La incursión militar para capturar a Nicolás Maduro ocurrió en las primeras horas de la madrugada, cuando los comandos estadounidenses penetraron en el corazón de Caracas.
Los informes, según confiaron fuentes al diario The New York Times, indican que la extracción se realizó directamente desde un fuerte militar –identificado como una de sus “casas seguras” con blindaje de alta seguridad– donde Maduro y su esposa, Cilia Flores, intentaban refugiarse ante la inminencia del ataque.
La operación fue descrita como un movimiento “relámpago”, coordinado con el apoyo de helicópteros de transporte pesado Chinook y aeronaves del Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales (SOAR). Tras su captura, el mandatario fue trasladado al buque de guerra USS Iwo Jima, desde donde se espera su traslado a Nueva York para enfrentar cargos por narcoterrorismo.
La captura no fue un evento aislado, sino la culminación de un ataque a gran escala que incluyó bombardeos estratégicos sobre Caracas y estados claves como Miranda, Aragua y La Guaira. Estos bombardeos cumplieron tres funciones críticas para generar el caos necesario.
Las explosiones iniciales tuvieron como objetivo estaciones de radar, centros de comando y control, y bases aéreas como La Carlota. Esto dejó a las fuerzas leales a Maduro “ciegas” y sin capacidad de respuesta coordinada, permitiendo que las fuerzas de élite operaran con mínima resistencia.
Los vuelos rasantes de aviones de combate y las detonaciones en puntos estratégicos de la capital provocaron un colapso en la moral de las fuerzas de seguridad venezolanas. El uso de la fuerza aérea proyectó una imagen de superioridad total, lo que, según analista, facilitó que los círculos de protección de Maduro se fracturaran o abandonaran sus puestos.
Los ataques aéreos distrajeron a las unidades blindadas y de inteligencia, creando corredores seguros para que los helicópteros de la Delta Force pudieran entrar y salir de la ciudad sin ser interceptados.
Esta unidad de élite tiene una larga experiencia en las operaciones militares especiales de EE.UU. en otros países.
Un topo de la CIA. De acuerdo con la fuente del New York Times, la precisión quirúrgica del operativo no se debió únicamente a la tecnología satelital, sino a la colaboración crítica de un espía infiltrado de la CIA dentro del círculo cercano del gobierno venezolano.
Este informante, cuya identidad permanece bajo estricto secreto, habría proporcionado a la inteligencia estadounidense el “patrón de vida” detallado de Maduro, incluyendo sus horarios de sueño, hábitos alimentarios y, lo más importante, las coordenadas exactas de su ubicación en tiempo real durante la madrugada del ataque.
Según el diario, la CIA había establecido una unidad clandestina desde agosto de 2025 dedicada exclusivamente a cultivar activos dentro del aparato de seguridad chavista. Expertos consultados sugieren que la recompensa de 50 millones de dólares ofrecida por el Departamento de Justicia de EE.UU. fue un factor decisivo para que figuras del entorno inmediato de Maduro decidieran colaborar con Washington.
La información del infiltrado permitió a la Fuerza Delta realizar ensayos en réplicas exactas de la residencia donde se encontraba el mandatario.
Mientras la fuente interna confirmaba que Maduro estaba en su dormitorio, la CIA utilizaba una flota de drones furtivos para monitorear el perímetro de forma constante, asegurando que no hubiera movimientos inesperados antes del descenso de los helicópteros con los comandos Delta.
Quién gobierna
El presidente Donald Trump afirmó que Estados Unidos gobernará Venezuela en los próximos meses, pero sin dar detalles. “Estamos designando gente. Lo haremos con un grupo”, agregó.
Mientras tanto, la desaparición súbita de la cadena de mando chavista deja tres frentes principales que se disputan el control del país.
Una es la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, quien ayer sostuvo que Nicolás Maduro es el “único presidente de Venezuela” y exigió a Estados Unidos su liberación. Se supone que es la funcionaria que suple al presidente.
Pese a su discurso de trinchera contra el ataque, Trump dijo que Rodríguez podría colaborar con ellos.
A pesar de la desorientación causada por los bombardeos, el alto mando militar sigue siendo el eje del poder. Vladimir Padrino López, como ministro de la Defensa, es la figura que podría intentar mantener la cohesión de las Fuerzas Armadas (FANB).
El otro hombre clave es Diosdado Cabello, de la línea dura del chavismo. No se sabe nada de su paradero. Algunos especulan con que también fue capturado.