Las personas pronuncian, en promedio, 338 palabras menos por día con cada año que pasa, según un análisis realizado a partir de registros recopilados entre 2005 y 2019. La caída acumulada alcanzó aproximadamente el 28% y fue más pronunciada entre los menores de 25 años, un fenómeno que despertó interrogantes sobre cómo las nuevas tecnologías están transformando la comunicación y los vínculos sociales.
PISA 2025: Argentina obtuvo sus peores resultados en Matemática
La investigación fue desarrollada por los psicólogos Valeria A. Pfeifer, de la Universidad de Misuri–Kansas City, y Matthias R. Mehl, de la Universidad de Arizona. El trabajo, titulado Sliding Into Silence? We Are Speaking 300 Daily Words Fewer Every Year, fue publicado en la revista científica Perspectives on Psychological Science en 2026. La conclusión surgió al relacionar la cantidad estimada de palabras pronunciadas por los participantes con el año en el que habían sido observados.
Cuántas palabras pronunciamos por día
El análisis reunió información de 2.197 participantes, de entre 10 y 94 años, que formaron parte de 22 estudios realizados durante un período de 14 años. La mayoría vivía en Estados Unidos, aunque también se incorporaron personas de México, Australia y distintos países europeos. Los participantes llevaron durante varios días dispositivos capaces de registrar fragmentos del sonido ambiente mientras desarrollaban su vida cotidiana.

Esas grabaciones permitieron obtener una estimación de las palabras dichas en voz alta. El conjunto de datos arrojó un promedio general de 12.792 palabras diarias, por debajo de las 15.959 calculadas mediante el mismo método en una investigación publicada en 2007. Ante esa diferencia, los investigadores comprobaron si existía una tendencia vinculada con el paso del tiempo.
Los resultados mostraron que, entre 2005 y 2019, la cantidad estimada de palabras pronunciadas descendió en promedio 338 por día por cada año transcurrido. El cálculo fue realizado mediante un modelo estadístico bayesiano y presentó un intervalo creíble del 95% de entre 25 y 652 palabras menos. En términos acumulativos, la disminución equivaldría a más de 120.000 palabras menos al año respecto del período anterior.
Los jóvenes registraron la caída más pronunciada
La disminución apareció en los diferentes grupos etarios, pero fue mayor entre los participantes más jóvenes. Las personas menores de 25 años pronunciaron unas 451 palabras menos por día con cada año transcurrido desde 2005, mientras que entre los mayores de esa edad la reducción estimada fue de 314 palabras.
Esto significa que la caída entre los jóvenes resultó aproximadamente un 44% superior. Sin embargo, los autores aclararon que se trata de un dato descriptivo y que la edad, utilizada como indicador indirecto de una mayor exposición a las tecnologías digitales, no explica por sí sola la tendencia general.
Encuesta: solo 5% de los argentinos cree que la educación es el principal problema del país
Aunque el estudio incluyó personas de varios países, la mayoría de los participantes procedía de Estados Unidos. Por esa razón, sus resultados no permiten afirmar que el descenso haya ocurrido de manera idéntica en toda la población mundial ni trasladar automáticamente las cifras a cada país.
¿Los celulares y los mensajes de texto hicieron que hablemos menos?
El período analizado coincide con la expansión de los smartphones, las redes sociales, los correos electrónicos y los mensajes de texto. Sin embargo, la investigación no midió de manera directa el uso de estas herramientas ni demostró que sean las responsables de la reducción de las palabras habladas.
Los autores consideran necesario investigar si parte de las conversaciones orales fue sustituida por intercambios escritos y si esa comunicación digital puede compensar la pérdida del diálogo presencial. También señalaron que podrían intervenir cambios sociales más amplios en la forma de reunirse, trabajar y relacionarse.
El trabajo remoto aparece entre las posibles explicaciones actuales, pero requiere una consideración temporal: los registros estudiados terminan en 2019, antes de la pandemia de coronavirus y de la expansión global del teletrabajo. Por lo tanto, el análisis no permite determinar qué ocurrió con la conversación cotidiana después de los confinamientos ni atribuir la caída observada al trabajo a distancia.
La automatización de distintas actividades también redujo la necesidad de hablar. Comprar mediante una aplicación, pedir comida desde una pantalla, consultar una dirección en el celular o completar un trámite por internet evita pequeños intercambios que antes exigían conversar con empleados, vecinos o desconocidos. Para Pfeifer, es posible que parte de las palabras perdidas corresponda precisamente a esas microconversaciones cotidianas.
Qué podría provocar la reducción de las conversaciones
Hablar no consiste únicamente en emitir palabras. Una conversación en tiempo real obliga al cerebro a recuperar vocabulario, organizar ideas, interpretar las reacciones de otra persona, mantener la atención y formular una respuesta en pocos segundos. Los mensajes escritos, en cambio, pueden releerse, corregirse y responderse sin la misma presión temporal.
Esto llevó a los especialistas consultados por The Washington Post a preguntarse si conversar puede funcionar como una forma cotidiana de estimulación cognitiva. No obstante, la evidencia disponible no demuestra que hablar menos provoque deterioro cerebral ni que usar una pantalla para realizar una compra aumente por sí solo el riesgo de demencia. Se trata de una hipótesis que necesita nuevas investigaciones.
La Rioja suspende clases por la Selección: "La alegría de nuestro pueblo merece ser celebrada"
Los autores sí advierten que la pérdida del diálogo puede relacionarse con un problema social más amplio: la soledad y el debilitamiento de los vínculos humanos. La comunicación oral permite compartir tiempo y atención, dos componentes que no siempre pueden ser reemplazados por una conversación asincrónica a través de una pantalla.
El “Gen Z stare” y las nuevas formas de comunicarse
La investigación volvió a cobrar relevancia por el debate sobre el llamado “Gen Z stare”, una expresión difundida en redes sociales para describir la mirada silenciosa o desconcertada que algunos jóvenes adoptan cuando se espera una respuesta verbal. En TikTok, el comportamiento suele ser representado en escenas de atención al público, aulas o interacciones entre generaciones.
Sin embargo, asociar directamente esa conducta con el estudio sería simplificar el fenómeno. La “mirada de la generación Z” es una categoría surgida en internet, no un diagnóstico psicológico, y puede responder a timidez, ansiedad, diferencias generacionales o desconocimiento de determinadas normas sociales. Tampoco todos los integrantes de una generación se comunican del mismo modo.
El estudio no establece un número ideal de palabras que una persona deba pronunciar cada día. Su principal aporte consiste en registrar un cambio colectivo que, por producirse de forma gradual, puede pasar inadvertido. Para los investigadores, recuperar unas 300 palabras podría equivaler a mantener una breve charla con un compañero de trabajo, saludar a un vecino o responder con mayor detalle cuando alguien pregunta cómo estuvo el día.
LV/fl