceremonia parecida a la que se acostumbra hoy. El 12 de octubre de 1868 recibió el bastón de mando y la banda celeste y blanca como símbolos del Poder Ejecutivo.

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¿A qué responde la elección de estos atributos? Según explica el periodista y especialista en monarquías Darío Silva D'Andrea, “el bastón es una analogía del cetro de los monarcas europeos y las varas de mando que los virreyes y alcaldes coloniales utilizaron simbólicamente hasta la primera década del siglo XIX en nuestro territorio. Por su parte, la banda presidencial está inspirada en la banda de la Orden de Carlos III que lucen los reyes españoles desde 1771, con los colores de la Bandera argentina y un sol dorado en el centro”.

Desde Sarmiento, reconstruye Silva D'Andrea, cada nuevo presidente argentino recibe de su predecesor estas prendas, que no son transmitidas, sino obsequiadas al nuevo mandatario como símbolo de su poder.

Desde el retorno de la democracia en 1983, los traspasos presidenciales fueron momentos de especial importancia, no sólo por su aspecto simbólico, sino también por la situaciones curiosas y particularidades que surgieron en torno al acto protocolar.

Hace 36 años, el radical Raúl Alfonsín asumió el poder en medio de la euforia por el retorno a las urnas, razón por la cual su ceremonia de asunción es recordada por el papel que cumplió el represor y último presidente de facto, Reynaldo Bignone. Fue él quien le traspasó la banda y el bastón presidencial al entonces líder de la UCR. El militar murió en marzo de 2018 y sobre él pesaba una condena a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad cometidos durante la dictadura militar.

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El traspaso entre Alfonsín y Carlos Menem, pasó a la historia por hacerse de forma adelantada el 8 de julio de 1989, a causa del retiro anticipado del radical, pero también contó con otros puntos destacados: fue la primera sucesión presidencial entre dos mandatarios constitucionales desde 1928, y la primera desde 1916 entre presidentes de diferentes partidos políticos.

También existieron momentos en los que las hijas de los mandatarios tomaron roles preponderantes. Ese fue el caso de Zulemita Menem y Florencia Kirchner, quienes fueron las encargadas de llevar a cabo el ritual de traspaso de atributos tras las reelecciones de Menem en 1995 y de Cristina Kirchner en 2011.

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Las dos ceremonias de asunción de Cristina Kirchner fueron especialmente emotivas. En 2007, se dio el caso extraordinario de que un mandatario, Néstor Kirchner, fue sucedido por su esposa, Cristina. Treinta y cuatro años antes, Estela Martínez de Perón había asumido la presidencia porque su marido había muerto.

Cuatro años más tarde, enfrentada a su vicepresidente Cobos por su postura sobre la resolución 125, la ya viuda Cristina Kirchner hizo que su nuevo compañero de fórmula, Amado Boudou, prestara el juramento antes que ella para luego ingresar al recinto de la Asamblea y no cruzarse con su ex vicepresidente. “Que Dios, la Patria y él [Néstor] me lo demanden”, juró.

Pero sin dudas, el traspaso más recordado es el que no sucedió entre Cristina Kirchner y Mauricio Macri. En su libro Sinceramente, la ex mandataria lo recordó de esta manera:

“Muchas veces, después del balotaje, pensé en eso que finalmente no se dio: yo, frente a la Asamblea Legislativa, entregándole los atributos presidenciales a... ¡Mauricio Macri! Lo pensaba y se me estrujaba el corazón. Es más, ya había imaginado cómo hacerlo: me sacaba la banda y, junto al bastón, los depositaba suavemente sobre el estrado de la presidencia de la Asamblea, lo saludaba y me retiraba. Todo Cambiemos quería esa foto mía entregándole el mando a Macri porque no era cualquier otro presidente. Era Cristina, era la ‘yegua’, la soberbia, la autoritaria, la populista en un acto de rendición”.

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Si la ceremonia de jura de Domingo Faustino Sarmiento en 1868 había sido un desastre (cientos de ciudadanos entusiastas entraron por la fuerza a la Casa de Gobierno, que aún no tenía la forma actual, y coparon balcones, patios, salones, rompieron ventanas y treparon a todo tipo de muebles para presenciar el traspaso), la de Mauricio Macri fue una vergüenza, según explica D'Andrea.

"Tras su victoria en las elecciones de octubre de 2015, el líder porteño esperaba resucitar la tradición de los traspasos de mando tal como los había imaginado Sarmiento, pero la oposición del gobierno de Cristina Kirchner desató una inusitada “crisis” protocolar que dejó a la Argentina en ridículo ante el mundo: la presidenta se negó a entregar los símbolos presidenciales a su sucesor y a asistir a la ceremonia de jura por negarse a cumplir con el deseo de Macri", agrega Darío.

En busca de soluciones prácticas, fue el senador Federico Pinedo quien le hizo entrega de la banda y el bastón en la Casa Rosada, y ante la ausencia de un vicepresidente saliente (Amado Boudou tampoco se presentó), fue entonces Gabriela Michetti, recién investida como vicepresidenta, quien tomó el juramento.

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Ese traspaso también pasó a la historia por los entretelones que sucedieron en torno a las versiones de “brujería” que recayeron sobre el bastón presidencial. Fue justamente el encargado de realizarlo, el orfebre Juan Carlos Pallarols, quien reveló la interna.

Según contó el artesano, el presidente Mauricio Macri no habría aceptado en 2015 el bastón presidencial que él fabrica tradicionalmente porque sospechaba que ese símbolo de poder tenía “una macumba” de Cristina Kirchner. “Un día me llama una persona que dice ser gobierno entrante, yo nunca lo pude comprobar, y me pregunta si yo le había prestado el bastón a la presidente Kirchner para hacer una macumba”, contó el artesano en una entrevista con LN+.

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Si bien nadie en el Gobierno de Cambiemos lo confirmó, lo cierto es que Macri quebró con la tradición de sus predecesores y no usó el bastón presidencial creado por Pallarols. En su lugar optó por uno hecho por el orfebre mercedino Pablo Tessore.

MS


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