El desplome de la venta de carne impulsó el consumo de pollo y cerdo como una alternativa para la mesa de las familias. A medida que avanza la caída del poder adquisitivo, se incrementan las ventas de alitas de pollo, paleta y pata de cerdo.
Por otro lado, el rabo y la pata de cerdo pasaron a ser un capitalizador de ventas ante la crisis.
Las carnicerías ofrecen estos cortes a través de combos atractivos de 2, 3 y hasta 5 kilos buscando una mayoría accesibilidad de los precios, según datos de Cepa.
El consumo de carne aviar se estabilizó en 47,5 kilos por habitante al año superando a la carne vacuna como la proteína más elegida del país.
Si bien la venta de pollo entero y pechuga se mantiene regular, las ventas minoristas de trozado económico creció un 18% interanual.
Los precios de estas piezas varían según la zona, por ejemplo en una carnicería conocida de la ciudad de Buenos Aires se venden tres kilos de paté y muslo por 13 mil pesos, mientras que en supermercados el kilo cuesta 10 mil.
En el sector porcino, el consumo se desplazó hacia los cortes de cuarto delante y las menudencias cuyos costos son menores. Según datos de la Organización de la Asociación Argentina de Productores Porcinos, en el consumo la paleta de cerdo se posicionó como el corte magro más económico.