“Este line up fue el más difícil de armar”, dice a PERFIL Juan Ruffo, alma mater del festival Superfly, que celebrará su tercera edición el 21 de marzo en el Complejo C Art Media. Corría 2024 cuando entre risas y conjuros él acuñó el término “superfly” para describir un estado relajado y predispuesto. Una traducción literal podría ser “supervolar”. Así, volado, superlativo y pegadizo, había nacido un concepto. Hecho el sustantivo, empezó a usarse como adjetivo y pronto apareció la idea de hacer un festival, que se celebró en septiembre de 2024 con Mujer Cebra y Las Fin del Mundo a la cabeza. La secuela fue al año siguiente y la estelarizó Camionero, una de las bandas del momento. Esta tercera edición presenta un pentágono reflexionado en cada uno de sus ángulos que, aunque disímiles, parecieran hablar el idioma de ese rock alternativo que en el último lustro se paró a la vanguardia de la canción: Los Brujos, en posición de abanderados legendarios; Dietrich, inmortal mito urbano; Pyramides, que anclan en sus claroscuros el renacimiento del rock luego de la experiencia pandémica; Homogénica, con su post pop que se anima a la intensidad y el goce, y Los Subtítulos, una delicadeza que corona la carta musical.
“Hay algo en general de las terceras etapas que siento que son más difíciles porque demandan cierta transformación o cierto pivoteo, amplía el curador de la cuestión”, cuenta Juan Ruffo, que trabaja junto a su socio, Martín Rulli, (baterista de la banda Revistas) en la producción y en la curaduría musical, delegando la tarea de curar las otras disciplinas en otros invitados. Es lógico ver a las terceras partes como transformaciones. Superfly se presenta listo para salir a la cancha en la víspera del anuncio del regreso de Hay Algo ahí, la joya de la corona de Blender, que Ruffo copilotea, al lado de Tomás Rebord.
—¿Qué tienen en común las bandas de este Superfly?
—Que nos gustan todas. No puedo programar algo que no crea que le pueda llegar a gustar al público. Sobre todo a uno que, en general, le gusta la música pero que no es exclusivamente “recitalero”. Pasa un poco también con los videojuegos: es un público al que le gustan pero no es tan “gamer”, o que le gusta el cine, pero no es “un gordo Twin Peaks”. Obviamente existen los extremos, pero yo tengo que pensar un line up y una propuesta general de curaduría del festival que sea accesible y que, en el mejor de los casos, te deje manija.
—¿Y cómo se construye?
—En este caso me sirvió pensar en el hilado de géneros, pero que todas las bandas propongan una buena experiencia en vivo porque le tributa a la idea de que vos tenés que ir al festival y que tiene que ser la mejor noche de tu vida. Para mí ese es el objetivo.
—Un objetivo muy difícil de alcanzar.
—Sí. Pero si yo no pienso que la gente va a ir a tener la mejor noche de su vida, dejo de hacer el festival.
—No es un contexto fácil para el esparcimiento. Sin embargo, el Superfly apuesta por seguir sucediendo.
—No es un momento en donde a la gente le esté sobrando plata. Pero todos tenemos derecho a pasarla muy bien una noche. Por eso trato de que la entrada sea lo más barata posible. Creo que es importante que nos cuidemos los bolsillos mutuamente porque la economía puede estar mal o bien, pero otra cosa es el bolsillo.
—Algo interesante es que, más allá de la música, si vemos las otras disciplinas del festival, abriste la curaduría a otra gente.
—Es que hay gente que tiene muchísimo más criterio que el mío, por ejemplo en el terreno audiovisual. Y otra a la que le admiro los gustos, como Demián Rugna, uno de los mejores directores del país, o Noe Custodio, una de las personas que más me hacen reír en el mundo. De eso se trata la invitación: es una celebración de esos gustos. Y pasa lo mismo con todos los curadores.
—¿Hay diálogo entre curadores en vivo? Porque por ejemplo humor y terror son registros que pueden tocarse mucho.
—En este caso el curador elige el contenido que se proyecta. Hay algunos que eligen estar, otros hablar, o eligen simplemente no estar y mostrar qué es lo que tienen. Pero es muy loco eso que decís del solapamiento entre el humor y el terror. Porque suele pasar, y acá se ve bastante. De hecho, me pasa bastante que las personas que admiro curten los dos mundos. De hecho, Noe Custodio entiende el terror como ella sola.
—¿Qué proyectás con Superfly después de esta tercera edición?
—No lo sé. No recibí la orientación divina todavía (risas). Quiero que pase esta edición, quiero disfrutarla. Será que me agrando, será que me achico, será que me enraízo en todo el país. Tengo ganas de salir de gira, tengo ganas de hacer varias provincias. ¿Será que empezamos a traer artistas de afuera? Son todas cosas que me calientan, pero que todavía no tengo claras.