POLITICA

Un didáctico show cristinista para convencidos

El semiólogo analizó para PERFIL la forma y contenido del discurso del retorno de la Presidenta. Elogios al Estado y ataques a Cameron y los ambientalistas. Galería. Galería de fotos

"La secuencia de alabanzas al estado 'espléndido' en que se veía a la Presidenta, de adhesiones y de agradecimientos, reiterada en las videoconferencias, me generó un aburrimiento burocrático", dice V
| María Victoria Gesualdi - Diario Perfil

Todo acto de comunicación mediatizada (como la difusión televisiva en vivo y en directo de la retoma, por parte de Cristina Fernández de Kirchner, de su función de presidenta de la Nación este último miércoles) puede ser reconocido globalmente como perteneciente a una cierta clase (en este caso, supongo que habrá acuerdo en identificarlo como discurso político). Pero a su vez, es posible distinguir, en cada acto de comunicación particular, una serie de dimensiones que se entrelazan para constituir el complejo tejido de la discursividad audiovisual. Si conseguimos analizar la composición de ese tejido, podemos llegar a ciertas hipótesis sobre sus características y, eventualmente, sobre sus efectos. Lo que sigue es, por supuesto, un ejercicio del que ningún televidente se libra de manera espontánea (tampoco yo): en el consumo, los efectos son el resultado opaco de una multitud de factores de los que el receptor no tiene ni idea en el momento mismo en que están operando sobre él.

Constatación global: dada la manera en que se construye su figura líder, el cristinismo posee una estrategia definitivamente cristalizada y estabilizada: el “retorno” de la señora Presidenta ha sido la reiteración-confirmación de lo que podríamos llamar la poética discursiva de Cristina. Si las modalidades de la comunicación pueden ser tomadas como un anticipo de la metodología de la acción política (cosa que merecería una discusión), lo más razonable sería concluir que, de este segundo mandato, sólo podemos esperar más de lo mismo.

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Este último miércoles hubo por un lado distintos “momentos” y por otro lado varios niveles de discurso funcionando simultáneamente. La entrada en escena de Cristina abrió una suerte de preámbulo en dos tiempos: 1) una sucesión de empresarios que entran en escena para firmar acuerdos de obras públicas de muy diversas características, acuerdos refrendados también por el ministro Tomada; 2) Cristina dialoga, en tres breves videoconferencias, con funcionarios y autoridades de Catamarca, Villa La Angostura y Necochea, a propósito de obras en curso. Han pasado unos veinte minutos.

¿Este preámbulo será la imagen de “un gobierno en acción”? Estuvo en todo caso marcado por una extraña combinación de formalismo (la escena audiovisual de autoridades refrendando un acuerdo ante las cámaras es un gran clásico) con la informalidad locutoria característica de Cristina. La sucesión de las firmas, primero, y la secuencia de alabanzas al estado “espléndido” en que se veía a la Presidenta, de adhesiones y de agradecimientos, reiterada tres veces en las videoconferencias, luego, me generaron una sensación de aburrimiento burocrático, decididamente asociada a la obsesión de la Presidenta por las inauguraciones.

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