Esta semana se sumaron nuevas pruebas a la denuncia por las amenazas de muerte que recibió el fiscal Guillermo Marijuán, que tiene a su cargo la investigación contra Lázaro Báez por supuesto lavado de dinero y que imputó a la procuradora general, Alejandra Gils Carbó, por la designación de fiscales. Esta vez, la vía utilizada fue la red social Twitter, donde también tuvo fuerte protagonismo una de sus hijas.
Bajo el hashtag (título) #ElCajonDeMarijuan, los seguidores del kirchnerismo que pululan en las redes sociales comenzaron a atacar al fiscal, sobre todo replicando las denuncias del programa 6,7,8 que lo criticaba por, supuestamente, cajonear una causa de lavado del Grupo Clarín. Ese fue el nombre con el que se tituló el informe televisivo, y hubo quienes llegaron a relacionar la idea del cajón con un ataúd.
“Si herminio iglesias viviera quemaria #ElCajonDeMarijuan? (sic)”, tuiteó un usuario. Un rato después, otro buscó desestimar esa relación: “Hay un par de cascotes q se piensan q #ElCajonDeMarijuan se refiere a un ataúd... es el cajón donde tiene los casos, giless!”.
Una de las hijas del fiscal se puso en campaña en la red social para defenderlo. “Qué asco me da que el gobierno tenga su propios tweeteros! Saben cuánta Cindor les hace falta para hablar mal de mi viejo”, tuiteó la hija. Y un día antes arremetió: “A los que dicen que mi viejo es empleado de Clarín que la sigan chupando #Marijuan #TodosSomosMarijuan”.
Las amenazas a Marijuán comenzaron el 5 de mayo. La primera fue a través de un mensaje por escrito que le dejaron en la mesa de un bar. Luego su custodia detectó movimientos sospechosos frente a su domicilio. Y hubo, además, llamados a la Fiscalía con amenazas de muerte hacia sus dos hijas, que están bajo protección.
Según relataron fuentes cercanas a Marijuán, el domingo último, el fiscal manejaba su auto por la localidad bonaerense de Pilar, con su padre de acompañante. El anciano pidió parar para usar un baño, por lo que el fiscal se estacionó frente a un bar. Mientras lo esperaba, se sentó en una mesa de afuera, se pidió una gaseosa y dos vasos. Su padre volvió, y charlaron un rato, hasta que Marijuán se levantó para alcanzarle una servilleta. En ese momento, apareció de atrás un hombre que le gritó “doctor Marijuán”, le apretó fuerte el hombro y se fue. Le había dejado un papel blanco en la mesa, que decía: “Te vamos a limpiar”.
El martes, cerca de las 8, un hombre llamó a su fiscalía. Atendió uno de sus empleados y se dio el siguiente diálogo:
—¿Hablo con la fiscalía de Marijuán?
—Sí.
—¿Hablo con la fiscalía número 9?
—Sí.
—Decile que si llega a apelar le vamos a matar a las hijas previo secuestro, ¿escuchaste?
La apelación, supuestamente, se refería al requerimiento que desestimó el juez Sebastián Casanello para investigar a Gils Carbó.
Más allá de la amenaza, Marijuán apeló la decisión del magistrado.