Todavía faltaban unos minutos para las 12. En una gran pantalla, las imágenes de sus hijos y sus nietos, pero cuando Franco Macri creyó haberlo visto todo, apareció en pantalla la bella imagen de una geisha. Con la cara pintada de blanco y sosteniendo una pequeña sombrilla, Nuria Quintela aparece y dice: “Agradezco mucho haberte encontrado en mi camino”. El la abrazó en la oscuridad, le dijo algo al oído. Y ella río.
A esta altura, el lugar que ocupa Nuria en la vida de Franco excede el de ser sólo “su última pareja”. Ella lo sabe. Por eso, esta mujer 47 años menor se ha ganado el mote de ser su “gran compañera de ruta”. Fue ella quien estuvo detrás de los detalles de la organización de esta fiesta. Si bien Franco y Nuria se han encargado de aclarar que ya no están juntos amorosamente hablando, mantienen una relación especial, casi de compañía permanente. Alguna vez el propio Franco lo dijo: “Ella es mis ojos y mis oídos cuando yo no estoy”.
Hija de una peluquera del barrio de Caballito, Nuria conoció a Franco hace diez años. Al menos, oficialmente, desde el 31 de diciembre de 1999 pasó de ser una chica de barrio algo desalineada a vestir ropa de diseño, frecuentar eventos de primera línea y viajar con Franco. Hoy, es la asistente personal de Macri Group, el equipo que Franco armó para desarrollar sus inversiones en China. Nuria, además, se graduó como economista en la Universidad Católica Argentina y estudió mandarín. “Nunca tuvo problemas para meterse de lleno en el clan. Ella es una auténtica heredera”, dicen en el entorno de la familia.