En los últimos años ha podido comprobarse que, lejos de todo protocolo, el lugar que ocupan los invitados a los actos oficiales tiene que ver con el nivel de apoyo que reciben de la Presidenta.
Un ejemplo claro es el de Amado Boudou “mostrado” o “escondido” según el momento por el que atraviesen sus múltiples acusaciones.
Luego de que Gabriel Levinas adelantara lo que será su libro, en el que denuncia que Horacio Verbitsky trabajaba para la Fuerza Aérea en la dictadura, “el perro” apareció ocupando lugares de privilegio en los actos oficiales de la semana. Primero en la exEsma, en donde la Presidenta inauguró un espacio de la Memoria y luego en la apertura del Centro Cultural Kirchner, sentado junto al titular de la Uocra Gerardo Martínez. Recordemos que Martínez fue uno de los nombres que aparecieron cuando se difundió la lista del personal civil que integraba el Batallón 601.
Por otra parte, la Agrupación oficialista de Comunicadores (Comuna), emitió un comunicado en el que sostiene que la acusación de Levinas no responde a otra cosa que “una campaña difamatoria de Clarín”. El mismo argumento que dio el protagonista de las denuncias y el que generalmente esgrime el kirchnerismo ante cualquier acusación. Según el autor, Verbitsky trabajó para un manuscrito usado en un discurso del brigadier Graffigna, en conmemoración del Día de la Fuerza Aérea, el 10 de agosto de 1979.