lunes 12 de abril del 2021
SOCIEDAD CRIMEN DE NGELES RAWSON
16-06-2013 15:14

“El cuerpo, entre la basura, parecía un maniquí”, dice un empleado de la Ceamse

Gabino Pistoia fue uno de los que vieron el cadáver de Angeles Rawson en la planta procesadora de José León Suárez.

16-06-2013 15:14

Fría y blanca. El cuerpo, rodeado de basura, parecía un maniquí. El operario corrió los restos de basura y descubrió algo para lo que no estaba preparado: el cadáver de una chica joven. Creyó que era una muñeca de plástico o uno de los tantos animales que se cuelan entre los desperdicios. La tocó y comprobó lo peor. La cinta de separación de residuos manual es casi la última fase del procesamiento de basura de la planta de Tratamiento Mecánico Biológico (TMB) de José León Suárez (ver nota aparte).

El cuerpo sin vida de Ángeles Rawson, de 16 años, traspasó varias etapas antes de llegar a las manos del empleado de la Ceamse: un pulpo gigante encargado de romper las bolsas, una tolva que “filtra” los aparatos que puedan romper el gigante mecanismo, un rodillo con dientes también “rompebolsas” y un gran cilindro que separa la materia orgánica.

“La cinta tres paró cerca de las 11.15. Eran cinco mujeres y cinco hombres los que estaban trabajando en ese puesto cuando encontraron a Ángeles. Todos gritaban y corrían impresionados, algunos lloraban, el operario que la tocó se descompuso. Se desmayó. Se lo llevó la emergencia. Ahora todos están con asistencia psicológica. Ninguno puede dormir”, relata a PERFIL Gabino Pistoia, mientras señala el lugar del hallazgo.

El secretario gremial de la Asociación Gremial de Obreros y Empleados de CEAMSE (Agoec) también quedó impresionado cuando la vio. “El cuerpo estaba golpeado pero entero, con una bolsa en la cabeza. Entre la basura, parecía un maniquí. Estaba vestida, el torso al descubierto porque se le había levantado la camperita que tenía puesta. Recuerdo que las zapatillas eran topper oscuras, quizás por la fricción con la basura. Tenía golpes y fracturas producto del recorrido. La expresión de la cara era de dolor. Es una imagen que nunca se te va de la cabeza”, confiesa Pistoia. ¿Qué sensación queda? “De impotencia, conmoción y tristeza. Yo sé lo que es la pérdida de un hijo y me golpeó aún más”, se sincera.

“Nadie está preparado para vivir algo así. Nunca había pasado. Sí vemos animales de todo tipo, pero una persona...”–continúa– “Si Ángeles ingresaba a la montaña donde los camiones tiran la basura sin discriminar, nunca se hubiera podido encontrar su cuerpo”.

Los investigadores creen que la intención del o de los asesinos era deshacerse del cadáver, pero no contaron con la información suficiente sobre la recolección de residuos.
Al inicio, el foco de las sospechas se dirigieron al seno de la planta ubicada en Colegiales, ubicada al lado del predio donde la adolescente había ido a hacer gimnasia y se despidió de sus compañeras de colegio. El sindicato y la empresa pusieron a disposición de la fiscal Paula Asaro un listado de los trabajadores. “Es imposible que la hayan colocado en uno de los camiones que salen de la planta de Colegiales, la persona tiene que pasar vigilancia, caminar 200 metros y llegar a la tolba donde vuelcan los camiones.

Hay cámaras de seguridad por todo el camino. No tengo dudas que Ángeles fue depositada en un contenedor y la levantó uno de los camiones que no compactan. De la planta de Colegiales, llegó en un camión recolector”, considera Pistoia. Es muy probable que la víctima haya sido trasladada unos 20 kilómetros entre 28 toneladas de basura. “La mayoría de los camiones ingresan de noche, pero llegan durante todo el día. La planta recibe mil toneladas de basura por día”, aclara el gremialista.

Si bien la fiscal Asaro trabaja bajo secreto de sumario, algunos detalles sobre el estado del cuerpo serán claves para esclarecer el hecho. Aparte de la bolsa de supermercado que cubría la cabeza de la joven, todavía quedaban restos de la bolsa de consorcio negra con la que fue tirada a la basura, rota por la acción del mecanismo de la planta de tratamiento. Los pies estaban atados con una cuerda de un centímetro y un hilo plástico. En el cuello, todavía quedaba el hilo sisal que fue estrangulada. Estos materiales son los que los peritos buscaron en la cada de la familia Rawson, del portero Jorge Mangeri y en el sótano del edificio de Ravignani 2360.

La planta de tratamiento volvió a funcionar dos días después del hallazgo del cuerpo de Ángeles. A cinco de desaparición, el crimen sigue sin resolverse, del todo.

En esta Nota