POLITICA

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La primera es una reflexión obvia: estas primarias abiertas obligatorias no cumplen –y no especialmente por culpa de la ley que les da origen– el fin propuesto de que distintos precandidatos a presidente compitan dentro de un mismo partido o grupo de ellos para que continúen en carrera sólo aquellos que tengan más posibilidades. Alfonsín, Binner y Carrió deberían haber competido entre ellos por el espacio panradical; y Cristina Kirchner, Duhalde y Rodríguez Saá por el peronismo. Que así no haya sido es una demostración de que no hay partidos ni ideologías, sino sólo personalismos. Y de cómo, por sí solas, las leyes no alcanzan para cambiar las culturas.

El mejor ejemplo es que ni siquiera Duhalde y Rodríguez Saá pudieron solos terminar su propia preprimaria. Si lo que buscaban hubiera sido una verdadera interna, se habrían presentado en estas primarias de hoy para competir entre ellos en el marco de un mismo partido y juntos habrían desplazado a Alfonsín como la fuerza opositora más votada, potenciando las posibilidades de su agrupación. Pero no es una organización alrededor de un conjunto común de ideas lo que se busca propulsar, sino la propia vigencia personal de seguir participando.

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“Ideas, no personas” era un viejo lema socialista. En Argentina fue invertido. Ni siquiera Binner y Pino Solanas pudieron ponerse de acuerdo en el método de selección. Y falta mencionar a Macri, quien no compite en estas primarias porque ya antes no pudo ponerse de acuerdo con De Narváez a pesar de que no competían por el mismo cargo, aunque siempre está presente –como en el caso de todos los antes mencionados– la competencia de egos, quizá la más poderosa de todas.
Ser cabeza de ratón es una preferencia que en Argentina trasciende a la política. En casi todos los rubros hay más alternativas en oferta que en países donde la demanda es mucho mayor. Como en Italia, tenemos predilección por las pymes, una tendencia a desconfiar de lo grande y a rebelarnos frente a ello.

El debilitamiento de los partidos tradicionales y sus ideologías y su sustitución identitaria por una persona es un fenómeno característico de la posmodernidad que se da simultáneamente en varios países con diferente graduación. Desde el longevo y paradigmático ejemplo de Berlusconi en Italia hasta los recientes casos en nuestros vecinos, donde no ganaron pero fueron sorpresa, saliendo terceros, Marina Silva en Brasil y Marco Ominami en Chile, por sólo citar algunos de las decenas de ejemplos.

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