Desde el punto de vista de la salud pública, la muerte del “Indio” Solari puso en primer plano una enfermedad que afecta a cerca de 100 mil personas en el país: el Parkinson.
El músico había revelado años atrás que convivía con este trastorno neurodegenerativo, una patología crónica y progresiva cuya incidencia crece en todo el mundo a medida que aumenta la expectativa de vida.
Aunque suele asociarse principalmente con los temblores, los especialistas advierten que la enfermedad puede comenzar a manifestarse muchos años antes de que aparezcan los síntomas motores más conocidos.
“La lentitud de movimientos, la rigidez y el temblor son los síntomas característicos del Parkinson”, detalló la doctora Graciela Cersosimo, jefa del Programa de Parkinson del Hospital de Clínicas de la UBA.
Sin embargo, aclara que antes de esa etapa pueden presentarse señales menos evidentes: entre ellas se encuentran la pérdida del olfato, la constipación persistente, trastornos de la conducta durante el sueño y cuadros depresivos.
Estos signos pueden preceder durante años a las manifestaciones motoras y, según los especialistas, constituyen una oportunidad para avanzar hacia diagnósticos más tempranos.
“Detectar el Parkinson de manera precoz se traduciría en una mejor calidad de vida, comenzar a realizar actividad física y tratamientos que permitan un mejor desempeño en las actividades diarias”, señala el doctor Ricardo Maiola, integrante del mismo programa.
La enfermedad tiene una presentación heterogénea: no todos los pacientes desarrollan los mismos síntomas ni evolucionan de la misma manera. Por eso, el diagnóstico suele requerir una evaluación clínica especializada y un seguimiento cuidadoso de la evolución de cada caso.
Actualmente no existe un tratamiento definitivo, pero sí múltiples estrategias terapéuticas, que son capaces de controlar los síntomas y preservar la autonomía de las personas durante largos períodos de tiempo.
Los tratamientos farmacológicos continúan siendo la herramienta principal, aunque cada vez cobran más relevancia los abordajes integrales.
En ese contexto, la actividad física ocupa un lugar central y el abordaje kinesiológico cumple un rol clave.