Fue corriendo a abrir la puerta de su casa, se tropezó con sus pantalones largos y anchos, trastabilló, cayó y se rompió el húmero derecho. Después de un mes y medio, todavía hace ejercicios de rehabilitación con una roldana que su hijo le improvisó en el ventanal del living, de cara al inspirador parque del Jardín Botánico. Norma Morandini cuenta que está conmovida por el otoño y esa arboleda cargada con millares de hojas ocres.
Que después vendrá el despojo de árboles desnudos, para reverdecer explosivamente en la primavera. Una revolución. Quizás comparable con sus propios procesos. Volviendo al brazo, dice que esa quietud forzada le enseñó a tener humildad para pedir ayuda, algo que le cuesta, y paciencia para soportar el dolor.
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