A doce días del comienzo del Mundial y con protestas en siete ciudades de Brasil –cinco de ellas con sedes deportivas– por el gasto que implica para el gobierno, la directora del Comité Organizador Local del certamen, Joana Havelange, encendió la polémica al publicar en su cuenta de Instagram un texto poco afortunado. Asume, obviamente, una postura contraria a las manifestaciones y argumentó lo siguiente: “No apoyo, no comparto y no vestiré de negro ningún día que haya partido durante el Mundial. Quiero que la Copa se desarrolle de la mejor manera. No voy a manifestarme en contra, porque lo que había que gastar y robar ya fue robado. Si había que protestar, tenía que haberse hecho antes. Yo quiero que quien llegue de afuera vea un Brasil que sabe recibir, que sabe ser gentil. Quiero que quien llegue quiera volver. Quiero ver un Brasil lindo. Mi protesta contra la Copa será en las elecciones. Otra cosa, destruir lo que tenemos hoy no cambiará lo que se hará mañana”.
Sus dichos, reproducidos en numerosas páginas web, desencadenaron comentarios subidos de tono en redes sociales, blogs y medios de comunicación brasileños. En especial la poco feliz frase acerca de “lo que había de ser gastado, robado...”.
Sus palabras no sólo tienen peso por el contexto de protestas, sino también por su cargo: Joana Havelange, de 37 años, madre de dos hijos de 10 y 13 años y licenciada en Administración de Empresas, es la responsable de controlar un presupuesto de unos 88 millones de dólares destinados a la organización del Mundial.
Pero eso no es todo; ella es además la nieta del polémico y todopoderoso ex presidente de la FIFA, João Havelange, e hija del ex presidente de la no menos poderosa Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), Ricardo Teixeira, siendo la tercera generación de esa familia vinculada directamente al mundo del deporte.
Y fue esa relación familiar la que la ubicó, en 2007, en el centro de una polémica pública. Ese año, su padre era funcionario deportivo cuando ella consigue el cargo de directora ejecutiva del Comité Organizador Local de la Copa del Mundo. Todas las voces que se alzaron en su contra señalaban que esa designación respondía a su “abolengo” y no a su capacidad de gerenciamiento. Su sueldo, según diversas fuentes, se calcula en 31 mil dólares mensuales.
En 2012, cuando Teixeira dejó sus cargos y se mudó a Miami, su sucesor, José María Marin, mantuvo a Havelange. Pero un año después, Joana quedó en una situación comprometida: su padre y su abuelo fueran oficialmente acusados por la FIFA de haber recibido sobornos de la empresa de marketing entre 1992 y 2000. Lo cierto es que Joana dice que una vez terminado el Mundial, se dedicará a su familia y a preparar un doctorado ya que no le atrae la gestión deportiva.