SOCIEDAD
Derechos humanos

La Perla: quiénes eran los ocho desaparecidos identificados después de 50 años

Los restos fueron encontrados durante excavaciones en Loma del Torito, en Córdoba. Entre las víctimas hay trabajadores, estudiantes universitarios y militantes sindicales y políticos. Con las nuevas identificaciones, ya son 38 las personas reconocidas en el marco de la investigación.

Centro Clandestino de detención "La Perla" Córdoba
Revelaron las identidades de los individuos cuyos restos fueron recuperados en el antiguo centro de detención La Perla, en Córdoba, Argentina,2026 | AFP

La Justicia Federal de Córdoba confirmó la identidad de ocho personas desaparecidas durante la última dictadura militar, cuyos restos fueron encontrados en las inmediaciones del excentro clandestino de detención La Perla. El anuncio se realizó el viernes 23 de octubre, luego de que el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) completara los estudios antropológicos y genéticos que permitieron reconocer a las víctimas.

Se trata de cuatro mujeres y cuatro hombres que fueron secuestrados durante 1976. Sus restos fueron recuperados en la zona conocida como Loma del Torito, dentro de la Guarnición Militar de La Calera, en el marco de las excavaciones que comenzaron en septiembre de 2025.

Con estos resultados, el número de personas identificadas en el lugar ascendió a 38. La investigación busca reconstruir el destino de quienes fueron secuestrados durante el terrorismo de Estado y permanecieron desaparecidos durante cinco décadas.

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El anuncio estuvo encabezado por el juez federal Miguel Hugo Vaca Narvaja, titular del Juzgado Federal N.º 3 de Córdoba, junto con especialistas que participaron de las tareas de búsqueda e identificación. También estuvieron presentes familiares de las víctimas, que recibieron la confirmación sobre el destino de sus seres queridos antes de la difusión pública de los nombres.

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Quiénes eran las ocho personas identificadas

Las historias de las víctimas permiten reconstruir parte de sus vidas antes de los secuestros. Entre ellas había trabajadores ferroviarios, delegados sindicales, estudiantes universitarios y militantes políticos. Todas fueron secuestradas durante los primeros meses de la última dictadura militar.

Néstor Albino Acosta Ludueña tenía 20 años y trabajaba en el ferrocarril, donde desarrollaba actividad gremial. Fue secuestrado el 16 de junio de 1976 en su casa del barrio Talleres Sud de la ciudad de Córdoba, delante de su madre y sus hermanos. Pascual Delfín Ludueña Leyva tenía 29 años y trabajaba en Fiat Concord. Era delegado sindical y fue secuestrado el 24 de marzo de 1976 en su domicilio del barrio Patricios. También era hincha y socio del club Belgrano de Córdoba.

Claudio Norberto Nardini Lambir tenía 34 años y trabajaba en la empresa láctea SanCor, donde participaba de la actividad sindical. Fue secuestrado el 23 de abril de 1976 en su vivienda, ubicada en el camino a Monte Cristo. Cecilia Alicia Pessina de Ávila tenía 27 años, era psicóloga y militaba en la Organización Comunista Poder Obrero. Fue secuestrada el 14 de agosto de 1976 en su casa del barrio Alto Alberdi, frente a su hija de tres años. Su esposo, Benjamín Ávila Alfaro, había sido asesinado el día anterior.

Mónica Protti de Guillén estudiaba Medicina en la Universidad Nacional de Córdoba y militaba en el Partido Comunista. Fue secuestrada el 21 de septiembre de 1976 junto con su esposo, Enrique Daniel Guillén, quien continúa desaparecido. Mercedes del Valle Ramírez Agüero tenía 22 años, cursaba estudios secundarios y trabajaba en un negocio de venta de lanas. También desarrollaba actividad estudiantil. Fue secuestrada el 3 de julio de 1976.

María Luisa Salto Segovia tenía 20 años y estudiaba Medicina en la Universidad Nacional de Córdoba. Militaba en la Juventud Universitaria Peronista-Montoneros y fue secuestrada el 28 de julio de 1976 en la vía pública. Juan Carlos Soulier Guillén tenía 23 años y estudiaba Ingeniería en Construcciones en la Universidad Tecnológica Nacional. Militaba en los Comandos Populares de Liberación y fue secuestrado el 15 de agosto de 1976 junto con su esposa, Adriana Díaz Ríos, y su hijo de cinco meses, que posteriormente fue recuperado por su familia.

El trabajo forense que permitió las identificaciones

Los restos fueron recuperados durante las excavaciones realizadas en Loma del Torito, un sector de terrenos militares próximo al lugar donde funcionó La Perla. Las tareas incluyeron la búsqueda arqueológica, la recuperación de fragmentos óseos y los posteriores análisis antropológicos y genéticos. El trabajo fue desarrollado por el Equipo Argentino de Antropología Forense junto con el Instituto de Medicina Forense del Poder Judicial de Córdoba y otros especialistas que colaboraron en el relevamiento del terreno y el análisis de las evidencias.

La identificación de restos que permanecieron enterrados durante décadas requiere un procedimiento que combina distintas disciplinas. Los investigadores recuperan y clasifican los fragmentos encontrados, realizan estudios para obtener perfiles genéticos y los cotejan con muestras de familiares de personas desaparecidas. En este caso, las tareas comenzaron en septiembre de 2025 y permitieron avanzar progresivamente en la identificación de las víctimas. Los anuncios realizados durante 2026 elevaron a 38 el número de personas reconocidas a partir de los hallazgos en el predio.

Durante la conferencia de prensa, Vaca Narvaja destacó la importancia de los resultados tanto para las familias como para la investigación judicial. Según explicó, la identificación permite establecer qué ocurrió con personas cuyo destino permaneció desconocido durante 50 años.

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La Perla funcionó entre 1976 y 1978 como uno de los principales centros clandestinos de detención, tortura y exterminio de la última dictadura militar en el interior del país. Estaba ubicado en las afueras de la ciudad de Córdoba, dentro de un predio perteneciente al Ejército. Se estima que entre 2.200 y 2.500 personas pasaron por sus instalaciones. Muchas de ellas continúan desaparecidas.

El centro clandestino operó bajo la órbita del Tercer Cuerpo de Ejército, que estuvo a cargo de Luciano Benjamín Menéndez, uno de los principales responsables de la represión ilegal en Córdoba.

Durante la presentación, familiares de las víctimas compartieron el significado que tiene recuperar los restos y conocer la verdad sobre lo ocurrido. Rosa Miriam Ludueña, sobrina de Pascual Delfín Ludueña, sostuvo que la verdad permite acercarse a la paz y a la justicia, y reivindicó la importancia de mantener viva la memoria de las víctimas. Sebastián Soulier, hijo de Juan Carlos Soulier, también se refirió al impacto de la identificación. “Después de 50 años la tierra nos los empieza a devolver. Son 38 identidades que vuelven a las familias”, expresó. Además, definió el hallazgo como “una caricia al alma”.

Graciela, hermana de Cecilia Pessina de Ávila, relató que no esperaba que los restos de su familiar fueran encontrados en ese lugar. Durante años había pensado que Cecilia había sido enterrada en otro sitio, ya que no contaba con información que la vinculara con La Perla.

La identificación se produjo a partir de un pequeño fragmento óseo correspondiente a un metacarpo de la mano derecha. La mujer se refirió a esa pieza como “el huesito que habla”, porque permitió obtener una prueba concreta sobre el destino de su hermana. Para María Mercedes Santo, hermana de María Luisa Salto, el reconocimiento también abrió la posibilidad de trasladar los restos de su familiar a Cipolletti, donde podría reunirlos con los de otros integrantes de la familia.

CS