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Macartismo modelo 2026

El DNU del viernes modifica la operatoria de la SIDE, sombrío organismo.

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Todo vuelve. “70 años más tarde, el espíritu de McCarthy reencarna en Donald Trump”. | AFP

Entre 1950 y 1956, Joseph Raymond McCarthy (1908-1957) alcanzó la despreciable fama que lo acompañaría a la tumba gracias a su actividad en el Senado de los Estados Unidos, en donde obtuvo la vicepresidencia de la Subcomisión Permanente de Investigaciones, además de organizar y auspiciar el Comité de Actividades Antiestadounidenses, organismo que dependía de la Cámara de Representantes. Hombre tosco, de pocas luces y pensamiento rudimentario, McCarthy aprovechó la paranoia sembrada en la población estadounidense por la Guerra Fría con la Unión Soviética y, como senador republicano por Wisconsin, y con el apoyo de amplios sectores conservadores, desató una intensa y furiosa persecución de intelectuales, artistas, científicos, políticos e incluso militares a los que, sin pruebas, o con presunciones falsas, acusaba de comunistas, subversivos o traidores a la patria.

Interrogatorios públicos, citaciones a declarar ante la nefasta Subcomisión, disparatadas acusaciones y un generalizado clima de intolerancia y manía anticomunista (McCarthy y sus fanáticos los veían hasta en la sopa) signaron esa época oscura bajo el título de macartismo. La etiqueta desde entonces denomina a los brotes psicóticos de paranoia contra cualquier atisbo de pensamiento crítico, defensa de la libertad y los derechos civiles y humanos o luchas por la democracia. Es el legado de aquel personaje oscuro, adicto al juego y a la bebida, que murió de cirrosis en 1957, luego de que el propio presidente republicano Dwight Eisenhower hubiera decidido poner fin a sus andanzas. En 1953 el dramaturgo Arthur Miller (1915-2005) escribió la memorable obra teatral Las brujas de Salem, inspirada en el macartismo, al que emulaba con las persecuciones de la Inquisición en los siglos XV al XVII, cuando miles de personas fueron quemadas en hogueras. Miller, que partía de un caso ocurrido en 1692 en Salem, Massachusetts, fue uno de los sospechados y perseguidos por McCarthy, como tantas otras personas largamente valoradas en sus profesiones, como Humphrey Bogart, Lauren Bacall, Charles Chaplin, Robert Oppenheimer, Katherine Hepburn, Kirk Douglas, Gregory Peck, Bertolt Brecht (refugiado en Estados Unidos); Thomas Mann (ídem) y el periodista Edward Murrow (retratado por George Clooney en la película Buenas noches, buena suerte), para citar solo algunos nombres de una interminable lista negra del odio.

El DNU del viernes modifica la operatoria de la SIDE, sombrío organismo

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Setenta años más tarde el espíritu de McCarthy reencarna en Donald Trump y su troupe de odiadores y replica en estas pampas en los discursos libertarios y en algunas medidas del Gobierno. La más flamante se conoció este viernes, con el decreto de necesidad y urgencia que modifica la operatoria de la SIDE (Secretaría de Inteligencia del Estado), un sombrío organismo tradicionalmente dedicado a operaciones cloacales contra los opositores al oficialismo de turno y nunca al servicio de los intereses nacionales en el escenario geopolítico internacional, para lo que fue creado. Una de las curiosas y significativas innovaciones, en la cual la sombra del macartismo se huele a la distancia, es la posibilidad de que los agentes de esa agencia (personajes siempre sombríos) puedan detener a un ciudadano bajo presunciones tan poco claras y especificadas como la misma modalidad de la Secretaría. En otro ejercicio de proyección, a los que el Gobierno y sus integrantes son proclives, se justifica el decreto diciendo que “durante décadas fue utilizado de manera discrecional, opaca y ajena a su verdadera finalidad”. Justamente lo que esto (y los cuantiosos, ocultos y misteriosos fondos que el organismo recibe sin control) bien podría venir a reafirmar. Desde su tumba en el cementerio Saint Mary, en el condado de Outagamie, Wisconsin, McCarthy sonríe.

*Escritor y periodista.