La Casa Rosada y el presidente Javier Milei buscan atenuar el impacto de los cruces, fricciones, descoordinaciones e internas que quedaron expuestas luego de que la Cámara alta diese aprobación con 44 votos afirmativos al pliego de María Verónica Michelli para ocupar una silla en un tribunal federal en La Plata.
Por eso este viernes, temprano, el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, buscó hacer control de daños sobre un nuevo episodio en las interminables internas libertarias. En una entrevista sostuvo que el Presidente “no está obligado a firmar el pliego de Michelli”.
Además, señaló que “todos los Presidentes desde el inicio de la democracia retiraron pliegos” y ratificó que se trata de una “facultad constitucional”.
El ministro de Justicia, que este jueves celebró en redes sociales la aprobación de los 74 pliegos, desmintió que el motivo por el que el jefe de Estado pretendía retirar el pliego tuviese que ver con el parentesco político de la candidata con el periodista Hugo Alconada Mon. “En ningún momento se dijo cuál es el motivo”, explicó.
Mahiques marcó la línea política con la que la Casa Rosada busca dejar atrás la polémica que suscitó Patricia Bullrich el lunes, cuando en un posteo en redes señaló que aplicaría “objeción de conciencia”. Astuta, la senadora generó nuevo sismo en las filas internas para volver a diferenciarse del jefe de Estado.
Además el titular de la cartera de Justicia dijo que el tribunal demorará meses en ser conformado. Se trata de un tribunal que en este momento no existe. Para ello se requerirán licitaciones, alquileres, adquisición de mobiliario y de equipamiento.
El paquete de pliegos que aprobó este jueves la Cámara alta tuvo a Mahiques como el principal beneficiario. El hombre de la “familia judicial” envió guiños a todos los sectores y vio acrecentada su influencia sobre el sistema judicial, siempre con la aspiración de ser ungido como Procurador General de la Nación en el futuro.
Pese a ello, Milei, Karina y el oficialismo sufrió un nuevo desgaste, producto de una interna que paraliza y expone la falta de gestión política, y a veces también legislativa.
La jefa del bloque libertario en el Senado no solo evidenció distancia respecto de la posición presencial. También sorprendió a sus compañeros de la Mesa Política, el dispositivo en el que el Gobierno define la estrategia legislativa. El pliego de Michelli fue materia de conversación; pero no se llegó a una definición. Por eso sorprendió aún más la jugada.
En medio del tembladeral que ocasiona el pliego de Michelli, la Casa Rosada evalúa convocar a una nueva reunión de Mesa Política la semana entrante (aunque todavía no hay fecha confirmada) para dar nuevas muestras de una unidad forzada y continuar puliendo la hoja de ruta legislativa.
“Fingimos demencia”, explicaron varios de los asistentes a la mesa ante este medio, para explicar el clima en el que se atraviesa la interna.
Bullrich debió tolerar una rebelión interna, producto de su jugada en el bloque. La tensa y extensa reunión tuvo lugar en el Salón de las Mujeres, en el primer piso del Senado. Allí Bullrich debió escuchar con gesto adusto las quejas de los senadores karinistas, quienes le espetaron haberse cortado sola en la comunicación. Los gritos, se escuchaban hasta en los pasillos.
Fue justamente la incomodidad de Bullrich la que la obligó a sumar 23 pliegos el mismo jueves antes de la sesión, a los 50 que ya se habían acordado en Labor Parlamentaria.
Pero en cuanto Bullrich quiso sumar más de dos decenas de pliegos, el peronismo encabezado por José Mayans y Juliana Di Tullio no dejaron pasar la ocasión: pidieron tratar también el pliego de Michelli, cuyo tratamiento debió ser aprobado sobre tablas con mayoría agravada.
Tampoco hubo claridad en relación al proyecto que llegó al recinto de “Inviolabilidad de la propiedad privada”, que debió volver a comisiones y que, sin embargo, se encontraba entre los temas de la sesión.
Según pudo reconstruir este medio, Bullrich informó a la Casa Rosada que estaban los votos del radicalismo para votar el texto. Sin embargo, los correligionarios advirtieron que el capítulo referido a la “extranjerización” nunca fue aceptado por ellos.