La confianza del matrimonio presidencial no se gana. Se tiene o no se tiene. Es así. Cuestión de piel. Lo confirma el círculo íntimo, lo aseguran los gobernadores, lo dice el anecdotario K.
Sin quererlo, María Rocío García, la novia de Máximo Kirchner, se convirtió en una voz autorizada dentro de la quinta de Olivos y obtuvo la confianza de Néstor y Cristina, algo difícil de obtener. Más teniendo en cuenta la gran relación de Cristina con Tamara, la ex de su hijo.
Su primera aparición pública fue en el lanzamiento de la campaña electoral para las elecciones legislativas el año pasado. En el Teatro Argentino de La Plata, Rocío apareció junto a Máximo y se sentó junto a Cristina para escuchar a Néstor. La morocha de 35 años y linda sonrisa construyó paso a paso su poder de injerencia en la familia presidencial.
De excelente relación con Florencia, su cuñada y la menor de los Kirchner, la nuera de la Presidenta ya mudó sus cosas a la casa de Máximo, la misma que usaron en sus primeros años en Río Gallegos Néstor y Cristina. Es la mano derecha de Máximo. “No hace nada sin la aprobación de ella y eso que él maneja los negocios familiares”, aseguraron a PERFIL dos fuentes de la capital pingüina con llegada a la familia.