El 78% de las personas afirma que ya no puede distinguir una imagen creada con inteligencia artificial, de una real. Además, se vive en una era en la que el contenido visual es el principal lenguaje digital, y la I.A. está transformando cómo se producen y consumen.
El uso del celular y redes sociales, multiplicaron el uso de imágenes reduciendo la capacidad crítica de los usuarios. Las plataformas generan millones de imágenes cada trimestre, lo que hace más difícil verificar su origen.
Las imágenes falsas pueden usarse para manipular opiniones o difundir noticias engañosas.
La creación automática plantea dudas sobre propiedad intelectual y uso comercial.
Si la mayoría no puede distinguir la real de la artificial, se erosiona la credibilidad de la fotografía como prueba, como posibles soluciones se evalúa marcar las imágenes generadas por I.A. con meta datos o sellos visibles, enseñar a detectar inconsistencias, como manos deformes, sombras imposibles, fondos irreales, incluso se podrían adoptar detectores automáticos de contenido sintético.
Hay un cambio cultural donde la fotografía ya no es garantía de realidad, y la sociedad deberá aprender nuevas formas de validar lo que ve.