Las huellas del paso arrollador de Guillermo Moreno no sólo se pueden rastrear en las góndolas de los supermercados, en los surtidores de las estaciones de servicio, en los tambos, bancos o empresas de generación eléctrica. También en el espacio se puede seguir la estela polémica del funcionario kirchnerista.
Cuando en 2005 era secretario de Comunicaciones, Moreno piloteó una operación comercial teñida de irregularidades y desprolijidades, por la cual contrató en forma directa los servicios de un satélite por 2,1 millones de dólares, que orbitó solamente 33 días y que obligó al Estado argentino a asumir una serie de compromisos desmedidos frente a una empresa canadiense.
El contrato confidencial que selló Moreno con la compañía Telesat, al que accedió PERFIL en forma exclusiva, contenía condiciones insólitas. Por ejemplo, la firma canadiense aclaraba que el funcionamiento del aparato no contaba con garantías, a sabiendas de que estaba averiado y tenía poco combustible.
Además, la Argentina le cedió a esa empresa la potestad de participar en el diseño de cualquier otro satélite que ocupe esa órbita, la 81 Oeste, y le dio la posibilidad de utilizar parte de la capacidad de transmisión a la mitad del valor de mercado. Más información en Edición Impresa.