POLITICA

¿Quién quiere usted que gane en 2010?

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Esta es una encuesta capciosa. Tiene un toque de “mala leche” aunque también una gotita de ética.No es pregunta que infarte a nadie. Aunque tampoco es sencillita. Y bueno, habrá que jugarse alguna vez...Así que respire hondo como en yoga y con la mano en la cabeza (el corazón dejó de ser confiable) hágale frente a esta pregunta: ¿Quién quiere usted que gane en 2010? ¿La Selección o la Constitución? No se ría. No se escape. No sea chirle. No responda “Las dos”. Así seguro votaría Pilatos (pensando en azurro no en biancoazurro) ¿Y? ¿Qué hacemos? ¿Ya la tiene? ¿Qué respuesta suya apunto en el formulario?
Este Sagrado Libraco que nos fundó en 1853 reposa (nunca mejor dicho) en una solemne Urna del Senado. Es el único ejemplar (lo original siempre es único). Pese a guardar nuestro Génesis está al cuidado de una sola persona. Una mujer, cuyo nombre daré en otro ocasión. Solitaria, y entre angustias varias, ella se encarga de la sobrevivencia diaria de nuestra máxima reliquia espiritual. El Libro sobre el que 72 senadores y 257 diputados se juramentan, cada tanto, a mejorar el destino social de los 40 millones de párvulos que representan. 40 millones que cada 4 años juegan a la Lotería Electoral con la ilusión de que estos 329 vicarios pondrán en práctica los mandatos que enaltecen las páginas del Libro.

Esa esperanza no cuaja nunca.

Hay motivos. Por lo general, el Bolillero de donde salen los 329 juramentados, viene trucho. Y por lo particular, se vota por el "número" que más dinero tuvo para ofrecerse "en consideración". Charlatanes mediáticos, publicistas, “políticos” y demás timadores protagonizan una "previa" feroz. Ganarán quienes consigan mantener a “la opinión pública” en estado boquiabierto perpetuo. Colaboran en el logro de este clima de catalepsia miles de bárbaros locutores radiactivos, payasos a cara descubierta, y portavoces de naderías. Algunos lo hacen depredando éter, pantallas y neuronas, dedicando simposios televisivos a reflexionar sobre el proceso inflamatorio del tendón de Aquiles Beckham, la hipocondría de Riquelme o la estabilidad faraónica de Grondona Tales suelen ser sus temas esenciales. De la intemperie, desidia, inseguridad que sufre el Sagrado Libraco Argentino de 1853, ni palabra. De ello se ocupa una empleada del Congreso.No solo se esmera para evitar que la biblia argentina desaparezca de la urna, sino para impedir que el añoso ejemplar se aje, humedezca y pierda color (en algunos casos sufragando el gasto con dinero propio, pues el "oficial" se retrasa o no llega nunca)

¿Cambiaría la realidad del país si este único ejemplar de nuestra Constitución Nacional un día se esfumara? La responsable de cuidarlo no hace futuribles. Se limita a informar de ese y otros peligros, pero ni Tesorería ni Seguridad se muestran muy sensibles. Por lo que, como se dijo, bien curtida que está, abre su carterita y “se pone” para adquirir "lo que a la Constitución le haga falta". La situación merece estar nominada en la lista del más genuino surrealismo nacional. De suceder estas verguenzas con reglamentos de FIFA o AFA, seguro ya se habrían producido corte de rutas, luz y aparecido Cherquis Bialo por Cadena Nacional a frenar la iracundia del patriótico tablón. Nada así despierta nuestra huérfana y folklórica Constitución. Su Reglamento no tiene hinchas ni racionales ni fanáticos. Dado el caso, no vendría mal dedicar este domingo a una breve encuesta de reflexión. Para saber en donde estamos parados. Y también para dar la alarma. Porque la sensación térmica social anuncia "letargo creciente" y "silencio cubriendo todo el país". ¿Nos hemos quedando sin lengua? ¿Estaremos aprendiendo a no hablar?. Urge saberlo.

(*) Especial para Perfil.com

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